Muller: "Los indicadores para medir la pobreza son muy frágiles"
El director del Cespa (FCE-UBA) realizó un estudio sobre la construcción del índice que se elabora en Argentina. Y cuestionó los términos en que esta problemática se discute en la agenda pública

Sábado 16 de Diciembre de 2023

“No es pobreza, no es 40%”. Con ese título, presentó su trabajo sobre las condiciones socioeconómicas en Argentina Alberto Müller, director de la cátedra abierta Plan Fénix en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (FCE-UBA) y director del Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina (Cespa). En el mismo, realiza una crítica sobre cómo se mide la pobreza en la Argentina desde el punto de vista metodológico y la elaboración de ese índice en base a canastas de referencia que presentan mucha “fragilidad“, indicó. Al realizar un análisis sobre la forma de medir estadísticamente este indicador tan sensible, Müller descartó cualquier sospecha sobre un sesgo de intencionalidad en la elaboración de estas mediciones, pero sí apuntó aspectos metodológicos que hacen mella en la robustez de los datos. Incluso describió cómo en otros países se utilizan factores de corrección para ajustar las cifra que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares.

Hace pocas semanas se presentó en la Facultad de Ciencias Económicas el informe elaborado por el Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina (Cespa) de su autoría sobre la medición de la pobreza en Argentina con un análisis crítico sobre cómo se mide en el país. ¿Cuál es el contenido del estudio y las conclusiones que sacan?

El propósito del trabajo es múltiple, hay más de una motivación. La primera es más conceptual y es criticar el uso del término pobreza para este tipo de mediciones. Porque es algo que confunde bastante, no a nivel de los investigadores, pero sí del público. En general, cuando el periodismo difunde la noticia sobre cuánta pobreza hay en la Argentina la ilustra con una foto de un asentamiento precario o de personas cirujeando, una situación que no afecta al 40% de la población sino a un porcentaje más reducido. Yo utilizaría un nombre más técnico. El indicador es el denominado pobreza por ingresos, o sea, personas o familias que no logran un ingreso suficiente para alcanzar cierto estándar de vida que se considera mínimo o deseable. Esto se realiza a través de las encuestas de Gasto de los Hogares, que determinan una Canasta Básica Alimentaria y, a partir de ahí, un coeficiente que se aplica para todos los demás gastos. El dato alimentario es un dato más o menos robusto, porque es producido por expertos en alimentación y establece cuáles son los requerimientos en calorías alimenticias mínimas. Se determina cuáles son los bienes necesarios para cumplir esos requerimientos y cuál es el costo de esa canasta. Esto define lo que se llama línea de indigencia, que también es un mal nombre, pero que puede definirse como el ingreso mínimo para acceder a esos alimentos. El problema es el resto, sobre lo cual no hay una determinación clara. Se hace a través de un tratamiento de las encuestas de gastos. Ahí ocurrió algo raro, porque cuando en 2016 se pasó de la base 1997 a la base 2004, los requerimientos no alimenticios crecieron mucho en relación a los alimenticios. Esto es criticable en más de un aspecto. Pero el punto a tener en cuenta es que este cambio, que debería ser algo más o menos estable, produjo un aumento de 11 puntos de pobreza. Esto lo tiene publicado el Indec, que atribuye esto a un cambio de hábitos. Pero esto quiere decir que la gente es más o menos pobre según las costumbres que tiene. Esa no es la idea que uno tiene de la pobreza, que se entiende como un dato duro, un ingreso mínimo necesario, y no algo que cambia de acuerdo a las costumbres. Esta es una canasta de 2004 que se aplicó en 2016. Desde 1997 al 2004, en siete años, ya tenemos cambio de costumbres, imagínense del 2004 hasta ahora. En realidad no hay forma de realizar una serie histórica.

En el período bajo análisis los gastos alimenticios pierden participación, aunque hubo un incremento muy importante de los precios de los commodities que influye sobre el valor de los alimentos

Los alimentos aumentan de precio entre 1997 y 2004 más que el resto y al mismo tiempo, el ingreso es más bajo. Porque en 2004 todavía estábamos saliendo de todo el pozo de la crisis del 2002 y, en términos per cápita, el ingreso era más bajo todavía. Eso llevaría a pensar que la incidencia de alimentos tendería a aumentar. Y resulta que disminuye. Quiero dejar en claro que no pienso que se haya trabajado mal, pero sí señalar que hay un problema en la construcción de estos indicadores, que son muy frágiles. Es difícil hablar de pobreza, un concepto tan duro, tan presente en la agenda pública, y utilizar un indicador tan frágil. Hay una disparidad muy grande entre el ingreso de las familias que surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y lo que uno supone que tendría que ser el ingreso de las mismas según las cuentas nacionales. Hay mucha diferencia. Casi la mitad. Esto es algo que todo el mundo sabe en el sector. De hecho, técnicamente se dice que la EPH es buena para relevar empleo, pero no es tan buena para relevar ingresos.

¿Y a qué se debe esta esta disparidad?

Me gustaría saberlo. Hay dos razones básicas. Una, la subdeclaración de los encuestados. Otra, una parte de la gente que no está encuestada. Se supone tradicionalmente que los sectores más altos no responden a este tipo de encuestas. Uno no va a la casa de algún rico y famoso para que cuente cuánto ingreso tuvo en su último trimestre, porque no lo va a decir. Ahí hay un tema de omisión. Pero también hay un tema más complicado y es que no todos los hogares encuestados responden a estas preguntas y hay que inferir. Otro tema es que los sectores de bajos ingresos reciben ingresos en especie, por bolsones de alimentos, que no se computan. Es muy posible también que haya subdeclaración por el tema de la pérdida de planes sociales.

Cotejar la EPH con las cuentas nacionales para hacer la medición ¿es algo que se realiza en otros países?

Efectivamente. En el caso de Chile es un procedimiento que se realiza hace mucho tiempo. De hecho, Chile tiene un nivel de pobreza mucho más bajo que la Argentina, alrededor del 10%, en un país que tiene un ingreso no mucho más alto per cápita que el nuestro y tiene una distribución muy desigual del ingreso. De todos modos, ellos tienen programas de transferencias específicas también, pero corrigen la encuesta. Técnicamente hay muchas discusiones. Como corrección del trabajo Yo hice un ejercicio, que es asumir un cierto ingreso para los sectores altos, el sector omitido, que me da poco más del 10% de la población. De ese modo el índice de pobreza bajaba un 25%, es decir pasaba de 40% a 30%. Esto es una demostración de la fragilidad que tiene la medición. No tengo ninguna razón para pensar que el índice está sobrestimado. Estas cosas se conocen bastante en el ambiente técnico y académico. No estoy descubriendo nada con esto. De hecho si Chile lo corrige es porque vieron que había ese problema. El problema es que esto no se explicite más, incluso en la literatura técnica. Estamos hablando de una medición que tiene muchos problemas. A uno le gustaría decir que si el número absoluto no está bien, por lo menos puede servir para trasladar una tendencia, para saber si sube o baja. El problema con esto es que, por un lado, tenemos estas inestabilidades que plantean dificultades para pensar en series largas. Y el nivel deseable de pobreza es cero, decir 40 o decir 20 es una diferencia importante. Yo lo comparo siempre cuando a principios de los 90 hubo un recálculo del Producto Bruto Interno (PBI) que casi se triplicó en dólares de 70 mil a casi 200 mil millones de dólares. Fue una cosa impresionante, pero la vida siguió igual. Ya tenemos bastantes problemas con la pobreza en serio, como para encima complicarnos más con indicadores que no funcionan bien. No creo que a este número actual se haya llegado de una manera intencional ni nada por el estilo. Pero si fuera el Indec, la primera cosa que diría cada vez que publico algunos de estos números es que no están conciliados con la contabilidad social, con las cuentas nacionales.

Usted mencionó en el estudio que el Banco Mundial tiene otra forma de cálculo ¿Hay alguna manera de usar eso o tenerlo en cuenta?

El Banco Mundial calcula un índice que muestra cuánta gente vive con determinada cantidad de dólares por día. Es el indicador de pobreza que utilizan para comparar entre países. No hay canasta de bienes ni nada de eso, simplemente un ingreso que se considera representativo. Lo que yo hice en el trabajo fue comparar el comportamiento de ese índice con el índice local de pobreza, producido por una serie de países de América latina. Y la gran excepción fue la Argentina, porque en los otros países los dos índices más o menos se correlacionan entre sí, con algunas diferencias. Pero en la Argentina nosotros decimos 40% de pobreza y el Banco Mundial dice 10%. Es una diferencia gigantesca. No digo que el BM tenga razón pero me llama mucho la atención eso. Pienso que toda la situación socioeconómica es menos terrible de lo que se ha dicho, sobre todo en tiempos electorales. Hay un dato importante, que es que el desempleo es muy bajo en el país. Es verdad que hay mucho de empleo precario, autoinventado. Pero bien o mal hay una respuesta a la inserción laboral y eso es muy importante. Hay sectores que tienen dificultad para retener a la gente. Obviamente todo esto no quiere decir que no haya pobreza, que no haya problemas de exclusión, eso no nadie lo puede negar.

La gran incertidumbre es que al problema de inflación se le sume el desempleo.

Exactamente, esperemos que no sea algo muy fuerte. Igual el nivel de actividad se fue estancando a lo largo de este año. No tiene el nivel de vigor que tenía el año pasado. Incluso el sector de la construcción está bastante más bajo en ritmo de actividad de lo que estuvo en los últimos años. Pero efectivamente, la expectativa es que por el tema inflacionario haya una política de ajuste muy fuerte. Es cierto que la inflación es un problema difícil. Es un tema donde todo el mundo sabe qué es lo que hay que hacer, menos los que están en el gobierno. Todos saben cómo resolverla y consideran que un gobierno cuando no lo hace es porque le falta coraje político. Hay un gran equivoco, porque la inflación es un problema que puede tener varias razones, como decía el ex ministro (Martín) Guzmán, es un tema multicausal. Pero resulta que el único que tiene que ocuparse de eso es el gobierno. Ahora, si uno tiene empresas pujando para posicionarse en precios relativos, que es lo que empuja en buena medida la inflación _esto es el miedo de las empresas a perder posiciones y pare el aumento general de precios y queden desfasados y por las dudas remarcan_ el gobierno no puede hacer demasiado.