Misión reservas: fortalecer al Central para frenar la inflación
Las reservas netas del país se encuentran en aproximadamente 2 mil millones de dólares, y en caída desde el 2017. Para frenar la inflación será imperioso robustecer el Central

Jueves 11 de Agosto de 2022

El Indec reveló el dato de la inflación de julio (7.4 %, mientras que uno la inflación supermercados de los Institutos de economistas -el CESO- publicó un 9.4 %) por lo que volvemos a preguntarnos: ¿por qué la falta de dólares amenaza con acentuar el proceso inflacionario?

La escasez de divisas no es un tema novedoso, data desde más tiempo del que nos gustaría aceptar. Argentina y el dólar protagonizan una novela itinerante que va cambiando de sustancia según el periodo histórico en que la dramaturgia se desata. ¿Cómo estamos hoy?

El billete norteamericano, como si fuese un brujo que provee lo inalcanzable, tiene bajo hechizo a la sociedad argentina. El conjuro funciona porque sus propiedades son palpables y depende de una gran cantidad de factores, pero no hay duda que la potencia de su influencia se encuentra en que la acumulación de divisas en el sector público permite ampliar los niveles de consumo y preservar el valor de los ingresos.

El nivel de reservas brutas en las arcas del BCRA, según el último informe de la entidad, alcanza los 37.155 millones de dólares. Vale aclarar que las reservas brutas de la Argentina se componen del swap de monedas con China, oro, liquidez de depósitos en dólares, préstamos del Banco Internacional de Pagos y Garantía de los depósitos en dólares administrada por Sedesa EDESA y los Derechos Especiales de Giro provistos por el FMI.

El número haría calmar todas las alarmas si fuera una nominalidad que describa a las reservas netas. Pero no lo es. Las reservas netas se encuentran alrededor de 2 mil millones de dólares y es con ellas que el banco de bancos puede operar de forma directa sobre las variables económicas, el nivel de reservas netas nos habla del poder de fuego de la banca estatal. Aun así, el banco dispone de otros 35.155 millones de dólares que puede convertir en poder de fuego si así lo desea, pero recurrir a aquello no sería recomendable en un contexto en que las expectativas están apenas construyéndose.

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A lo largo de la historia, la posesión del oro y plata, primero, y de dinero después, se configuró como una de las grandes bases de sustentación del poder, cualquiera sea el caso (personal, comunitario, feudal, provincial o nacional). Si ese individuo o sociedad tiene la intención de adquirir a los catalogados hoy como bienes o servicios, el dinero se constituye en la herramienta principal para dicha apropiación.

La moneda del comercio mundial, por el momento, es el dólar estadounidense, todas las ventas, las compras y los préstamos que se realizan a nivel internacional, al menos en occidente, se realizan con el citado billete. Es decir, un país necesita dólares para operar en el concierto mundial y puede obtenerlo, principalmente, por dos caminos: vendiendo productos al resto del mundo (productos agrícolas, industriales, servicios) o mediante la toma de crédito de privados u organismos internacionales.

Eliminamos por el momento las generalidades para situarnos en nuestro país. Argentina ha atravesado innumerables crisis originadas por el descalce entre pesos y dólares. Para echar mano al recuerdo colectivo más cercano, la crisis de convertibilidad de los tempranos años del nuevo siglo se desata ante la falta de financiamiento externo. La extensión de la convertibilidad por 10 años produjo un desincentivo a la producción y elaboración de bienes de tal magnitud que sobre finales de los 90 el desenvolvimiento de la actividad económica local solo respiraba gracias al oxígeno artificial del crédito externo. Cuando el aire financiero se agotó, el descalabro político, económico y social se hizo presente.

El proceso sistemático de desindustrialización comenzada en la década de los 70, y agudizada en los 90 mostró su peor cara en la crisis terminal del neoliberalismo, donde la escasez de moneda dura volvía a brillar en su carácter estructural.

La emergencia financiera acaecida en 2018, desembocó en el acuerdo “express” firmado con el FMI por 44 mil millones de dólares. Las arcas en rojo del BCRA recibieron un salvavidas desesperado, pero el material de auxilio estaba forjado en cemento, la promesa de repago comprometía desembolsos insostenibles e inalcanzables sin un estallido social para Argentina. El objetivo del gobierno entonces en ascenso fue aumentar las reservas y gestionar el repago al organismo con sede en Washington.

La pandemia de Covid 19 obligó a que el descalce de pesos y dólares aumentará, el sostenimiento de la actividad privada así lo exigía, ya que se necesitaba enfrentar los parates fabriles y comerciales con emisión para que las entidades privadas pudieran seguir funcionando. Es por ello, que el tejido productivo del país, si bien detenido, conservó su capacidad de respuesta a la espera de que la superación del escollo mundial permita retomar la actividad. El rebote económico de la pos-pandemia encuentra aquí una de sus fuentes.

De acá para adelante

El balance comercial argentino nos muestra que en el último periodo la entrada de dólares al Banco Central Argentino fue muy superior a la salida de los mismos.

Si ponemos la lupa en lo sucedido en el último semestre, el superávit comercial llegó a 3.093 millones de dólares. Debido al bajo poder adquisitivo de los consumidores argentinos, el crecimiento económico registrado no presiona sobre las importaciones, el contraste que esto supone con el alto precio de los productos agropecuarios de exportaciones, lo que posibilitan la buena performance externa. Esta solo se ve resentida por el aumento de los precios de la energía que encuentra su explicación en las consecuencias del conflicto europeo actual.

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De mantenerse esta tendencia y con el gasoducto Néstor Kirchner operando, el aumento de las reservas de la banca central permitiría un mejor nivel de vida para la población motorizada por un fortalecimiento monetario. Resulta obvio que sin mediar un plan estatal para el reperfilamiento productivo que permita disminuir el contenido importado de los consumos locales y a su vez posibilite que nuevos sectores de nuestra economía comienzan o aumenten sus cantidades exportadas, la revalorización de la moneda implicaría un aumento de las importaciones que nos lleven de nuevo a una situación de escasez de divisas.

El robustecimiento de las arcas del BCRA evitaría una eventual devaluación y permitiría disminuir el ritmo inflacionario que estamos transitando. La disminución de los niveles inflacionarios resulta fundamental para operar sobre otros de los problemas argentinos, la demanda de dólares por el ciudadano de a pie como herramienta para conservar su poder adquisitivo. Como explica Eduardo Crespo “en economías con elevados niveles de inflación y tasas de interés reducidas los actores privados se hacen de una riqueza efímera de la que deben deshacerse con urgencia, porque su valor se evapora con el paso de los días. No tienen más remedio que desprenderse lo antes posible de la moneda en cuestión adquiriendo otros activos, como dólares, porque en la práctica dicha moneda funciona apenas como un vale de compras de duración limitada. El déficit fiscal en este caso se vuelca a la adquisición de activos externos. Los pesos que salen por una ventanilla no son retenidos por el sector privado, sino que entran por la ventanilla de las reservas internacionales y alimentan la devaluación subsiguiente”.

Referentes del gobierno explican que la falta de dólares es coyuntural. Sostienen que de mantenerse las cifras de liquidación récord del sector agropecuario más la finalización del gasoducto “Nestor Kirchner” y las esperadas inversiones mineras serían motivo suficiente para que el músculo verde del BCRA, crezca. Aun así, es crucial eliminar el proceso inflacionario para evitar que los sectores privados demandan un producto que la Argentina no produce y que le cuesta cada vez más caro.

Es por ello que los accionistas mayoritarios del Frente de Todos acordaron pergeñar el nuevo superministerio y al que algunos llaman, no en vano, el Ministerio del Dólar.