"Este premio es un reconocimiento a la construcción de un legado en el tiempo"

Nicolás Campodónico recibió el premio Konex y se convirtió en el tercer arquitecto rosarino que consigue ese logro, luego de Rafael Iglesia (2002) y Gerardo Caballero (2012)

Domingo 17 de Julio de 2022

El arquitecto rosarino Nicolás Campodónico fue reconocido con el diploma al mérito por la Fundación Konex, una prestigiosa entidad cultural que este año distingue a las 100 personalidades más destacadas de la última década de las actividades relacionadas a las Artes Visuales en nuestro país, que en 2002 premió a Rafael Iglesia y en 2012 a Gerardo Caballero (lo recibió junto a Maite Fernández), figuras referenciales entre los profesionales locales.

El destacado arquitecto que puso su firma a numerosos proyectos residenciales y a una capilla, la San Bernardo (2015 en La Playosa, Córdoba), aún tiene una "cuenta pendiente": desarrollar una obra pública. "Me gustaría hacer una obra pública, que pueda ser utilizada por todo el mundo. Cualquier obra con esas características, una plaza, un museo, o un centro vecinal. Creo que la obra pública saca lo mejor de esta profesión", explicó.

Para Campodónico, “la arquitectura rosarina es una forma de trabajar, es darse tiempo para analizar, para reflexionar, es una manera muy particular de pensar y hacer la arquitectura. Evidentemente, hay un legado que se mantiene y este premio Konex es un reconocimiento a esa construcción en el tiempo”, se encargó de resaltar.

El profesional admitió que Iglesia y Caballero continúan representando instancias renovadoras de inspiración para seguir extendiendo su recorrido disciplinar. “Yo, en ese grupo de referentes también sumo a Marcelo Villafañe, y debo reconocer que todavía sigo aprendiendo de todos ellos. Cuando me trabo con algo, siempre pienso qué harían ellos en este momento. Y siempre me sirven como clara indicación. Yo los sigo admirando y siento que me ayudan a crecer como profesional, desde ese posicionamiento”.

Profundizando en los rasgos de esa caudalosa herencia, subrayó que “en la arquitectura rosarina existe una forma de trabajar muy particular, que se toma su tiempo para pensar en el proyecto, para volcarlo en el análisis y la reflexión, y también para dar respuestas elaboradas desde la arquitectura a los desafíos y las problemáticas que rodean a esta profesión”.

Sin embargo, advirtió que no se trata de una escuela. “No es una escuela porque ese encuadre generalmente está marcado por una estética que lo vuelve un producto reconocible. En Rosario, los productos finales no son tan similares”, puntualizó Campodónico.

Y explicó su punto de vista: “La obra de Rafael Iglesia es muy distinta a la del Negro Villafañe, y sin embargo los dos son profundamente rosarinos. Lo mismo pasa con la obra de Caballero, o la de Scrimaglio, o la de Pantarotto. Lo que sí se advierte es que hay un tiempo puesto a disposición del proyecto. Eso deriva en una arquitectura que es reconocible de esa manera. Claramente, hay un legado que se mantiene y siento que este premio Konex es un reconocimiento a esa construcción en el tiempo”.

En este tramo de la entrevista, Campodónico se emocionó aún más cuando recordó a Marcelo Villafañe (falleció en enero de este año). “Después de que me enteré del premio Konex, también pensé mucho en el Negro. Si había alguien a quien quería contarle todo esto que me está pasando, es a él. Lamentablemente no pude. Hubiese dado cualquier cosa por contárselo”.

Y confió: “Esa ausencia me atraviesa de modo cotidiano, y no tengo dudas de que en esta línea de legado de los premios Konex falta él, que pudo haber figurado en muchas categorías por sus amplias cualidades de artista”.

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Un premio prestigioso

Campodónico es un destacado profesional que estableció su estudio en la ciudad en 2000, desde 1998 es docente en la UNR y fue vicepresidente de la sede local del Colegio de Arquitectos En esta oportunidad, fue distinguido con el diploma al mérito de los premios Konex, que en esta edición está dirigida a 21 categorías de las Artes Visuales.

Junto a este arquitecto rosarino, un numeroso jurado encabezado por el artista Luis Felipe Noé eligió en arquitectura a los estudios Bares-Bares-Bares-Schnack (La Plata); del Puerto-Sardin (Buenos Aires); Monoblock (Buenos Aires); y RDR Arquitectos / Richter- Dahl Rocha (Buenos Aires - Laussane, Suiza).

Esos seleccionados ya fueron premiados con diplomas al mérito por sus aportes al campo de las artes en la última década, y en una gala de septiembre competirán por el Konex de Platino en cada una de sus disciplinas. Y, entre esos, se seleccionará en noviembre a la figura de la década, quien obtendrá el Konex de Brillante, máximo galardón que otorga la prestigiosa Fundación Konex.

En 2012, en Artes Visuales ganaron el Brillante León Ferrari y César Pelli. Y en otras categorías también lo obtuvieron Juan Manuel Fangio, Diego Maradona, Lionel Messi, Emanuel Ginóbili, Alfredo Alcón, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Martha Argerich, Daniel Barenboim, Atahualpa Yupanqui, René Favaloro, Hermenegildo Sábat, entre otros.

Vale recordar que entre las obras destacadas de Campodónico figuran: Capilla San Bernardo (2015 en La Playosa, Córdoba), Casas Marabajo (2006 en La Pedrera, Uruguay), Edificio Maipú (2011 en Rosario), Casa M&P (2019 en Rosario) y Casa T&G (2014 - Rosario).

_¿Cómo te enteraste del premio?

_Primero, me sorprendió mucho. Porque este es un premio al que uno no se postula. Hay un grupo de jurados que elige y eso le otorga otra validez. Yo no me imaginaba nada. Me enteré a través de un mensaje de Luis Ovsejevich, que es el presidente de la Fundación Konex. Después me llamó, hablamos un poco más y me contó sobre el premio. Yo le dije que admiraba mucho a arquitectos de acá (Iglesia y Caballero) que ya lo habían recibido. Y ahí me contó que este año se enfocaban nuevamente en Artes Visuales y que el jurado había decidido premiarme. Me quedé mudo, sin palabras. Y creo que todavía no termino de caer.

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_¿Qué te representa en lo profesional?

_Para mí es un honor enorme. No sé cómo legué hasta acá. Yo me siento todavía de 23 años y que hace poco salí de la facultad de arquitectura. La verdad es que yo pensaba que esto me podía llegar a pasar dentro de 30 o 40 años… (risas) Estar entre los cinco diplomas al mérito ya es un premio en sí mismo. Además, los otros distinguidos son cuatro estudios, y el mío es el único que es unipersonal. Eso me hace sentir más orgullo todavía. Y estar reconocido junto al estudio de Ignacio Dal Rocha, a quien también admiro mucho me representa una satisfacción mayor todavía.

_¿Qué creés que advirtieron los jurados en tu trabajo?

_No lo sé. Creo que en mi trabajo hay una cierta coherencia, una línea argumental, hay como un guión. Desde mis inicios, tuve la suerte de sentirme conmovido por algunos aspectos de la arquitectura que después resultaron cuestiones atemporales. Hay obras de mis comienzos, que aún hoy sigo mostrando, por su nivel de síntesis. En ese momento las hice en forma inconsciente, y ahora las veo totalmente conectadas. Nunca me interesó estar arriba de la ola de las modas. Tampoco estuve pendiente de los premios como indicadores. Solo traté de seguir haciendo lo que creía que tenía que hacer en ese momento.

_Rafael Iglesia tenía una relación tormentosa con el éxito y repetía que todo le llegó 10 años después. ¿En qué momento te toman estos premios?

_En este momento soy muy consciente de que lo realmente importante es la familia, los afectos, el poder compartir tu vida, tu trabajo, tu profesión, con gente valiosa y que te sume. Con este premio, me siento muy emocionado y feliz, pero no es más que un reconocimiento a una forma de trabajar. Con casi 50 años, no lo tomo como una presión o una responsabilidad o una obligación de seguir mejorando. Sigo sintiendo que puedo trabajar con la misma inquietud y la misma intensidad, y ese es mi motor.

_En tu trayecto profesional pudiste construir hasta una capilla, ¿qué obra te gustaría hacer?

_Me gustaría hacer una obra pública, una obra que pueda ser utilizada por todo el mundo. Cualquier obra con esas características, una plaza, un museo, o un centro vecinal. En este país, la obra pública no se concursa lo suficiente. Hay pocas oportunidades. Creo que la obra pública saca lo mejor de esta profesión. Es una dimensión en que la arquitectura puede hacer mucho por la ciudad y por las personas. Es una cuenta pendiente que hasta ahora no pude cumplir porque los concursos que gané no se construyeron, pero siento que todavía lo puedo lograr.

_¿Te irías de Rosario?

_Me pone muy triste la violencia que atraviesa todos los días esta ciudad, y creo todos como sociedad, cada uno desde su rol, hemos permitido que se desarrolle y se derrame. Pero me encanta vivir acá y no me imagino viviendo o trabajando en otro lugar.