Viernes 02 de Junio de 2023
“La pedagogía tiene hoy más en cuenta que nunca los factores sociales y económicos. El pedagogo moderno sabe perfectamente que la educación no es una mera cuestión de escuela y métodos didácticos. El medio económico social condiciona inexorablemente la labor del maestro”. La frase es de José Carlos Mariátegui, quizás uno de los pensadores más originales de Latinoamérica del siglo XX. Periodista, escritor y ensayista peruano, era apodado el Amauta, tal como se conocía a los maestros y sabios del imperio incaico. Amauta también se llamó a la revista cultural que fundó a mediados de la década del 20. Un libro de reciente aparición revisita su obra y recoge sus aportes con foco en el ámbito educativo.
El pensamiento de Mariátegui. Cambio social y educación en nuestra América es el nombre del libro de Juan Pablo Casiello, profesor en lengua y literatura y actual secretario general de Amsafé Rosario. La obra se presentará el próximo martes 6 de junio a las 18.30 en el salón de actos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Un texto que se propone recuperar el pensamiento del amauta “desde una mirada crítica, más que desde el homenaje o la apología”.
—¿Cómo fue tu primer acercamiento a la obra de Mariátegui?
—Yo llego a él en la Facultad, por una profesora de literatura iberoamericana 1. A ella le interesaba Mariátegui y ahí conocí los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, que para mí fue bastante sorprendente, por su escritura muy particular y su manera de mirar la realidad. Me gustó mucho. Después entré en una militancia más dura en el MAS —Movimiento al Socialismo—, donde encuentro que Mariátegui no tenía nada que ver con eso. Y lo recuperé en 2001, ya buscando otros espacios y reflexiones, con la necesidad de repensar algunas ideas de izquierda desde otro lugar. Ahí conocí un libro de Miguel Mazzeo que se llama Mariátegui, invitación al descubrimiento y efectivamente para mí fue recuperar una reflexión que ya había visto en aquella lectura de Siete ensayos, pero acá Mazzeo proponía una mirada un poquito más general de la estructura de este autor. Después en la facultad, en un seminario sobre literatura del Caribe me encontré con el pensamiento decolonial, donde aparecía una crítica al marxismo por eurocentrista, pero a la vez una fuerte reivindicación de Mariátegui. Ahí también conocí todos sus trabajos sobre la educación.
—Si bien en los Siete ensayos ya hay reflexiones sobre educación y la Reforma 18.
—Sí, hay un capítulo extenso que es justamente sobre la educación, donde hace un repaso del proceso educativo en el Perú y analiza la actualidad de la educación en ese país. Pero después hay una cantidad de textos que se compilaron, que son bien específicos sobre educación.
—¿Qué implica recuperarlo, no desde el homenaje sino en diálogo con el presente?
—Sí, la segunda parte del libro es bien específica sobre educación. Y fue mi directora de tesina, quien me recomendó profundizar la reflexión desde mi práctica educativa, desde el sindicato, la lucha política actual. Ahí nace este intento de aportar una reflexión con una mirada de lo que está pasando acá, qué decía él de los sindicatos y de los docentes y qué pasa hoy con estos actores, o qué decía de la universidad y la escuela pública y qué pasa hoy en esos ámbitos. Obviamente hay cosas que ya quedaron viejas y cosas que a mi entender se equivocó. Era un tipo muy reflexivo y crítico, que no le gustaba repetir verdades absolutas, sino todo lo contrario. Bueno, intentando ser fiel en eso, trato de hacer alguna reflexión crítica.
—¿Me contás de alguna reflexión de él donde veas mucha actualidad?
—Primero, cuando decía que no hay transformación educativa aislada, que no tenga que ver con transformaciones profundas de la sociedad. Eso me parece que es un dato, porque permanentemente los que estamos en el sistema educativo —y en cierto sentido común de la gente— vemos esta idea del optimismo pedagógico. Y como contracara de eso, decir que Mariátegui no era un reproductivista, no decía “no va a haber ninguna transformación educativa hasta que no transformemos la sociedad”. No, él claramente ubica a la educación como un lugar clave en esa transformación. Pensar a la educación, al docente y a los sindicatos como parte de una transformación integral de una sociedad me parece que es un elemento sin duda a recuperar con fuerza. Después por supuesto, aparece una pintura de la educación absolutamente actual, porque pese a que la educación en el Perú era muy distinta a la de ahora, tenía realidades similares al presente: era segmentada y clasista, con presupuestos insuficientes y docentes que trabajaban en malas condiciones por salarios miserables.
—Incluso en el libro citás cuando Mariátegui acusa al Estado de condenar a sus maestros “a una perenne estrechez económica”.
—Eso tiene absoluta vigencia, por eso digo que me parece que el ejercicio interesante es ver cómo el sistema educativo de ese Perú atrasadísimo de comienzos de siglo pasado es muy distinto a este y a la vez qué parecido es, ver cuántas marcas de aquella realidad están presentes hoy. Otra cosa interesante es que Mariátegui insiste mucho en apostar a sistemas educativos que tengan mucha autonomía, que estén gobernados por los propios docentes o por la comunidad. Eso es algo que hemos perdido. Creo que a veces nosotros tenemos una actitud hacia las transformaciones educativas —como docentes o desde los sindicatos— de ser sujetos críticos e impugnar modelos educativos que nos imponen desde el poder, pero poca capacidad para construir modelos alternativos y de pensarnos como sujetos de esos modelos. Mariátegui insiste mucho en eso y toma experiencias de distintos lugares, muy valiosas de docentes y organizaciones docentes haciéndose cargo de esas transformaciones. Me parece que hay mucho para aprender de ahí para apropiarnos.
—Para aquel docente que no esté familiarizado con la obra de Mariátegui, ¿Por dónde le recomendás comenzar?
—Mirá, yo arrancaría con dos: uno es los Siete ensayos, una producción integra apasionante. Y en eso quiero insistir en un aspecto, que es la escritura de Mariátegui. También es interesante ver lo que él aprendió en el periodismo, porque como docente y militante, mi obsesión es llegar con una escritura que sea clara, que permita llegar a un público lo más amplio posible. Y sin dudas que la escritura de Mariátegui es válida en ese sentido. Y además de los Siete ensayos, para cualquiera de los que estamos en la educación la compilación Temas de educación, que son una veintena de textos periodísticos muy agudos que ayudan para conocer la historia y reflexionar el presente. Son textos sencillos que se publicaron en Amauta y en diarios o semanarios para un público general, y me parece que para cualquier docente que quiera reflexionar sobre nuestra realidad en la educación y cómo transformarla es un aporte importante.