Los exámenes que esperan a Massa en su segundo trimestre
Tras la tregua lograda en sus primeros tres meses al frente de Economía, el ministro deberá atravesar un fin de año áspero. El peso de la sequía

Domingo 13 de Noviembre de 2022

Con pelota dominada parecía salir del área el ministro de Economía, Sergio Massa, a tres meses de haber asumido tras la crisis política y cambiaria de mitad de año. El dólar soja, la liberación de créditos de organismos internacionales y la renovación de votos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) le dieron herramientas para calmar la corrida. El respaldo político del oficialismo lo blindó de la inestabilidad que acabó con el ciclo de Martín Guzmán. Y hasta pudo mostrar en septiembre una inflación menor a la que asumió, que de todos modos era dos puntos más alta a la que había antes del temblor.

Esa pax enfrenta ahora su primera prueba de estrés. Las principales empresas fabricantes y comercializadoras de productos de consumo masivo se cubrieron del acuerdo de precios que impulsa el ministro con una nueva ola de aumentos en las primeras semanas de noviembre. La deuda pública en pesos se hace más difícil de renovar. En octubre, el Banco Central tuvo que comprar por $ 150 mil millones en el mercado secundario. El Censo de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) apuntó que el financiamiento neto del Tesoro en cada licitación bajó del orden del 30% ó 40% al 10%. Y las reservas, luego de acumular u$s 6 mil millones por el tipo de cambio diferencial al sector sojero, comienzan a experimentar el goteo que se esperaba hasta la próxima cosecha.

Y es acá donde aparece la variable negativa que menos estaba en el radar del Palacio de Hacienda. Ese puente está roto y será más largo. La cosecha de trigo pierde 10 millones de toneladas respecto de la campaña pasada, lo que significa que el BCRA no contará con ese aguinaldo para las reservas y que los precios de productos básicos se verán presionados por el ajuste en los stocks.

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Pero el daño ocasionado por la tercera Niña consecutiva puede ser mayor ya que compromete la siembra de los granos gruesos. Ya el maíz temprano pasó de largo y la soja de primera arranca con muchas dudas. Los riesgos se multiplican. Los cultivos de verano aportan el grueso de las divisas y, además, son insumos, sobre todo el maíz, de un conjunto difundido de industrias de segundo piso, como la carne, que también podrían ser tensionados en sus precios. Y, por si fuera poco, generan una actividad económica que podría frenarse bruscamente.

La actividad

El impacto de la sequía sobre la actividad económica general es un riesgo sensible. Es que, por más que se trate del dato más ninguneado tanto por la oposición como por el grueso del oficialismo, el crecimiento del PBI es la diferencia más clara a favor que la gestión económica de Alberto Fernández tiene respecto de la de Mauricio Macri. Tras haber caído tres de cuatro años entre 2016 y 2019, la economía completará este año su segundo período consecutivo de expansión. Una secuencia que no se registra desde hace una década. Y ello, acompañado por una recuperación de la inversión y la reducción del desempleo.

El juego de la política le bajó el precio a este crecimiento y, paradójicamente, le otorgó a Massa un pasaporte para ponerle un freno sin recibir reproche ninguno desde su coalición de gobierno. El ministro y su equipo se ilusionan con que el ajuste fiscal en marcha (el gasto acumulado en diez meses de la administración pública mostró una caída real en octubre) enfríe la actividad y modere la inflación. Aunque esto no ocurrió en 2018 y 2019, cuando se llevó adelante el último ensayo, el nuevo hombre fuerte del gobierno está dispuesto a reincidir. Sobre todo, porque es el precio del respaldo del FMI frente a nuevas corridas.

Por ahora, la inflación resiste. Según las consultoras privadas, el índice oficial de octubre rebotará en relación en septiembre. Los datos de la CBA de Rosario (9,5%) son un anticipo poco alentador. Y el seguimiento semanal que realiza el Ceso sobre los precios de los supermercados marca un complicado inicio de noviembre.

En cambio, la actividad económica, cierto que más tarde de lo esperado y/o deseado por muchos think tank de economistas, comienza a mostrar números más modestos de crecimiento, cuando no directamente preocupantes bajas. La industria y la construcción mostraron en septiembre subas interanuales pero contracciones mensuales, las ventas minoristas estimadas por Came apilan cuatro meses consecutivos de caída y el empleo privado registrado subió apenas 0,1% mensual en agosto, según el Centro de Economía Política Argentina (Cepa).

En esta nueva etapa, Massa cuenta con algunos activos relevantes. Por empezar, no hay sectores políticos importantes del oficialismo militando activamente por su fracaso. Su empatía con lobbies empresarios y políticos conservadores le da aire para traducir la presión por un plan de estabilización convencional en una suerte de paritaria con los dueños de los dólares, bonos o cuotas de mercado de consumo masivo. La guía es la misma, pero el camino es el de evitar saltos bruscos.

Para el resto, que numéricamente es mayoría, salen sumas fijas o bonos y la administración de la negociación salarial a porcentaje. Instrumentos ya presentes en la actual gestión de gobierno, pero que ahora tienen otra carnadura política.