Literatura infantil con historias ancladas en el propio territorio
Gustavo Ríos es el autor de "Mundo fabulaso". Nueve fábulas y un ensayo que abordan la problemática ambiental e invitan a conocer el país.

Viernes 07 de Octubre de 2022

“Me pensé en mi «yo niño» que estaba manifestándose en todas estas historias”, cuenta el escritor Gustavo Ríos y reconoce que sus reiteradas lecturas de Cuentos de la selva de Horacio Quiroga germinaron, aun sin imaginarlo, en Mundo fabulaso, su primer libro de literatura infantil.

Ríos es licenciado en comunicación social, escribió para la revista Humor, La Nación y medios gráficos del Gran Buenos Aires. Actualmente se dedica a la comunicación institucional en la Televisión Pública y aunque su profesión lo llevó sistemáticamente por el camino de la escritura, se dio el lujo de marcar una diferencia con la publicación de Mundo fabulaso, su primer libro de cuentos para chicos y chicas.

La obra publicada por el Grupo Editorial Sur ofrece una selección de nueve fábulas y un ensayo, con ilustraciones de Maite Ríos. “Las ilustraciones las hizo mi hija, que es estudiante de arte, elaboramos muchas ideas juntos porque queríamos que las ilustraciones no sean condicionantes de la imaginación del lector, así que nos pusimos a explorar”, cuenta el escritor.

En Mundo fabulaso, sapos, hormigas, lechuzas y serpientes son los protagonistas de historias enraizadas en el propio territorio, que invitan a ser exploradas. “En este libro pensé ofrecer una propuesta literaria múltiple, que sea divertida, que aborde la temática ambiental y que además incluya un recorrido por el país, sus hábitat y su fauna”, dice Ríos, que en una charla con La Capital cuenta sobre la producción de su primera obra literaria para las infancias, donde brinda un mix de literatura, reflexión sobre el medio ambiente y una invitación a conocer para amar lo propio.

—Aunque tu actividad te vinculó permanente con la escritura, Mundo fabulaso es tu primer libro de cuentos. ¿Qué fue lo que te condujo a la literatura infantil?

—Soy medio arriesgado e intrépido para algunas cosas. Estaba escribiendo otros cuentos, no para niños, a los que todavía les sigo dando vueltas y corrigiendo cosas. Había hecho una serie que presenté en un concurso y cuando la terminé quise despegarme un poco de todas esas historias y personajes. En esa pequeña tregua, un día me surgió la idea de hacer el cuento de las hormigas y me gustó, me resultó divertido y lo puse a prueba con algunos niños de mi familia. Mientras mis sobrinas se tomaban tiempo para leerlo me surgieron otras ideas, como la del cuento de los pingüinos punk. En este libro pensé ofrecer una propuesta literaria múltiple, que fuera divertida, que abordara la temática ambiental pero sin un consignismo vacío, sino asociado a la historia que se estaba contando y que además incluyera un recorrido por el país, por sus hábitat y su fauna. Me pensé en mi “yo niño” que estaba manifestándose en todas esas historias, me crié mirando documentales sobre Europa o lugares que no nos pertenecían. Hay algo que me llamó la atención enseguida, es que desde muy chico leí los Cuentos de la selva de Horacio Quiroga y dije “este es el camino”. Ahí es cuando se dio esta triple propuesta de literatura, reflexión sobre el medio ambiente y conocernos. Cuando hice la presentación del libro decía: “No se puede amar aquello que no se conoce”. La idea es trabajar en algo que sea entretenido pero que no sea vacío, sino que despierte.

—Que uno de tus referentes en la infancia haya sido Horacio Quiroga, ¿explica que tu primer libro para niños sea de fábulas?

—Lo leí muchísimas veces porque no teníamos tablet. Creo que de algún modo esos cuentos volvieron a mí, pero te puedo asegurar que yo no estaba escribiendo nada que tuviera que ver con animales que hablan (risas).

—Evidentemente Horacio Quiroga había quedado en vos.

—Tal cual, quedó en mí. Y también creo que hubo algo muy lúdico. Siempre digo que este libro es un sueño que yo no había soñado. Empecé jugando, por ejemplo con el nombre del libro... Mundo fabulaso. En un momento me surgió jugar con fábulas y lo fabuloso. En febrero de 2021 estaba trabajando a todo vapor con el último de los cuentos que habla de los incendios forestales y cuando lo terminé sentí “tengo un libro”.

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—En estos cuentos hay también un rescate de historias, personajes y lenguajes que tienen que ver con identidades locales. ¿Tuviste un interés especial en ofrecer una literatura enraizada, que hable de lo propio?

—Sí, eso es así, esa fue la intención, como una directriz. Por eso los animales tenían que ser de acá. De hecho yo me apoyé mucho en investigaciones científicas argentinas, en trabajos del Conicet publicados o de fundaciones que tienen estudios muy detallados sobre cómo viven las especies, y que a mí me venían bárbaro para completar la idea con verosimilitud del cuento. Por ejemplo, cuando en el cuento “Un sapo que andaba de paso” el protagonista se presenta diciendo su nombre científico además del que le puso su mamá.

—El libro viene con yapa: invita a escribir y dibujar sobre los temas abordados en los cuentos y a escanear un código QR para ingresar a Mundo fabulaso en la web. ¿Buscaste un ida y vuelta para no ser el único autor de este libro?

—Sí, tal cual. Me han llegado videos o fotos de los dibujos de los chicos. Eso también lo vi con mis hijos, que participaron mucho en lo que se llama fanfic, que es una tendencia mundial que se da en aquellas historias en las que están muchos chicos conectados (como Harry Potter). Los lectores se meten en grupos de redes y participan reformulando los finales o inventan historias paralelas. Me pareció piola que los chicos y las chicas también sean autores, que ellos tengan la posibilidad de tomar la palabra. Creo que son procesos muy interesantes los que se dan a partir de dar la palabra, es positivo darle entidad y reconocimiento a lo que dicen los chicos de las nuevas generaciones y, además, a ellos les permite una mayor disponibilidad de recursos.

—¿Te sentiste sorprendido de haber escrito un libro de literatura infantil?

—Me sorprendí y además aprendí un montón y crecí como escritor. Lo único que no me permití en este libro es hacer exploraciones en el extremo del lenguaje, que a veces uno hace jugando. Por lo demás, esta escritura es la misma que yo hago para el lector adulto, no hay diferencias.