Domingo 09 de Enero de 2022
Un hilo rojo ata episodios tan diferentes como la caída de los presupuestos, la pulseada por la renegociación con el Fondo Monetario Internacional, las prematuras jugadas electorales, la disparada de casos de Covid, e incluso las protestas ambientalistas contra proyectos energéticos: la debilidad de los principales liderazgos políticos para imponer su posición en los distintos escenarios donde intervienen.
De la misma forma que con la negociación del presupuesto, la reunión a la que convocaron Alberto Fernández y Martín Guzmán sobre la deuda con el Fondo Monetario Internacional no sólo expuso la imposibilidad de la dirigencia argentina de encontrar mínimos niveles de acuerdo sobre un tema que atravesará a varios gobiernos, sino también las propias pulseadas internas en el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.
Si el tic tac de la negociación carcome a un gobierno que todavía no encontró la fórmula de un ajuste social y políticamente digerible, los chispazos públicos y privados por la monumental deuda que contrajo Cambiemos iluminan un juego donde todos tienen capacidad para vetarse y neutralizarse. Alberto, Cristina, Macri, Rodríguez Larreta y otros dirigentes protagonizan en sus espacios una competencia por el liderazgo de final abierto.
En una entrevista que La Capital publica hoy, el politólogo Facundo Cruz encuentra las disfuncionalidades del bicoalicionismo polarizado argentino en la competencia electoral cada dos años y una situación de relativa horizontalidad tanto en el oficialismo como en la oposición. Eso, advierte Cruz, alimenta una dinámica de “campaña permanente”.
Juntos por el Cambio también está atravesada por una disputa a cielo abierto por el liderazgo de la coalición
Desorden
Pese a que en Santa Fe los cargos se renuevan cada cuatro años, el panorama es similar. Además de confirmar las dificultades del gobierno de Omar Perotti para construir mayorías en una Cámara de Diputados hostil, la negociación fallida del presupuesto mostró a una oposición legislativa dura, también atravesada por sus propios tironeos y donde los intendentes presionan por recursos para sus distritos.
En el peronismo deslizan que todavía no metabolizaron el nuevo escenario político de la provincia. “Necesitamos asimilar que la realidad cambió: la realidad política era una cuando asumimos, el Frente Progresista estaba abroquelado detrás de Lifschitz pero hoy es distinto, hay una oposición fragmentada, y con un Cambiemos fortalecido”, dice un referente de una de las principales tribus peronistas de Santa Fe.
Fallecidos Jorge Obeid, Carlos Reutemann, Hermes Binner y Miguel Lifschitz, desaparecieron de la escena política santafesina los grandes electores, dirigentes que habían amasado capital político en base a su caudal electoral y un liderazgo indiscutido en sus espacios políticos.
Hoy, los principales jugadores del tablero político en la provincia son operadores y candidatos -algunos en ascenso, otros en declive- que suelen concentrarse más en el minuto a minuto de las redes sociales que en el mediano plazo.
La debilidad de los liderazgos se cuela en las charlas, que empezaron hace tiempo, sobre los armados electorales para 2023.
En un campamento radical cuyas acciones subieron después de las elecciones legislativas observan “un gran desorden político” al interior de los partidos. “No podés recibir a dos tribus del socialismo, tres del PRO”, señalan.
El problema más urgente está en manos del peronismo: Omar Perotti no tiene reelección y, pese a que le ganó la interna a Agustín Rossi, no pudo imponer a su sucesor y perdió las generales. Tras dos años de una interna áspera, incluso atravesada por causas judiciales de alto impacto, al peronismo le cuesta encontrar un apellido o un eje para ordenarse más allá del riesgo concreto de volver al llano en 2023. Una posibilidad que se vuelve más amenazante si en dos años la oposición se une bajo un mismo paraguas electoral.
Uno de los principales interesados es Pablo Javkin. Al día siguiente de las legislativas el intendente rosarino se sacó una foto con Dionisio Scarpin, planteó la necesidad de “armar nuevos frentes” y esta semana el javkinismo dio un paso más. Entrevistado por el sitio Letra P, el presidente del partido Creo, Mariano Roca, dijo: “No vemos mal el armado de un frente de frentes, pero pensamos que tiene que ser amplio, que tiene que tener programas claros, ser muy horizontal y que, sobre todo, tiene que ser una construcción muy a la santafesina”.
Javkin tiene en la intendencia de Rosario un trampolín para saltar a la provincia, pero se verá si tiene suficiente agua: su estructura propia es pequeña y su gestión estuvo frenada por la pandemia.
Omar Perotti y Pablo Javkin, dos jugadores clave de un 2023 que ya empezó a cocinarse en la provincia
Agrandar la torta
Justamente, la disparada de casos de Covid interpela al poder político, que tiene en sus manos, al igual que desde marzo de 2020, una manta corta.
En un artículo publicado en enero del año pasado en el portal Project Syndicate, el politólogo Francis Fukuyama planteó que detrás de los manejos exitosos de la pandemia aparecen tres factores: capacidades estatales, confianza social (hacia el gobierno y entre los ciudadanos) y liderazgo político.
Con vacunas garantizadas y un sistema de salud que se tensionó al máximo pero resistió, en esta fase de la pandemia los interrogantes sobrevuelan sobre cuánta capacidad tendrán los gobiernos para decidir medidas más duras si la situación comienza a desbordarse. Más, cuando la mayoría de los dirigentes políticos tiene más imagen negativa que positiva y cuando las fotos del Olivosgate que licuaron el valor de la palabra presidencial todavía están frescas en la memoria colectiva.
El viernes, los médicos, una de las voces de la verdad polifónica, como suele decir Fernández, advirtieron que si escala la violencia contra los profesionales cerrarán los centros de testeo. “Los médicos no vamos a cargar con las consecuencias de las decisiones políticas que permiten este nivel de contagios”, dijo Sandra Maiorana, referente gremial del sector.
La resolución que habilitó la exploración petrolera en el Mar Argentino abrió otro foco de conflicto para el gobierno
Pero además, la debilidad de los liderazgos políticos se hunde en cuestiones estructurales, como el conflicto que desató la autorización del gobierno nacional de la exploración petrolera off shore a la altura de Mar del Plata.
Después de las protestas en Chubut contra la minería, y teniendo en cuenta los conflictos que gatillaron otras simples resoluciones administrativas en el pasado (como la 125, en 2008), el gobierno nacional -también atravesado por internas en esta área- pecó de ingenuidad y regaló la cancha a quienes se oponen al proyecto. Incluso, cuando tiene a priori buenos argumentos para jugar en el debate público: la explotación off shore se practica hace décadas en el país sin incidentes ambientales, el proyecto se desarrollaría a 300 kilómetros de la costa y, cuestión no menor, el país necesita inyectar dólares a la economía para crecer y desarrollarse.
Si la legitimidad de los liderazgos reposa en su eficacia para proveer bienes públicos, y ésta depende en buena medida de su capacidad de repartir recursos para amortiguar el conflicto social, poner en peligro una oportunidad para agrandar la torta es un pecado doble.