Las encuestas y Javier Milei: ¿realidad, farsa o parodia construida?
En medio de las comparaciones de la coyuntura con el 2001, la crisis de la pobreza, del poder adquisitivo, del crecimiento a las soluciones de extrema derecha

Jueves 22 de Junio de 2023

Allá por el año 2003, a pocos días de realizarse la votación más importante desde la vuelta a la democracia, la que terminaría enfrentando en un ballotage posteriormente depuesto a Néstor Kirchner y Carlos Menem. Luego de la renuncia de Fernando De La Rúa, cinco presidentes, y el periodo de consenso de Eduardo Duhalde, y en un escenario crítico, con un país en ruinas, el descreimiento al sistema político era plaga, la economía local pulverizada, máximos niveles de desocupación y pobreza.

El filósofo José Pablo Feinmann, temiendo un regreso del riojano de patillas amplias, escribió una lapidaria nota en que describe al votante argentino medio de una manera fatal. Alertando sensibilidades, vale la pena reproducirlo palabra por palabra, para entrar en la entonación, para sentir el cachetazo que significaba en el momento la posibilidad de su vuelta:

“Menem es un político que es votado en las sombras y no votado en el ámbito de la enunciación. El votante menemista tiene vedada la enunciación. No confiesa su acto. Lo comete y no lo dice. Vota a Menem en el “cuarto oscuro”, en las sombras, y no confiesa ese acto. Menem es su vicio secreto. Es como la masturbación. El votante menemista se encierra, se masturba y luego silencio y culpa. “Yo no lo voté. ¿Vos lo votaste? Yo tampoco.” Menem es el político más y menos votado de la Argentina. Nadie lo vota, pero gana”.

¿Y si esta vez fuera todo lo contrario? ¿Y si esta vez todos aquellos que dicen votar a Javier Milei a la hora de estar en el cuarto oscuro en realidad tienen un voto inconfesable hacia el peronismo o hacia larretismo, es decir, hacia las opciones que hoy se muestran más por fuera de la derecha furibunda? ¿Si todo este show del economista aleonado no tendría otro resultado que el haber levantado la vara de la derechización argentina pero está lejos de verse reflejado en triunfos reales? ¿Si en el fondo el famoso miedo al que se ata la población, no es otro que el miedo a un ajuste sin reparo, el mismo que Elisa Carrió denunció por estos días, hablando en términos de represión y “lesa humanidad”?

Frente a las derrotas incuestionables de los autodenominados libertarios en las elecciones provinciales, Victoria Villaruel, la reconocida negacionista y candidata a la vicepresidencia de Libertad Avanza, dijo a La Nación que Javier Milei viene a ofrecer algo nuevo y que eso va a llevar tiempo. Lo mismo opina Alberto Benegas Lynch, padre del candidato que encabeza la lista de diputado por Buenos Aires y mentor ideológico de Milei de extensísimo abolengo neoliberal, cuando dice que lo que más hay que agradecerle es que haya ensanchado los márgenes de lo posible en política. Algo semejante puede pensarse de la Revolución Federal, que comenzó por marchar con antorchas, por colocar guillotinas, y corrió los márgenes de lo posible, instalando nuevamente la posibilidad de la violencia política en nuestro cotidiano.

Pero… ¿si todo eso queda sólo ahí? ¿Y si todavía Argentina no está preparada para la derechización de sus costumbres, a lo Jair Bolsonaro en Brasil, a lo Georgia Meloni en Italia?

bolsonaro - auto golpe - AP Photo - Eraldo Peres - 78847231.jpg

Brasil: decenas de manifestantes condenados por promover disturbios y el auto golpe.

Que la agenda viene impuesta, de a momentos, por el ex panelista de Mauro Viale es algo que no guarda sospecha alguna. La semana que lo coronó como el rabioso representante del desamparo, fue la semana de la corrida cambiaria, una movida que puede entenderse empujada por los grupos devaluadores o una apuesta más específica, del grupo dolarizador.

En esas semanas la dolarización tuvo su más candente cartelería, en las pantallas de los más jóvenes, muchos que por primera vez van a votar en una presidenciable, se llenaron de videos alrededor del debate, como zócalos orquestados por el mismo algoritmo que propició la victoria de Trump en EEUU y la salida de la Unión Europea por parte de Gran Bretaña.

Varias veces he preguntado a algún alumno o ciudadano de a pie: ¿qué pensás de Milei? y la respuesta era “lo de dolarizar suena interesante”.

En ese contexto, en el acto en La Plata, el mismo día que el influencer Santiago Maratea decidió embarcarse en el pantanoso universo del financiamiento del fútbol, Cristina Fernández decidió por su rival primero. En los debates universitarios, televisivos, sólo sonaba un nombre: Javier Milei. Y junto a ese nombre, una palabra para algunos profundamente atractiva y para muchos presa del más turbio de los espantos: dolarización.

Es apresurado, pero se podrá decir que el gobierno de Alberto Fernández fue un fracaso, y que la puesta en marcha del Frente de Todos fue un ensayo que, puesto en la práctica, significó la demostración de la imposibilidad de aunar fuerzas dispares.

Ante la profunda crítica, también se podrá ponderar, como ya se viene manifestando, que los gobernadores peronistas ganan elecciones porque se encuentran bien lejos de las responsabilidades de la inflación y han sabido acumular lo que no pudo capitalizar el gobierno central respecto a las inversiones territoriales hechas con dinero bajado por Nación.

Pero lo cierto es que este gobierno peronista que se va, encabezado por Alberto, cuenta con una ventaja: si bien la distribución regresiva del ingreso es un hecho hoy incontestable por los datos, incontestable desde hace tiempo para la mayoría del pueblo argentino con sólo profundizar en los misterios de su bolsillo; si bien el arco duro del gobierno encontró profundos desajustes con su manera de llevar adelante el caso Vicentin, con su muñeca débil a la hora de negociar con el FMI, con sus tibiezas a la hora de enfrentarse a los poderes fácticos empresariales; también es cierto que Fernández no llevó a cabo reformas estructurales. Ni para un bando, ni para otro. Benefició a los que más tienen, por acción u omisión, pero no hay un ajuste estructural, permanente. Lo que hubo fueron políticas coyunturales que claramente no favorecieron a la mayoría de la población pero que son claramente reversibles.

javier milei dolarizacion banco central - AP Photo Natacha Pisarenko - 79187423.jpg

Javier Milei en la presentación de su libro sobre inflación.

Las diferencias con la transición del año 2015 son notables. Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, fueron gobiernos que tuvieron una impronta personalísima de hacer política. La bronca estaba en la calle de una manera mucho más presente. Habían sido gobiernos extensos, profundamente reformadores, profundamente atravesados por una idea de refundación.

Quizás la bronca que hoy se expresa en las bocas de urna llegue a las tibias páginas de las encuestas pero no terminen en las urnas. Si, la clave política está en que del surgimiento, expansión y crecimiento de Javier Milei hay que hacerse cargo. Como dijo José Pablo Feinmann hace veinte años atrás: “Tal vez no gane. Ojalá no gane. Pero el solo hecho de que pueda hacerlo es –para todos nosotros– una derrota y una humillación”.

Si el imaginario social volvió a poner temas en agenda poderosamente contrastados por la historia reciente por sus drásticas consecuencias no es sólo porque hay problemas estructurales que es necesario resolver. Lo que Javier Milei y sus allegados entendieron, es que la historia se reescribe continuamente. Y que la mejor lapicera para eso, es haciendo política. Hacer política. Tener la lapicera. Por ahí es que pasa la cuestión.

(*) Ezequiel Vazquez Grosso es licenciado en Ciencia Política de la UNR y docente …