Viernes 04 de Marzo de 2022
Cuando en 1919 John Maynard Keynes publicó “Las consecuencias económicas de la paz”, abordó de manera crítica el proceso de negociación posterior a la Primera Guerra Mundial entre los presidentes de Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra que derivó en el Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919. Las sanciones -desproporcionadas a criterio de Keynes- impuestas por los aliados a Alemania pretendían acabar con dos pilares fundamentales de la estructura económica alemana: el comercio marítimo y la explotación del carbón y el hierro.
Un siglo después, ante la invasión rusa a Ucrania, Occidente no espera el fin de la guerra para imponer sanciones económicas, sino que las utiliza como medio de disuasión.
¿Tiene Rusia hoy el peso poblacional de aquella Alemania? 144 millones de personas habitan su territorio, un 17% apenas por encima de 1960, con tasas de crecimiento demográficas negativas desde 1993, a excepción del período 2011-2017. A pesar de ser el país con mayor superficie del planeta, ocupa el noveno lugar en cuanto a la cantidad de habitantes. La población de Alemania y de Austria-Hungría no sólo superaba a la de Estados Unidos, sino que casi igualaba a la de toda América del Norte al momento de estallar la Primera Guerra Mundial. Además, Alemania había visto incrementar su población en un notable 63% desde 1870 hasta el momento del comienzo de la contienda mundial.
¿Tiene Rusia hoy la importancia económica de la Alemania de principios de siglo XX? Keynes consideraba a la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial como el eje central sobre el cual se desarrollaba el sistema económico europeo. Es más, profundiza esta idea afirmando que la prosperidad del continente dependía de las empresas alemanas. Rusia, Noruega, Bélgica, Suiza, Italia y Austria-Hungría tenían como mejor cliente a Alemania. Por si ello no fuera suficiente, era el segundo cliente de Gran Bretaña, Suecia y Dinamarca, y el tercero de Francia. Por otra parte, era el mayor proveedor de Rusia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Suiza, Italia, Austria-Hungría, Rumanía y Bulgaria, y la segunda de Gran Bretaña, Bélgica y Francia. La importancia en el comercio internacional para Europa de aquella Alemania era fundamental. Sin embargo, bien diferente es el caso ruso. En 2021, Rusia quebró una tendencia a la baja de sus exportaciones que comenzó en 2015 y promedió una caída del 4% anual. Exportó en 2021 u$s 415 mil millones, un 25% del PIB. Se ubica en la posición número 16 en cuanto a exportaciones totales a nivel mundial.
El 45% de las exportaciones rusas son productos minerales. Un punto crucial del conflicto que se desata por estas horas es que Rusia es el segundo mayor exportador de petróleo y el mayor exportador de gas natural y trigo del mundo. Italia es el principal comprador de gas ruso, se lleva el 22,1%, segundo Japón con el 10,7%, y completa el podio un aliado de Rusia, Bielorrusia, con el 9,6%. El resto de Europa le compra a Rusia el 40% del gas que exporta. Los países que hasta el momento le están imponiendo sanciones a Rusia representan el 60% de las exportaciones de gas ruso. Las exportaciones de gas constituyen para Rusia el 6,46% del total. Difícilmente Rusia pueda reemplazar el destino europeo de sus exportaciones de gas sin resignar una caída importante en los precios, pero también es cierto que los países europeos que desistan de comprar gas ruso y comiencen a comprar a otros países inevitablemente harán subir su precio, aplicando una presión extra sobre economías que ya están sufriendo un crecimiento de su índice de inflación. La redirección de la demanda de dicho mineral con posibles subidas del precio podría ser una gran oportunidad para Argentina, si es que ésta tuviera otra política energética. Una política que obviamente alentara la producción haciéndola rentable para las diferentes empresas que participan de la cadena productiva. Otra oportunidad perdida y van…
En cuanto a las exportaciones de petróleo, la situación es similar a la de gas: Europa compra casi el 50% pero en este rubro aparece China como un aliado comercial importante, comprando el 27%. De profundizarse el conflicto, este mercado también generaría una presión inflacionaria, situación que se vería agravada por la variada y enorme cantidad de productos que tienen al petróleo como insumo básico de producción. Este mercado también podría ser una oportunidad para Argentina como posible exportador de petróleo, si los incentivos se alteraran en favor de la producción y la explotación de dicho mineral.
En cuanto al trigo, más allá de que Rusia es el principal exportador mundial, este rubro solo representa un 2% del total de sus exportaciones y la gran mayoría se dirigen a África y Asia. Egipto y Turquía son sus principales compradores. Ucrania también abastece al mercado mundial con trigo. Este producto representa poco más del 6% de sus exportaciones, pero implican el 11,6% de la oferta mundial. Rusia aporta el 16,9% del trigo que se vende en el planeta. En conjunto suman el 28,5% de la oferta mundial de este cereal. La importancia que tienen ambos países en el mercado mundial de trigo y la incertidumbre que se genera sobre cuánto tiempo no van a estar operativos los puertos en dichos países explican una subida del precio que alcanzó un récord en 14 años. En el mercado de maíz, principal producto que exporta Ucrania, ambos países suman el 18,6% de la oferta mundial (16,4% Ucrania). De persistir el conflicto, la oferta mundial de maíz puede verse seriamente afectada provocando, de no mediar otros sucesos que puedan afectar a este mercado, un aumento de precios importante. Un mercado mucho más concentrado por estos dos países en conflicto es el del aceite de girasol. Rusia y Ucrania aportan más del 72% de la oferta mundial (52% Ucrania).
Un dato no menor es que casi el 45% de las exportaciones rusas tienen como destino países que ya han declarado abiertamente que están dispuestos a sancionar económicamente a Rusia.
Rusia importa principalmente máquinas, automóviles y medicamentos. Del total de lo que compra al resto del mundo, casi el 50% lo hace a países que abiertamente se han declarado en contra de la ocupación a Ucrania.
La relación comercial entre Rusia y China ha aumentado considerablemente en la última década, a tal punto que China es el principal socio comercial de Rusia. De todos modos, la participación de China en el total de compras y ventas a Rusia está por debajo del 20%. Rusia representa menos del 2% de las exportaciones chinas. Estados Unidos recibe el 17% de los envíos que parten desde el gigante asiático. Tal vez esto explique una parte del silencio chino sobre el conflicto.
Todo parece indicar que vamos a un escenario de menores transacciones comerciales, ya sea por sanciones económicas impuestas por Occidente a Rusia como por problemas de abastecimiento que la guerra provoca en países que producen y exportan insumos claves en diversas cadenas productivas. Menores intercambios comerciales implican menores necesidades satisfechas. Cuando las personas satisfacen menos necesidades, indefectiblemente su calidad de vida disminuye.
De persistir el conflicto, las reducciones de la oferta mundial de trigo, maíz, petróleo y gas que se avecinan, van a poner más presión sobre los ya altos índices de inflación que están teniendo Europa y Estados Unidos. Presión que se traslada a la Reserva Federal estadounidense y al Banco Central Europeo para que definan una política de tasas más contractiva que contenga dicho fenómeno monetario.
Para el caso argentino, por un lado, mayores niveles de precios de dichas commodities podrían generar mayores incentivos de producción, ingreso de divisas, y generación de empleo si se direccionaran correctamente los incentivos hacia la producción. Como ese no parece ser el caso, Argentina probablemente sufra las consecuencias negativas del conflicto: mayores precios y tasas de interés.