Domingo 17 de Marzo de 2024
Antes que nada. Es un gusto escuchar las conferencias de prensa de Mauricio Larriera. El uruguayo no solo no le esquiva a ninguna pregunta, sino que deja traslucir un manto de sinceridad no muy habitual en el fútbol argentino. Esa característica se nota en que nunca parece a la defensiva, en que profundiza sus respuestas, busca explicarlas, clarificarlas. Así siempre se lo notó el técnico de Newell’s, desde el primer día que llegó. Y si hubo una muestra clara de esta impresión, pasó el viernes a la noche luego del empate 0 a 0 con Platense. Ahí, ante una consulta puntual sobre el armado del plantel, lanzó una frase que no puede dejar de pensarse que trajo cola hacia adentro. “Creo que quedó bastante mal conformado porque hay posiciones donde no tenemos o escasean, y en otras estamos superpoblados. Pero también soy parte responsable de alguna decisión u omisión”.
Fuerte, sin dudas. Si se pensara en otra clase de interlocutor, quedaría la duda si lo hizo con alguna intención. En el uruguayo, no. Lo dicho, lo dijo sin filtro, alguna vez ya se había referido a eso, pero nunca con esa contundencia en un momento importante del calendario para Newell’s. Es que después de un empate en casa que lo incomodó en la clasificación a cuartos de final de la Copa de la Liga, solo quedan tres fechas por delante y además se viene el debut en la Copa Argentina, un torneo que siempre le dio la espalda a los rojinegros, al punto que el mismo entrenador lo puso como objetivo.
Momento inconveniente entonces, podría deducirse, como para distraerse en las palabras. Pero fue lo que pasó. Larriera dice que el plantel leproso está bastante mal conformado. También se hace responsable pero en parte, lo que sugiere que hay otras partes al mismo nivel suyo y que no pueden menos que estar asociadas a la dirigencia o al gerente deportivo Ariel Michaloutsos. Lógico, tanto para los aciertos como para los errores, de los que ningún club en ningún mercado está exento.
Lo extraño o extraordinario si se quiere, es que un técnico lo haya descripto así cuando aún Newell’s tiene muchas posibilidades de terminar protagonizando esta Copa de la Liga y, lo dicho, de empezar bien en la Copa Argentina ante un rival muy inferior como Midland. Pero claro, uno de los objetivos planteados por el uruguayo cuando llegó, allá por fines de diciembre, no se cumplió, como lo fue el clásico, y en la copa federal anterior Newell’s se cayó ante un oponente de similar calibre, como Claypole. Por eso mismo estas declaraciones no deben haber sido tomadas a la ligera.
Ni por los otros involucrados en las decisiones que hacen a la conformación de un plantel, ni por sus propios integrantes, los jugadores. El técnico ya avisó que no está conforme con lo que tiene. Y esté a la vista o no, una cosa es suponerlo y otra hacerlo público.
Ahora bien, ¿a qué se refirió exactamente el técnico? Hay que hacer obligatoriamente el repaso de los puestos y todo sugiere indicar que donde Newell’s no se reforzó convenientemente fue en la zaga central y en el ataque.
En este último mercado se fueron dos zagueros fetiches de Gabriel Heinze como Guillermo Ortiz y Facundo Mansilla, que jugaron muchas veces. Y no llegó nadie. Larriera tiene al pibe Lucas Baños como una alternativa para ponerlo en cualquier momento, pero no debutó. También improvisó con Leonel Vangioni o Tomás Jacob, pero se notan las falencias.
De hecho, Gustavo Velázquez e Ian Glavinovich no estarán el viernes por Copa Argentina ante Midland por sus compromisos con la selección (la mayor paraguaya y la sub-23 argentina) y habrá que ver cómo lo resuelve Larriera. Inclusive Glavinovich, que fue una saludable aparición el año pasado, no jugará tampoco en la próxima fecha de la Copa de la Liga ante Sarmiento en Junín por acumular amarillas.
Y en ataque, después de muchas idas y vueltas, Newell’s se hizo de los servicios del jugador que quería Larriera, Juan Ignacio Ramírez, que verdaderamente viene pagando con goles. Pero salvo el Colo, no lo acompañó nadie en posiciones ofensivas. Y se fueron dos habituales titulares, como Ramiro Sordo y Jorge Recalde, además de Genaro Rossi que oficiaba de alternativa.
Es cierto que Newell’s recuperó a Panchito González y que Guillermo May había llegado hacía poco, pero puede suponerse que es de las posiciones en que el técnico expresó escasez.
¿Y donde tiene superpoblación? Probablemente se refirió a la mitad de la cancha, donde Newell’s contrató a cuatro jugadores y volvieron otros dos, pero también es cierto que se fueron Juan Sforza, Cristian Ferreira, Pablo Pérez, Iván Gómez o hasta Marcos Portillo, además de Lisandro Montenegro o Marcelo Esponda.
La llegada top fue la Ever Banega. Es el distinto, el siempre difícil de conseguir por cualquier club, y Larriera lo tiene. También puede considerarse como un acierto el arribo del otro uruguayo, Rodrigo Fernández Cedrés, mientras que Franco Díaz aún debe mostrar más pero también llegó y jugó mucho.
Falta ver más en acción a Matko Miljevic, que cayó sobre la hora, mientras que a Larriera se le sumaron los retornos de Julián Fernández y Jerónimo Cacciabue, a quienes también utilizó. Lo mismo que Brian Calderara por el lateral izquierdo y ni hablar Ramiro Macagno en el arco.
Todos ellos, nueve en total, arribaron en este último mercado de pases. Lo dicho, falta en la última línea en la zaga central y en ataque. Tal vez las declaraciones de Larriera, las que hubiera sido más acordes a la hora de los balances al final de algún recorrido, sean bien entendidas o mejor explicadas puertas adentro. En principio, movieron la estantería.
En la sinceridad con que el técnico de Newell’s suele expresarse, como cuando lo hizo respecto a los arbitrajes después del anterior empate ante San Lorenzo, quizás se encuentre la tolerancia al ruido que pudo causar.
Se verá. Mientras, como el mismo Larriera dijo en el alargue de la misma respuesta, él piensa partido a partido y se siente siempre un técnico interino. Desde esa perspectiva, no hay dudas de que Midland lo pondrá seriamente a prueba.