Domingo 12 de Febrero de 2023
La cada vez más profunda crisis en seguridad en Rosario sumerge a la sociedad en la angustia, la desesperación y el miedo. En su misión más difícil, la política santafesina oscila entre el repliegue, las fugas hacia adelante, el consignismo y las chicanas. Pero nadie sabe, literalmente, hacia dónde disparar.
La eyección de Rubén Rimoldi del gabinete de Omar Perotti fue crónica de una salida anunciada. Una ironía: el ministro que se mantuvo en silencio mientras se apilaban los muertos en Rosario se fue después de una conferencia de prensa en la que erró demasiadas veces al blanco.
Dijo que iban en el camino correcto. Comparó el modus operandi de las bandas que operan en la ciudad con las de Colombia. Anunció detenciones sobre el espeluznante caso del asesinato de Lorenzo Jimi Altamirano, que no se concretaron. O mintió o deschavó acciones en un crimen que corrió, otra vez, las fronteras del delito y del que todavía no se sabe nada. Cuesta decidir cuál es peor.
El ascenso del gendarme retirado Claudio Brilloni marca un intento de la Casa Gris por controlar daños y ganar tiempo en los larguísimos diez meses que quedan hasta pasar el poder al próximo gobernador. O gobernadora.
En la hora más dramática, Perotti apeló a un técnico. No buscó, o no encontró, a un Jesús Rodríguez, un político dispuesto a inmolarse como sí lo hizo el dirigente radical en mayo de 1989. El Carlos Menem que prometía salariazo y revolución productiva había ganado las elecciones y Raúl Alfonsín necesitaba alguien que tomara las riendas de una economía con 79% de inflación mensual hasta entregarle la banda en julio al riojano.
Con buena relación con sectores del radicalismo y de la Justicia tras su intervención como comandante de Gendarmería bajo las órdenes de Sergio Berni y Patricia Bullrich, Brilloni quedará a salvo de la artillería opositora, que se concentrará en la figura del gobernador.
El comisario retirado Rimoldi, afuera del gobierno. Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital.
Brilloni es el cuarto ministro de un gobierno al que se le quemaron todos los manuales: la conducción sobre la policía con más palos que zanahorias, la conducción negociada y la entrega llave en mano del ministerio a un sector de la fuerza.
“El problema de fondo es que el gobernador no te deja armar equipos, te llena el ministerio con funcionarios de su confianza. Y vos a la policía la conducís con recursos: logística, ascensos, traslados. La policía ve esa falta de autoridad, ve que no la respaldan en las malas y baja los brazos”, dice una persona que conoce el ministerio desde adentro.
Como si fuera poco, Perotti tiene otro frente abierto con el gobierno nacional. La escalada y el pase de facturas con Aníbal Fernández marcan que el peronismo ingresó en una inquietante fase donde priman la autopreservación individual y grupal sobre las lealtades partidarias.
>> Leer más: Omar Perotti: "El gobierno nacional abandonó a Rosario"
En otro contexto, al comienzo del mandato y con otra relación con las corrientes del PJ y con la sociedad, el conflicto con Nación hubiera abierto una ventana de oportunidad para seguir el camino que tomaron Juan Manuel de la Sota y Juan Schiaretti y armar el santafesinismo. Hoy no es una opción.
El gobernador escogió el repliegue y descartó del menú la convocatoria al resto de las fuerzas políticas e instituciones como la Corte Suprema y el Ministerio Público de la Acusación, cuyas cabezas alertaron que la situación en Rosario ya se salió de cauce.
Es cierto que la campaña ya empezó. Y que las declaraciones de uno de sus principales protagonistas, Maximiliano Pullaro, acerca de un pacto fallido entre Perotti y las bandas criminales, no pavimentan el camino del diálogo. Pero situaciones desesperadas requieren soluciones innovadoras.
También demandan lo que un dirigente peronista llama “un ejercicio de deconstrucción”: que peronistas, radicales, socialistas, amarillos y javkinistas reconozcan que comparten cuotas de responsabilidad acerca de una crisis que empezó mucho antes de diciembre de 2019 pero cuyo fin asoma cada vez más lejos.
Como en una corrida cambiaria, manda el minuto a minuto y el largo plazo es el mes que viene. La violencia impone medidas urgentes, como apaciguar las zonas más calientes y cortar la cadena de mando entre las cárceles y el mundo extramuros.
Sin embargo, para ser sustentable en el tiempo cualquier medida debe enmarcarse en un plan de seguridad que responda al nuevo mundo del delito, cada vez más balcanizado y difícil de administrar desde el Estado, como sucede en otras provincias.
“El corazón de la violencia es que los jefes están detenidos o muertos y el tema es cómo se distribuye la plata de un negocio que mueve cientos de millones de pesos por semana. El nuevo sistema penal agiliza los procedimientos y debilita la regulación policial del delito. Si no tenés política social, gobernanza en las cárceles y policía en las calles, esto no cierra”, advierte un dirigente opositor.
La paradoja que debe administrar el frente entre radicales, socialistas, amarillos y javkinistas es que la misma crisis que engorda sus chances electorales en la provincia debilitará la gestión si es que le arrebatan al PJ las llaves de la Casa Gris.
El más incómodo en ese escenario es Pablo Javkin. Después de los misiles quirúrgicamente enviados hacia Rimoldi y la policía, el alcalde rosarino se entendió rápido con el nuevo ministro en un juego de necesidades compartidas.
Tanto para el peronismo como para Javkin, cualquier posibilidad de éxito electoral depende de que la violencia se aplaque. El intendente debe hacer equilibrio entre representar la bronca de una ciudadanía que reclama soluciones y discrimina poco entre niveles de competencia, y no romper con el gobierno que cuenta con los agentes armados.
El desbande en seguridad también puede repercutir en las urnas. Santa Fe puede convertirse en una nueva Mendoza. Una provincia con formato bipolar, pero donde el frente no peronista se convierte en la fuerza hegemónica y el escenario donde se libra la verdadera disputa por el poder, y el peronismo se reduce a un espacio que pelea por cuánto se lleva de la minoría.
Sin expresiones que le coman al frente de frentes votos por derecha —Javier Milei todavía no le levantó la mano a nadie en la provincia— ni por izquierda —el nuevo frente de Rubén Giustiniani y Carlos del Frade se enfoca en la Legislatura— se trata de una posibilidad concreta.
La violencia también pone en duda otras certezas, o al menos hipótesis fuertes, con las que todos venían trabajando. Por ejemplo, que si Perotti competía en Diputados tenía la mayoría de 28 al alcance de la mano. O que el peronismo estaba a las puertas del batacazo en Rosario.
Agustín Rossi asumirá como jefe de Gabinete de la Nación, un movimiento con impacto en Santa Fe
En este panorama complicado para el peronismo, no es un dato menor que Agustín Rossi asuma la semana que viene como jefe de Gabinete. Un rol en el que será mucho más que el jefe de la administración o un vocero. “Agustín va a ser uno de los armadores del rompecabezas. Tiene diálogo con todos y puede generar una línea para bajar al resto de la coalición”dice un dirigente de su espacio.
Pero además, Rossi jugará en el pago chico. En Santa Fe, su candidato es Leandro Busatto. El jefe del bloque de diputados provinciales corre de atrás en las encuestas, pero el nuevo lugar de su jefe político le da acceso a recursos para acelerar su campaña.