Máscaras, túnicas, quitón, capas, calzones, jubón, corsé. El vestuario teatral narró desde siempre la historia sobre los escenarios y en Rosario sucedió lo mismo. Muestra de ello es el rescate del patrimonio textil del teatro La Comedia que realizó por tres meses la diseñadora, vestuarista, restauradora y costurera Paola Fernández. Es un trabajo de archivo en el que refaccionó, lavó y catalogó unos 900 objetos -entre prendas, accesorios y utilería- con miras a asistir a otros elencos con vestuarios, realizar talleres de formación y exhibiciones. Un segundo estreno bajo el título de "Biblioteca del traje", nombre del proyecto.
"Este trabajo sirve para pensar la ropa desde lo expresivo: cómo nos vestimos y por qué, más allá de las modas y el consumo", dice Fernández, quien dio el puntapié inicial de una labor artesanal que necesita un empujón para propagarse por los espacios culturales de la ciudad.
La idea de esta profesional de 47 años -que cosió los telones y bambalinas del teatro municipal de Mitre y cortada Ricardone, se perfeccionó en el Colón, cursó la carrera de Gestión Cultual de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y es integrante de la Red de Patrimonio en Construcción (que colabora con museos y áreas culturales santafesinos)- es replicar esta acción en salas públicas y privadas y en todo rincón donde haya vestuario que tenga algo que decir.
De hecho, por zambullirse entre las telas, encajes, zapatos, armas y teléfonos de utilería llenas de polvillo, Fernández, encontró un baúl blanco de madera con interior de terciopelo rojo y prendas de 1920, como un verdadero tesoro escondido.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
"El vestuario tiene un poder expresivo, cultural, histórico y antropológico inmenso que no está muy explotado en la ciudad, hay todo un rescate pendiente que se puede hacer de la gente que trabajó con la vestimenta, además de saber quién la usó, cuándo y en qué obra, para preparar la ficha técnica, reeditar bocetos y apuntes del momento", sostiene Fernández, desde el primer piso de La Comedia, donde están los camarines con sus espejos y luces focalizadas y las dos habitaciones que la vestuarista limpió y reordenó para archivar ropa con un criterio histórico y algunas bolsas de naftalina.
En un perchero la vestuarista preparó una muestra de ropas del grupo de danza teatro Seisenpunto, que tenía como referente a Cristina Prates en los 80 y fue donada por el director, productor y bailarín Diego Ullua. Un corsé pintado a mano con diseño del actual secretario de Cultura, Dante Taparelli, una enagua, un sombrero. "Todo bastante bien conservado", describe Fernández al mostrar la ropa con la que luego posará en medio del emblemático escenario del teatro.
En otro rincón destapa una pila de ropa cubierta con un paño. "Está en reposo", aclara. Una levita de paño, una blusa de encaje, puntillas, un corsé, una capa de terciopelo, una chaqueta y una falda bordada. Todo de principios de siglo pasado, sin tratamiento alguno y en estado de "pulverización", que es como decir que se desvanecen al tacto.
En otro ángulo de la habitación hay valijas de cuero, discos de pasta viejos, objetos diversos de utilería, máscaras de colores y bolsas y más bolsas negras con carteles y repletas de ropa.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
"También hay acá recuperado un 40 por ciento del vestuario para la Comedia municipal de Norberto Campos. Lo concentramos en base a contactos con la Dirección General de Producción, dice antes de aclarar que se podrán recuperar los vestuarios que están bajo comodato y que ya no se encuentran en cartel, además de asesorar y prestar a otros elencos.
Que sepa coser, que sepa bordar
Rescatar el vestuario no sólo significó para Fernández lavar las prendas, especialmente a mano en algunos casos y en seco en otros, sino quitarles las manchas, los hongos, plancharlas para evaporar la humedad, fumigarlas y coserlas o reparar cuidadosamente puntillas, encajes y bordados.
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Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
"Conservar y catalogar el vestuario requiere de un aprendizaje cuidadoso", plantea antes de explicar cómo separó los sacos por un lado, los tapados por otro, y cómo agrupó faldas, vestidos y accesorios, en otro sector.
Los zapatos y la bijouterie fueron acomodados en cajas al igual que los sombreros. Y la utilería se ubicó en otro espacio.
La Biblioteca del Traje que proyecta Fernández prevé "talleres de diseño y realización de vestuario": clases sobre mantenimiento, refacción y acondicionamiento. Y la etapa de "exposición" se proyecta en los mismos teatros que le dieron origen, con muestras eventuales y/o permanentes de los trajes, destinadas al público en general, además de charlas y seminarios.
Fernández ya levantó el telón, ahora hay que seguir la obra para recuperar el patrimonio textil que dejó huella en la cultura e historia de Rosario.