Lunes 09 de Mayo de 2022
La narrativa opositora sobre que la Argentina estaría viviendo el inexorable final del ciclo peronista (y kirchnerista, como presunta expresión final y extraviada del populismo) se pasea por la conversación pública desde la primera década del siglo. Incluso desde antes de la primera reelección K, en 2007. Sin embargo, los 19 años transcurridos desde que Néstor Kirchner fue electo presidente, el presente y la historia reciente, se empeñan en demostrar lo contrario; de las últimas cinco elecciones presidenciales, en las cuatro en que el nombre “Kirchner” figuró en el binomio presidencial, el peronismo ganó. Y perdió en la restante, en un balotage, por 680 mil votos, la única vez que, desde 2003, la palabra “Kirchner” no estuvo en boleta principal. Fue en el año 2015, donde se produjo, además, el más grave acontecimiento institucional de las últimas décadas: el suicidio de un fiscal de la nación (Alberto Nisman), que una eficaz operación política y de prensa con participación de la Embajada de los Estados Unidos instaló como “asesinato” promovido directamente por la entonces presidenta, Cristina Kirchner.
Con todo, Cristina Kirchner, el último viernes, lejos de su declinación final, consiguió que todo el sistema de comunicación privado (opositor) televisivo, la transmita en “cadena nacional” desde el Chaco, en un acto institucional en aquella provincia, y durante casi 90 minutos de discurso.
De arranque, despejó eso que superficialmente muchos preanunciaban: profundizar un clima rupturista con el presidente Alberto Fernández. La vicepresidente habló de “nuestro presidente” a la vez que fue implacable con sus diferencias conceptuales respecto de cómo se podrían resolver los problemas hoy sin solución para una amplia mayoría popular, los precios altos, y los ingresos atrasados. La zozobra y cierto clima de abismo para el Frente de Todos (FdT) no fueron resueltos en el discurso del Chaco, aunque tampoco se profundizaron. Todo sigue, y se despliega una discusión política que derrama a toda la sociedad, que la instala Cristina, que clarifica cada día con más precisión las debilidades de gestión y de gobernanza del presidente.
Las políticas económicas de Alberto Fernández / Martin Guzmán, de permanecer como hasta ahora, y bajo el rigor conceptual del FMI, tienen baja probabilidad de revertir la creciente desigualdad en la redistribución del ingreso en la Argentina. Es sólo cuestión de tiempo; lo que plantea el kirchnerismo tiene altas chances de verificarse, de manera creciente, mes a mes. Pero para el kirchnerismo hay un dilema de difícil resolución; ¿cómo marcar las diferencias políticas, ir construyendo un escenario para 2023 con, obviamente, otros actores que no incluyen a Alberto Fernández, y, a la vez, no degradar la figura presidencial hoy, y por los próximos 15 meses, hasta agosto del año próximo?
Degradar a la figura presidencial resulta un problema para todo el sistema democrático, y no sólo para la vicepresidenta, la “creadora” de la figura de Alberto, en una pirueta que nadie imaginó, y que tuvo éxito electoral en 2019.
El kirchnerismo ya decidió actuar, y mostrar iniciativa política desde los lugares con los que cuenta: el Senado, con una mayoría absoluta estricta pero consolidada, José Mayans impulsa lo que la Casa Rosada toma tibiamente, o directamente no toma. Ampliación de la Corte Suprema de Justicia, nueva ley para extender la Moratoria a futuros jubilados a partir del próximo mes de julio (vence la vigencia de la actual), reforma de la ley para facilitar la convocatoria a un referéndum popular (Corte Suprema y reforma judicial en general); acelerar el aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil (en este caso, una iniciativa del kirchnerismo gremial en Diputados); y lo más relevante, poner el dispositivo de la unidad peronista kirchnerista del Senado, a rodar por el país. A tener presencia cuerpo a cuerpo en las provincias.
Cristina con Jorge Coki Capitanich (y su vice gobernadora) en el Chaco, rodeados de militancia y fervor. Y con Capitanich declarando minutos después (en una entrevista televisiva por el canal C5N) que “en 2023 habrá elecciones internas Paso para dirimir candidaturas en el FdT”. ¿Es Capitanich el elegido por el kirchnerismo para la próxima etapa? En el mismo sentido de despliegue de la unidad peronista de tierra adentro con el kirchnerismo, deben observarse las “giras” por las provincias que ya puso en marcha la cúpula del ahora interbloque del FdT en la Cámara alta, que además del formoseño Mayans y la mendocina Anabel Fernández Sagasti, ahora sumó a una todavía joven y a la vez experimentada guerrera peronista cristinista, Juliana Di Tullio, de la estratégica provincia de Buenos Aires. Di Tullio conduce el sub bloque “Unidad Ciudadana”, ese artificio que armó Cristina para designar al consejero de la Magistratura, luego del fallo de la Corte Suprema que repuso una ley derogada por el Congreso hace 16 años.
En la semana anterior, una delegación del FdT del Senado, que incluyó al rosarino Marcelo Lewandowski, estuvo de visita en Tucumán. Desde ya con autoridades locales, con el Jefe de gabinete Juan Manzur, y también en una recorrida por sectores productivos de la provincia territorialmente más pequeña de la Argentina, aunque ocupa el sexto lugar en el ranking de habitantes. Mayans y el kirchnerismo puro, ya preparan otra incursión tierra adentro, en este caso la provincia de La Rioja.
El cristinismo, con estas movidas busca cerrar filas con “los gobernadores”, esa especie peronista presuntamente moderada y proclives a ser tentados en armados electorales provincialistas más de “centro”. Con la particularidad de Córdoba, cuyo gobernador de origen peronista juega con la oposición a la vez que permanece en una zona intermedia, la historia de los últimos 15 años demuestra que los armados peronistas que intentaron desacoplar al kirchnerismo terminaron en la casi nada misma. O directamente se pasaron a la oposición, como el caso de el senador Miguel Pichetto, que encontró su lugar en el mundo junto a Mauricio Macri.
El kirchnerismo, con su marco de alianzas afiatada en el Senado, se lanza al territorio, y con propuestas políticas concretas. Que señalan un camino, a la vez que desnudan la debilidad de la Casa Rosada. En el plano judicial, se produjo otra movilización en la Plaza Lavalle, promovida desde el kirchnerismo gremial, pidiendo directamente por la remoción del cuarteto actual de la Corte Suprema de Justicia.
A medida que pasen los meses y si la persistente inflación le sigue “comiendo las piernas” al presidente Fernández, las chances de que siga jugando el partido con el equipo económico actual se reducen. Tal vez, en ese momento de un cambio inevitable, se abra una nueva conversación hoy interrumpida en la pareja presidencial. Y se posibilite lo único relevante para la suerte del frente gobernante: que mejoren las condiciones de vida para la amplia base de la pirámide social peronista, hoy desconectada con un presidente al que votó, pero que pasó a mirar con desconfianza.