Lunes 25 de Abril de 2022
Es recordada por muchos, pero su historia ha quedado olvidada en la memoria de una ciudad demasiado ocupada en su turbulento presente como para mirar hacia atrás. La tienda La Buena Vista, imponente comercio de dos plantas que ocupaba la esquina de Cafferata y Urquiza, fue durante 74 años referencia ineludible del barrio Luis Agote, cuando incluso no se lo conocía con ese nombre, en la zona de la Terminal. Hoy es un gigante dormido y algo abandonado en el que solo queda el recuerdo de un tiempo de gloria para el barrio grabado en su imponente fachada.
Fue inaugurada en 1915 por Abraham Benzadón, empresario de origen judío sefaradí que había nacido en España y comenzado como vendedor callejero y luego tendedero. En 1925 se asoció con Elías y Juan Benmuyal, y quedó constituida la razón social Benzadón, Benmuyal y Cía., que sería conocida con la sigla "BBC", por las iniciales de los apellidos.
Primero fue una gran tienda del barrio, y luego se convirtió en un fenómeno comercial de aires franceses que llegó a competir con La Favorita, aunque cultivaba un perfil más popular por estar en un barrio, a diferencia de la tienda de la familia García que se erigía como de "categoría. Ambas fueron voluptuosas tiendas departamentales, en las que se conseguía desde mercería hasta juguetes y esmalte de uñas.
En su época de oro, era la razón por la que los habitantes de todos los pueblos de la región llegaban a Rosario a hacer sus compras, y por eso el día sábado era el más concurrido. Se trataba de una tienda con un potencial comercial enorme que tenía de todo, y facturaba sin parar. Muchos aún recuerdan el busto de don Benzadón al pie de la escalera central de mármol, las vidrieras temáticas y el fresco olor a telas y perfume floral de su sector especializado.
Corte y confección
Sobre grandes mesas, se apoyaban los rollos del género que luego se utilizaban para la confección de prendas, tanto de forma doméstica como a través de modistas. De sus mostradores de madera lustrada provenía la materia prima con la que se hicieron muchos vestidos de 15 y de novia de la región. "En la década de los 50 y los 60 el rubro de modistas y sastres de hombres era muy importante en Rosario. La Buena Vista ofrecía productos de buena calidad a precios baratos, por lo que compraban desde telas, hasta hilos, botones y cierres", recuerda el historiador rosarino Eduardo Guida Bría.
Quienes eran clientes, o recuerdan caminar por los pasillos con sus padres, también destacan las secciones medias, damas, hombre, blanco, perfumería, tapicería, niños y bebé. Allí se conseguía desde batas, hasta pijamas, toallas, camisas, ropa interior y lencería. No existía el autoservicio: los empleados atendían de traje, de manera personalizada. Muchas personas trabajaron a lo largo de toda su historia, algunas desde jóvenes hasta su jubilación, por lo que un sinnúmero de rosarinos tiene algún familiar que se desempeñó en la tienda.
Comenzó siendo la casa de Benzadón, y juntó muchas propiedades, hasta llegar a 14 ampliaciones, ocupando casi media manzana con salidas por las esquinas de Urquiza y Cafferata, y Tucumán y Cafferata. En esta última se alojó uno de los primeros grandes supermercados de Rosario, donde hoy está El Delfín. Nunca se pudo agrandar por Urquiza, porque estaba el legendario bazar Erquicia, donde hoy hay un profesorado de la provincia. Por Tucumán, estaba la escuela Pedro Goyena. El lugar era paso obligado para los alumnos y padres que salían de la institución.
El barrio creció al compás de la empresa, ya que antes no había nada. Los alrededores estaban llenos de locales, muchos de ellos importantes, porque la tracción de La Buena Vista llevaba movimiento. Para muchos rosarinos, pero también para los que llegaban desde localidades cercanas, era un lujo ir a pasear y de compras por esas calles. En Cafferata hasta Santa Fe, había comercios como la zapatería Prado, óptica Pardo, Calzados Imperio, zapatería La Giralda, peletería Landy, el cine Victoria (hoy Banco de Santa Fe), la perfumería París, y golosinas Ariel. O la ferretería Calzavara, ubicada en ese entonces por calle Urquiza.
Llegó a tener 400 empleados, y en un momento el mismo dueño abrió La Buenos Aires (respetando el nombre original puesto por la familia Terán), en la ochava sudoeste de Córdoba y Entre Ríos, donde hoy hay una galería comercial. También sumó New London en calle Córdoba 1327, y un supermercado en Rioja 1666 llamado La Buena Vista centro, donde hoy está la cadena Dar. En 1971 ocupó el subsuelo, la planta baja y el primer piso del edificio de San Martín y Córdoba, hoy McDonald's y Victoria Mall, donde se ubicaba la legendaria Gath & Chaves con la que compartió espacio hasta que se terminó yendo en 1974. También abrió un tiempo otra sucursal en San Martín 2150, donde hoy está la casa de electrodomésticos Calatayud.
La Buena Vista siempre fue una tienda muy grande e importante, pero sobre todas las cosas con un escalón menos que las competidoras en término de precios y calidad, porque era la tienda de los barrios. Por eso en un momento, una de las apuestas importantes para trascender fue pagar una publicidad nacional carísima auspiciando un programa llamado "Las cuatro palabras", que conducía Guillermo Brizuela Méndez. Era un programa de preguntas y respuestas que se grababa en Rosario, en las mismas instalaciones de la tienda. Durante años el conductor viajó una vez por semana desde Buenos Aires para animarlo.
La caída
La aparición masiva de prendas ya confeccionadas a finales de los 70 comenzó su decadencia. "La Favorita, Gath & Chaves y Los Gobelinos empezaron a traer ropa de Estados Unidos, Francia, Italia e Inglaterra. La Buena Vista quiso confeccionarlas acá", apuntó el historiador. "Ellos no se dedicaban a eso, entonces tuvieron que poner personas que se dedicaban a la confección en uno de los pisos. En esos momentos no se tercerizaba, se tenía al personal dentro de la misma tienda. Sacaban la tela de abajo y arriba hacían las prendas", completó.
Por la misma época sufrió un incendio importante. Aunque no tuvo demasiadas perdidas, lo afectó comercialmente porque no venía bien. Fue cerrando locales, primero New London y después La Buenos Aires, y en 1984 Benmuyal se retira de la sociedad. En 1989, complicada por la caída en las ventas y pujas internas de la familia, La Buena Vista cerró la persiana diezmada por un difícil período de hiperinflación. Para entonces, solo le quedaban 50 trabajadores, y la desaparición de ese imán de gente hizo que todo el barrio se cayera. Con la debacle, el resto de los negocios del paseo comercial se vinieron abajo: al haber menos tránsito, empezaron a bajar las ventas, y la zona se volvió un desierto.
En los años 90 hubo un proyecto de transformar la superficie de 2.800 metros cuadrados en un centro comercial estilo galería o shopping de precios populares a cargo de un grupo de comerciantes de la ciudad, pero la idea terminó truncada por los desacuerdos de la familia propietaria."No cerró por el problema del estacionamiento. Y porque es todo muy viejo alrededor, un barrio antiguo que no se modernizó. Hubo un intento de poner una Casa Tía, que tampoco prosperó y finalmente se fue a Pellegrini y San Martín. Y también hubo rumores dudosos de que podía venir la tienda Los Gallegos de Mar Del Plata", repasó Guida Bría.
El bar La Estrella, ubicado en la ochava sudeste de Cafferata y Urquiza, justo frente a la tienda, fue por décadas un tradicional lugar de encuentro de la zona. La reliquia no tenía protección y fue tirada abajo recientemente para construir un edificio. Era uno de los más antiguos de Rosario y la ochava que ocupaba había sido nombrada Osvaldo Pugliese, a pedido de fanáticos del pianista, director y compositor argentino. Incluso había una placa recordatoria.
En 2010, al cumplirse la 20º edición de La Vidriera de Cordic, se realizó la muestra en este edificio emblemático, que aún sigue en pie y aloja en una parte a la fábrica textil Hardfield, que tiene un pequeño local a la calle. Otra sección donde estaba la tienda es ahora el boliche El Palacio, y el supermercado El Delfín ocupa la esquina de Tucumán. La Municipalidad reparó la fachada de Urquiza, tal cual lo establece la ordenanza para las obras de valor patrimonial. Pero adentro es otra historia.
En su momento, con Miguel Lifschitz como intendente, hubo una obsesión del Ejecutivo por llevar una empresa para ocupar esa esquina. Hubo tentativas de llevar algunos call center en inglés, en la época del tipo de cambio favorable, pero las negociaciones nunca avanzaron. Según fuentes oficiales, una parte del edificio está deteriorada, quizás esperando la llegada de un tiempo mejor.