Domingo 14 de Mayo de 2023
“Con un gobierno cohesionado habría tenido mejores resultados”. Lo dice Matías Kulfas, ex ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, en el marco de una entrevista relacionada con la presentación de su nuevo libro: “Un peronismo para el siglo XXI”. El nuevo trabajo de este economista e investigador, que acredita mucho estudio y praxis en el terreno de las políticas de producción no es, como aclara, un balance de la gestión de Alberto Fernández. Pero se refiere también a ella y, de hecho, está atravesado por esta experiencia en la que se cruzaron en vivo y en directo algunos debates que propone. “La batalla por un desarrollo que sintonice con el mundo actual y confronte el mito del ajuste eterno”, como señala en el subtítulo de la obra. Recorre el papel de la industria en un proceso transformador, las nuevas tecnologías, la agenda verde, Vaca Muerta, la minería y la necesidad de un salto exportador, al tiempo que abre polémicas en distintos frentes, como el del papel de la economía popular. Critica la política económica de los gobiernos de Cristina y destaca “como guía para el presente” las experiencias de Néstor Kirchner y del plan de estabilización de Perón en los años 50. En ese punto, prescribe la necesidad de los gobiernos peronistas de atender el equilibrio macroeconómico. “No podemos seguir pensando que los planes de estabilización son malos y de derecha”, dice.
-Planteás en el libro la necesidad de construir un peronismo del siglo XXI para llevar adelante un nuevo modelo de desarrollo. ¿Cuáles son los elementos más relevantes de esta nueva síntesis peronista que se necesita para enfrentar los desafíos de esta nueva agenda global?
-Básicamente dos. Modernizar la mirada sobre lo productivo. Obviamente, recuperando un peronismo que parta de sus valores históricos a favor del desarrollo y la justicia social, pero que incorpore también los desafíos del siglo XXI. Apostar a la ciencia y la tecnología, la economía del conocimiento. Promover una industria que tome la tradición argentina, la modernice y tenga una agenda exportadora. Avanzar en la agenda verde, promover el hidrógeno, explotar Vaca Muerta en escala, desarrollar la minería. Se necesita un salto productivo exportador que le permita a la Argentina generar los empleos que no ha generado en estos diez años. Y el otro gran desafío, no menos importante, tiene que ver con la idea de estabilización. Llevamos 16 años de inflación. A principio fue moderada y luego fue creciendo. Hoy estamos en un régimen de alta inflación. Y el peronismo debe hacerse cargo de dar una respuesta a eso. No podemos seguir pensando que los planes de estabilización son recesivos, excluyentes, malos. Está claro que tienen sus problemas al principio pero después tienen un efecto de reactivación muy importante. Como cito en el libro, Perón implementó en 1952 un plan de estabilización que fue exitoso y bajó la inflación del 50% al 4% anual. Si el peronismo no asume este desafío, de una manera tal que los costos no recarguen sobre los sectores populares sino que se repartan equitativamente, lo que hace es dejarle esa agenda a la derecha.
-¿Qué son los solublemas? ¿y cuáles son los solublemas de esta etapa?
-Es una palabra inventada para resumir este conjunto de soluciones que el peronismo generó en la Argentina y también los problemas que derivan de la dinámica propia de esas soluciones. Argentina viene de una dinámica pendular, como lo explicaba muy bien Marcelo Diammand. Y el gran problema es que el péndulo es la alternancia entre dos modelos. El liberal, que es inviable porque deja a la mitad de la población afuera, y el peronismo, que tiene una fuerza transformadora muy importante pero que ha tropezado varias veces con la misma piedra. Por ejemplo, industrializar pero quedarte sin divisas, lo que tiene que ver mucho con la política energética. O incluir y generar una dinámica distributiva que también provoca inflación, a la que hay que enfrentar porque la inflación no es un problema menor. Estos son los solublemas que hay que resolver.
-En el libro mencionás como guías para el presente esa etapa de calibración de política económica de Perón en los años 50 y el gobierno de Néstor Kirchner.
-El gobierno de Néstor Kirchner fue de mucho crecimiento, mucha inclusión social y una extraordinaria disciplina fiscal. Tuvo superávit los cuatro años. Hay peronistas que dicen que tener superávit fiscal es de derecha. Pero esa es una discusión absolutamente falaz. Kirchner no era ortodoxo. Tenía muy claro que si tenía déficit fiscal tenía que financiarlo. Lo que se puede hacer de tres maneras: pedirle financiamiento a los dueños del excedente, que en general no son sectores muy afines al peronismo; cambiar las reservas por moneda, afectando el mercado de cambios; o emitir moneda. Esto último es algo que se puede hacer de manera puntual. Yo reivindico la emisión para financiar el déficit en la pandemia. Pero si uno todo el tiempo está financiando déficit con emisión genera un excedente de pesos que va a presionar sobre el dólar, y esa presión a su vez se traslada a los precios. El Kirchner que conocemos fue muy pragmático, tuvo solvencia fiscal y nadie va a decir que no fue peronista.
-Distinta es la visión que tenés de los gobiernos de Cristina.
-Los gobiernos de Cristina fueron deteriorando toda esa buena macro. Es cierto que la inflación empieza a asomar tímidamente durante el gobierno de Néstor Kirchner y que no hubo una respuesta inmediata. Pero en el resto de las variables mostró elementos muy positivos. Luego vino un deterioro del balance fiscal, del sector externo, pérdida de reservas. Se deterioró la balanza comercial por la mala política energética. Este no es un libro que esté en contra de nadie. En todo caso, se trata de ver cómo aprendemos a enfrentar estos obstáculos. Argentina tuvo permanentemente problemas para acordar una política energética que nos permita abastecer el mercado interno y tener saldo exportable. Por no tenerla, aparecen problemas recurrentes en la balanza de pagos. Hoy tenemos Vaca Muerta como una oportunidad espectacular. No la desaprovechemos.
-Y en este repaso histórico, ¿qué balance le toca al gobierno del Frente de Todos?
-Si bien el libro no es específicamente sobre este gobierno, porque no terminó, hay elementos que menciono y que tienen que ver con las dificultades que hubo para llevar adelante políticas del tipo que menciono. Y uno de los sectores en los que hubo más dificultades para coordinar fue el sector energético. Nosotros dijimos desde un primer momento que había que segmentar tarifas y eliminar los subsidios para los sectores medios y altos que no los piden, no los necesitan y no los valoran. Y eso no se hizo porque ese equipo lo obstaculizó. Y después está el contexto. Veo un montón de personas que hacen panoramas sobre Argentina, desprovistos del contexto tremendo que le tocó a esta gestión. No sé cuántos gobiernos tuvieron tantos flagelos, tan grandes, todos juntos. Ya arrancó complicado, porque Macri dejó una situación lamentable, con un endeudamiento irresponsable que hubo que reestructurar. A las pocas semanas vino la pandemia. Cuando esa crisis se estabilizaba vino la guerra en Ucrania, que influyó en los precios de la energía, y cuando empezó a amainar ese efecto apareció la peor sequía en varias décadas. Y la falta de cohesión del gobierno complicó todo.
-El gobierno de Alberto Fernández concentra críticas desde todos los ángulos políticos y tiene una imagen pública muy baja. A la luz de esto que mencionás, ¿pensás que esa opinión que va a quedar en el tiempo o va a ser reinterpretado?
-Creo que con el tiempo se lo va a ver de otra manera. Cuando salgamos de esta crisis y nos acordemos de todo esto, vamos a decir: bastante bien la llevó. La pandemia mostró a la Argentina con buenos resultados. Más allá de la terrible tragedia de haber perdido más de 100 mil vidas, uno mira los indicadores internacionales y ve que quedó en el puesto 61 del mundo en materia de cantidad de muertes explicadas por la pandemia. Está por debajo de todos los países de América latina en la cantidad de muertos cada cien mil habitantes. No faltaron respiradores. Desde el Ministerio de Desarrollo productivo trabajamos con el Ministerio de Salud para asegurar que no faltaran los insumos críticos. Y veíamos las imágenes en otros países de familias peléandose en la puerta de los hospitales por tubos de oxígeno. Esto no pasó acá. Y así con un montón de cosas. El ATP que cuidó los empleos. Cuando esto pase, la mirada que hay hoy, que está muy influida por la coyuntura, va a cambiar.
-¿La crisis política del Frente de Todos llevó a la crisis económica, o al revés?
-La crisis política llevó a la crisis económica. No tengo ninguna duda. Me fui del gobierno a fines de junio del año pasado y el dólar paralelo estaba a $ 205, la inflación en 60%, la economía estaba creciendo y bajaba el desempleo. Había condiciones para ajustar la política económica y enfrentar el salto inflacionario que planteó la guerra en Ucrania. Para generar un mejor escenario. Pero la crisis política, la indefinición de esta discusión en los más altos niveles del Frente de Todos eclosionó sobre fines de julio y llevó el paralelo a $ 350 y la inflación arriba del 100%. No tengo la menor duda de que con un gobierno cohesionado hubiésemos tenido mejores resultados. Seguramente hubieran persistido problemas pero seguro no se hubiese producido la crisis tan fuerte desde julio. El salto de la inflación se alimentó también por la crisis política.
-¿Cómo ves la gestión de Massa?
-Creo que hace lo que puede en un escenario difícil. Asume en una crisis acelerada por la crisis política. Las primeras medidas le dieron resultado pero luego apareció otro flagelo que es la sequía. No es habitual que todas caigan en el mismo gobierno. Estamos hablando en un escenario que ya es de transición.
-¿Y dónde te ves vos participando de este debate siglo XXI?
-A mí me interesa poner en blanco sobre negro muchas discusiones. En Argentina en general y en el peronismo en particular no hay mucho debate. Hay una suerte de intercambio de jactancia, donde cada uno grita su verdad, muchas veces sin ningún tipo de fundamento. Se hablaba de festival de importaciones. Y los números no dicen eso. Se critican los pagos de deuda privada y hay que ver por qué pasó eso. Hay que ver por qué no se generaron divisas en el sector energético. Quiero discutir seriamente cómo debería estructurarse el peronismo del siglo XXI, sobre todo pensando en los desafíos que enfrenta la Argentina. Y dejar de discutir falsas antinomias, como mercado interno o exportación o minería contra medio ambiente. Hay que crecer exportando más y con un mercado interno vigoroso. Hoy el camino es producir, cuidando el ambiente. Y Argentina debe desarrollar las nuevas industrias verdes. Eso quiero poner sen blanco sobre negro.
-En el libro hay ideas y definiciones llamadas a provocar polémica en el peronismo. Como las referencias a la economía popular o la propuesta de cambios en la legislación laboral.
-Probablemente sea provocador pero algunas cuestiones son básicas. Yo trabajo desde hace muchos años con pymes y coopoerativas. Creo que son fuerzas muy importantes en la estructura productiva y tengo un montón de experiencias de empresas recuperadas, muchas de Rosario. Pero veo a algún sector de lo que se llama economía popular que habla de otra cosa. No de formalizar cooperativas, ayudarlas a que produzcan más para que los trabajadores ganen más. Su idea es llenar de planes sociales la Argentina, sostener cooperativas que sólo subsisten con subsidios. Eso no es peronismo ni creo que sea bueno para la Argentina. Creo que son discusiones que hay que darlas y con todo respeto, entre compañeros. Hay que salir del intercambio de jactancias y encontrar una síntesis aglutinadora, que nos represente colectivamente. Se perdió esta dinámica en los últimos años y quizás tenga que ver con que, a pesar de lo que se dice, en Argentina no hay dos proyectos sino tres o más. Y tampoco está mal que se reorganicen las estructuras. A mí no me gusta el FMI y fue un error garrafal volver allí, pero creo que el acuerdo que se firmó en el gobierno de Alberto Fernández fue bueno dentro de las condiciones que había. Ahora, veo sectores del peronismo que tienen un discurso que se parece al del FIT, por el cual tengo mucho respeto pero es otra fuerza política. Como también hay sectores de Juntos por el Cambio que parecen más cercanos a Milei y gente del radicalismo que está más cerca del peronismo no kirchnerista. A lo mejor es un momento para repensar los proyectos. Seguramente no en estas elecciones pero sí para más adelante.