Jockey Club: mujeres que convencieron a maridos, padres y hermanos para llegar a ser socias
"El estatuto tenía 120 años y la sociedad cambió mucho en esos años", destacaron tras la histórica asamblea que logró modificar las normas de la entidad

Martes 07 de Diciembre de 2021

Ahora que las mujeres se ganaron el derecho de ser socias plenas del centenario Jockey Club es hora de que ellas tomen la palabra. Es que el proceso, que se inició hace ya muchos años y que llevó a mediados de este 2021 a presentar un proyecto concreto para la reforma de los estatutos, fue encabezado por los dirigentes varones de la entidad deportiva -al menos en la primera plana- y solo ellos estaban habilitados a levantar la mano y aprobar esas modificaciones en la asamblea que así lo confirmó pocos días atrás.

Sin embargo, hubo algunas mujeres que detrás de escena hicieron “un trabajo fino y de concientización” para que padres, abuelos, esposos y hermanos habilitaran el cambio. Claro que las historias son singulares, y sobre la decisión que tomen quienes hoy forman parte de la vida del club como “adherentes” de los varones de su familiar de gestionar (o no) ser socias plenas, hay consenso de que “el estatuto tenía 120 años y la sociedad cambió mucho en esos años, había que cambiarlo”.

María Eugenia Torio fue desde chica parte del club junto a su familia de origen, padre, madre y tres hermanos, de los cuales las mujeres eran parte del grupo familiar como adherentes a su padre. Jugó al hockey hasta los 18 años, y cuando los estudios superiores pasaron a ser su prioridad se borró.

“La facultad se llevó casi todo mi tiempo”, cuenta la doctora en física, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que con los años se casó con un socio de club y volvió, pero esta vez como adherente de quien ahora es su ex marido.

“Cuando me divorcié se vino la noche en eso y en muchas otras cosas más”, cuenta sin ahorrar una cuota de humor, pero lo cierto es que tuvo que salir a buscar un varón, socio pleno, al que pudiera “adherirse” para poder seguir participando de la vida del club _que confía que disfruta mucho_, un espacio donde además tienen actividades sus dos hijos.

Aunque reconoce que “no hubo ninguna traba” por parte de los directivos, sino todo lo contrario, “una voluntad permanente de encontrar una solución”, recordó la mujer, la salida posible ante la normativa que aún impedía convertirla en socia plena la dejó en un lugar que sintió cuanto menos incómodo.

“Terminé siendo adherente de mi hermano, y la verdad, es fulero”, afirma María Eugenia e insiste: “Tengo 48 años, soy doctora en física, me mantengo con mis ingresos, soy jefa de familia y sostén de hogar, no tengo por qué estar a cargo de mi hermano”.

Convencerlos

El cambio de estatutos aprobado la semana pasada a María Eugenia le permitirá ser socia plena y eso, señala, la pone “muy contenta”. Pero su historia es la de muchas otras que empezaron a ver que de no modificarse el estado de cosas, serían no solo ellas mismas, sino sus propias hijas las que no podrían tener continuidad en los espacios del club de no tener el “paraguas” de un varón de su familia.

“El estatuto tenía 120 años y la sociedad cambió, fue útil durante más de un siglo, pero había que modificarlo y aggiornarlo porque hoy el escenario es otro”, señaló María Eugenia.

Sofía Echesortu contó que tiempo atrás se conformó un grupo de WhatsApp de “mujeres de treinta y pico” que tenían la inquietud y que mantenían informadas al resto. “A veces nos reíamos y decíamos, no se les ocurrió hace 120 años que sus hijas podían casarse con alguien que no era socio del club, o que podría no casarse o vivir en concubinato”.

Y señala que lo que generó mayor movimiento y encendió la chispa de muchas fue “el temor de ver que no solo existía el riesgo de que al depender de terceros ellas mismas tuvieran que dejar de ser parte de la vida del club, sino sus propias hijas” y agregó: “Ya sea porque los abuelos ya no estaban o porque se habían divorciado, estaba en riesgo su continuidad y eso movió el avispero”.

Así, fue que aunque no levantaron la mano durante la asamblea, muchas de ellas fueron las que “hicieron un trabajo de concientización, una cosa que sucedió hacia el interior de cada familia porque la modificación dependía de los hombres y hubo que buscar una estrategia para convencerlos de que votaran a favor de sus propias mujeres e hijas, y a los mayores y más tradicionalistas, sobre todo se le hizo hincapié en que sus nietas puedan seguir formando parte del club”.

En la informalidad

Actualmente, las mujeres conforman un porcentaje importante entre las más de 14 mil personas que integran el club e incluso son las que mayoritariamente participan de las actividades, sin estar consideradas dentro de los casi 5 mil socios plenos que tiene la entidad.

Sin embargo, ellas afirman que aunque “en negro”, siempre se las arreglaron para participar. “Aunque no tenían las designaciones siempre lo hicieron de formas alternativas porque aunque no podías ser integrante de una comisión por ejemplo, al hockey de mujeres siempre lo movieron las chicas, y detrás de las designaciones formales muchos deportes le deben su desarrollo a las mujeres”, sumó Sofía.

María Eugenia destaca que “hay mujeres que son managers de los equipos juveniles de rugby, viajan con los varones, gestionan, y están” y señaló que un paso fuerte que se dio en plena pandemia fue la puesta en marcha de un espacio de fútbol femenino tanto para niñas como para mujeres.

“Hoy en adultas son más de 80 mujeres las que están participando, y eso que empezó para las madres de las nenas que hacían fútbol se transformó en algo independiente y somos muchas las que participamos”, contó.

Lo cierto es que para Sofía, probablemente el cambio en las normativas del club “no provoque que masivamente las mujeres mayores de 18 años vayan a gestionar su habilitación como socias plenas” y aclara que aún muchas cosas están por verse, como las cuotas societarias y la conformación de los grupos familiares.

Así, sin dudar, ambas celebraron en nombre de muchas otras “la posibilidad de un derecho y de no depender de nadie”.