Sábado 13 de Agosto de 2022
Con la consigna de mirar el pasado para recrear el presente, la docente Dora Ciappini rinde tributo a la Escuela Nueva latinoamericana a través de su libro "La escuela de Olga y Leticia Cossettini". Una obra publicada por Editorial Chirimbote que analiza desde una mirada presente los principios que dieron origen a este movimiento pedagógico en el continente, repasa experiencias nacionales, y hace foco en la historia de las hermanas Cossettini, para ir al rescate de su legado.
Ciappini es maestra normal nacional y licenciada en educación. Comprometida con proyectos educativos innovadores, transitó por distintas escuelas del país y desde 2010 acompaña a instituciones educativas de gestión social y cooperativa de Córdoba. En una charla con La Capital cuenta sobre sus maestros, su encuentro con la experiencia Cossettini y reflexiona sobre una Escuela Nueva posible, donde los chicos y las chicas sean el centro y las aulas estén en todos lados. “El desafío es una escuela liberadora y democratizadora que permita reflexionar sobre la práctica educativa”, afirma la docente. Dice que para tal logro es clave la construcción de aprendizajes basados en las experiencias vividas entre los estudiantes y el medio, y la relación vincular entre niño y docente.
El libro, que será presentado el 15 de setiembre a las 17.30 en la Escuela Carrasco (Agrelo 1798), cuenta con prólogo del pedagogo Gabriel Brener y suma un apartado de la docente Amanda Paccotti, que relata la experiencia de la Escuela Carrasco vivida en primera persona.
—¿Por qué te abocaste a escribir sobre las hermanas Cossettini, qué te motivó a ese rescate?
—Esta pregunta me lleva a mis orígenes y trayectoria como docente. Soy maestra normal nacional y apenas egresada comienzo a trabajar en una escuela en la ciudad de Buenos Aires, con un proyecto educativo que se nutre de pedagogos del movimiento Escuela Nueva. Allí, Luis Parrilla —que también está en el libro— me da tres textos para leer. Uno era Vida de un maestro de Jesualdo Sosa, otro Si yo volviera a ser niño de Januz Korczak y El niño y su expresión de Olga y Leticia Cossettini. Desde ese momento ellas fueron inspiradoras de lo que sentí y siento que debe ser la educación y la escuela como institución. Transité mis años en el sistema llevando la pedagogía cossettiniana donde sea, y no por casualidad termino mi carrera profesional en el sistema en el Instituto Olga Cossettini de la ciudad de Córdoba.
—Decís en el libro que el legado de las Cossettini cruza toda la currícula de la escuela, ¿podés explicame esta idea?
—Como decía Leticia Cossettini, “nosotras trabajábamos los contenidos de la currícula oficial pero vivificados”. Todo diseño curricular es un compendio de propuestas, propósitos, contenidos y estrategias que cada escuela debe conocer para construir colectivamente su proyecto. Ahí es donde estas pedagogías se diferencian de la tradicional, donde el contenido es el eje por donde pasa todo el hacer con les niñes. En cambio, en la pedagogía cossettiniana todo el hacer pasa por les niñes y sus capacidades como centro, creando estrategias y metodologías que pongan en juego el hacer, el sentir y el pensar. Desde este lugar el aula estaba en todos lados, el patio, la vereda, la plaza, el puerto. El arte, el juego, la investigación concreta, vivificada y el trabajo en equipo eran las formas de vivir los aprendizajes de vida y para la vida.
—La pedagogía de las Cossettini se sustenta sobre todo en el respeto a la niñez. ¿Creés que esa es una deuda que tiene la escuela tradicional?
—Bueno, esto se condice con lo que te decía sobre la currícula, desde dónde se construyen los proyectos de cada escuela. La escuela tradicional no tiene en cuenta a les niñes como protagonista sino a los contenidos y las evaluaciones como fines de los aprendizajes. Cuando se tiene en cuenta a les niñes y sus capacidades, y a la escuela como espacio de encuentro o como pequeña sociedad en acción, no pasa lo que se está viviendo hoy después de la pandemia. Hay un clima de tener que recuperar los contenidos perdidos y no se está trabajando sobre los saberes obtenidos durante la pandemia, que van más allá de lo curricular. Tampoco se está pudiendo ver lo emocional y relacional que sí tenemos que recuperar. ¿Cuánto tiempo se dedicó en cada escuela a escuchar a les niñes sobre cómo vivieron la pandemia? Sus miedos, la falta de sus amigues de la escuela, las cosas quisieran hacer ahora, y tantas cosas más. Como dice Tonucci, si las casas fueron como rincones y laboratorios, ¿por qué no transformar la escuela en eso?
—¿Por qué creés que de la Escuela Nueva se reconocen más referentes europeos que latinoamericanos?, ¿Tiene que ver con una suerte de colonialismo cultural, hay una deuda con las Cossettini?
—Esta pregunta toca un tema que me molesta mucho, porque en los profesorados docentes, en la sociedad y en los medios se habla de las escuelas Montessori, Waldorf y no se conocen las escuelas Cossettini y otras que son de Latinoamérica. Y más específicamente de escuelas innovadores del Río de la Plata. Amanda Paccotti hace un juego cuando está en algún encuentro con docentes y les pide que levanten la mano a ver quién conoce a las Cossettini, a Jesualdo, a Luis Iglesias y nadie, o muy pocas personas, levantan la mano. Les dice Montessori o Waldorf y la mayoría levanta la mano. Creo que sí es colonialismo cultural, que no es diferente en otras cosas en nuestro país. Yo no sé si hay una deuda con las Cossettini y otres pedagogos latinoamericanos. Creo que recuperar esto es haciéndoles conocer. Este es el objetivo de la Red Cossettini y también de este libro que escribí.
—Cuando hacés referencia a Olga y Leticia hablás de “romper el molde para transcender a su tiempo”. ¿Cuál es el legado que dejaron estas dos docentes, hay una Escuela Nueva posible?
—En este capítulo que mencionás, hablo de Olga y Leticia como mujeres feministas de su tiempo. Es una faceta menos conocida y muy importante, y se condice con la pedagogía que implementaron en la Escuela Serena. Ambas tuvieron mucha participación en la cultura y la sociedad en ese momento, por eso era tan importante para ellas en su escuela la formación de un ciudadano comprometido, crítico y participativo. Hay una Escuela Nueva posible siempre que haya docentes que no pierdan la utopía, que sientan que ser docentes es un desafío como trabajadores defendiendo sus derechos y como profesionales, entendiendo la importancia de capacitarse siempre, de leer, de buscar otras maneras de enseñar y por sobre todo, que el centro del proceso de aprendizaje sea el encuentro con les niñes. Valorizarles, escucharles, que les enseñen elles al docente y les docentes a elles, compartiendo saberes para crecer. Les maestres tiene la capacidad de poner en juego los aprendizajes desde otras maneras diferentes a las que aprendieron. Tienen que deconstruir el ser docente conocido, individualista poseedor del saber para ir construyendo colectivamente desde el sentir y en el hacer una nueva forma de enseñar. Nada acabado, sino en constante movimiento. No esperar que las cosas vengan de arriba o que tengan que pedir permiso para un hacer pedagógico diferente. Con fundamentación y sabiendo lo que buscan pueden construir una Escuela Nueva posible.