Frente a la cultura narco hay que oponer la cultura de la solidaridad
En las zonas de mayor pobreza y exclusión, los consumos son chalecos para castrar el potencial de rebeldía de pibas y pibes

Sábado 12 de Febrero de 2022

Al menos más de 20 personas murieron y decenas tuvieron que ser internadas, algunas con cuadros de gravedad, tras consumir cocaína supuestamente alterada con fentanilo y sufrir severas intoxicaciones en la zona oeste del Gran Buenos Aires. A los pocos días volvió a repetirse la situación, aunque en menor escala, con personas que residen en la zona sur de Rosario.

Hemos asistido en estos días a opiniones y debates sobre el tema, epidérmicos en la mayoría de los casos, y que no sobrevolaban el nivel de un sensacionalismo anecdótico. Pero lo que nos está reclamando la sociedad a funcionarios públicos, periodistas y especialistas en el tema es una explicación causal de hechos que derivaron en el genocidio de Puerta 8. Planteo necesario para elaborar estrategias preventivas y evitar la expansión del fenómeno, como ya ocurrió en Rosario.

Aventuro entonces una primera interpelación a la eficacia de las políticas públicas que se aplican sobre drogas. Si de registros de la realidad se trata, muy pocas personas —algún funcionario o un legislador poco informado— podrían aprobar los resultados logrados. Lo que el ciudadano percibe es el aumento exponencial de la actividad del narco, y consecuentemente el crecimiento desbordado de consumos legales e ilegales.

Es cierto que se han realizado —particularmente desde Sedronar y de Aprecod (Agencia de Prevención del Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones)— actividades importantes, entre ellas la creación de espacios de contención denominados Centros de Atención y Acompañamiento Comunitarios (Caac). Sin embargo, a pesar del aumento de tantos espacios y lugares saludables, que suponen el aporte desinteresado de mucha gente, las organizaciones narcomafiosas continúan creciendo, gestando metástasis en barrios y poblaciones, corrompiendo el tejido social, produciendo situaciones de violencia letal en nuestras calles —Rosario es lamentable ejemplo de esto— e inundando de sustancias a la población, con el consiguiente aumento de los consumidores.

"Millones de compatriotas viven en condición de privación de sus necesidades. La mitad de la población vive debajo de la línea de pobreza" "Millones de compatriotas viven en condición de privación de sus necesidades. La mitad de la población vive debajo de la línea de pobreza"

Entronización del narco en el cuerpo social, a la sombra de espurios intereses, donde están comprometidos sectores de las fuerzas de seguridad —en la provincia tenemos varios jefes policiales procesados por sus relaciones narcos—, con algunos miembros del Poder Judicial, empresarial, político y fundamentalmente con las corporaciones financieras y bancarias. Cada tanto se produce un allanamiento a alguna cueva financiera, donde saltan a la vida su complicidad en los lavados de activos criminales.

El otro polo que permite producir hipótesis sobre los crímenes mencionados es comprobar que millones de compatriotas viven en condición de privación de sus necesidades básicas. La mitad de la población vive debajo de la línea de pobreza y el 10 por ciento en la indigencia.

Como bien lo han planteado estudiosos del tema, este vivir en desvalimiento provoca situaciones de vulnerabilidad social, emocional, cognitiva y neuronal. Crece la cantidad de personas que han erosionado sus dispositivos internos para enfrentar operativamente los conflictos de la cotidianeidad. Esta discapacidad les provoca un aumento del malestar, que muchos acallan con el consumo de sustancias psicoactivas legales e ilegales. Además, los efectos de la pandemia han impactado en estas subjetividades multiplicando las situaciones de desamparo material y simbólico.

No podemos pasar por alto el poder enajenante que tiene sobre la subjetividad la cultura consumista —traccionada por el mercado— y los enfoques posmodernistas, que propugnando una modalidad hedonista de vida, han incrementado los aspectos narcisistas de la población. Cuestión que explica la difusión de los consumos recreativos en sectores sociales de alto poder adquisitivo. Por cierto que esta cultura tóxica incide en la configuración de estilos de vida, donde se van opacando los comportamientos solidarios y priman conductas individualistas, egoístas y violentas. El otro como semejante es reemplazado por la relación con una sustancia química, donde se busca un goce espurio, de corto plazo y alto costo.

El narco y sus letales mercancías son un virus peligroso que afecta a las raíces de la democracia. Si bien son agrupamientos minúsculos, y que quienes nos oponemos somos mayoría, cuentan con la fuerza que les proporciona la protección del poder y un cierto poder de fuego.

"Mientras nuestros jóvenes y la población en general no tengan trabajo digno estarán expuestos al conchabo del narco o para servir como soldaditos" "Mientras nuestros jóvenes y la población en general no tengan trabajo digno estarán expuestos al conchabo del narco o para servir como soldaditos"

Claro que entre otras inequidades, el sistema de comercialización, distribución y consumo forma parte de un dispositivo de control social al servicio de las clases dominantes. Mecanismo que opera sistemáticamente en los grandes centros urbanos, particularmente en las zonas de mayor pobreza y exclusión, lugares donde los consumos son chalecos diseñados para castrar el potencial de rebeldía de los pibas y las pibas de esas barriadas.

Los consumos de sustancias químicas alteran los sistemas de registro de la realidad y con ello la posibilidad de elaboración y de una práctica transformadora, que desafíe a una sociedad clasista que oprime, excluye y explota a las mayorías.

De allí la importancia vital de enfrentar a estas formaciones narcocriminales y a la cultura tóxica con el poder que despliegan las fuerzas populares cuando se organizan tras objetivos consensuados. A la cultura narco hay que oponer la cultura que brota de la solidaridad, la cooperación y el compromiso de la mayoría.

Superar esta situación implica operar en tres niveles interdependientes:

1. En lo infraestructural, es la lucha por trabajo, por vivienda y por salud. Transformar las condiciones que afectan a la vida de los pueblos, como el peso de la rémora de las concentraciones agrarias latifundistas, y de las corporaciones imperialistas que se quedan con la riqueza que producimos. Mientras nuestros jóvenes y la población no tengan trabajo estable y digno, estarán expuestos al conchabo del narco para servir como soldadito o atender un búnker, y a sufrir las inclemencias a las que los condena un sistema expoliador y explotador.

2. En el campo de la salud, democratizar los sistemas de atención con instancias preventivas y terapéuticas para todas las personas afectadas por los consumos. Hay que avanzar en instalar en cada barrio un dispositivo que desarrollamos en Vínculo. Consultorías que funcionen en espacios visibles para la gente, que puedan atender situaciones de crisis, que establezcan redes con todas las instituciones de la sociedad civil donde elaborar estrategias preventivas y capacitar a la comunidad en estos temas. Pienso que hoy esta implica sembrar de Caac el tejido social y que funcionen en cada barrio y localidad del país.

3. En el terreno de la vida pública tenemos que bregar por constituir cabildos populares de la democracia. Foros donde las instituciones del barrio y la gente pueda reunirse para discutir y proponer iniciativas que favorezcan las condiciones de vida de su lugar. Conjuntamente con la democracia representativa debemos fundar modalidades de democracia directa. Que sean lugares de encuentro donde se forje la cultura solidaria necesaria para oponerse al narco. Donde periódicamente concejales, legisladores y funcionarios, con los responsables de las comisarías y de otras oficinas estatales, tengan que escuchar la voz del vecino y dar cuenta de la labor de sus organismos.

4. Es imprescindible en esta complicada situación pugnar para que se declare la emergencia social de los consumos. Hay que disponer inmediatamente de los recursos humanos especializados y de los económicos para abordar esta pandemia de consumos.