El plan Milei, en la encrucijada del segundo trimestre

Los economistas debaten sobre la sostenibilidad de la actual estabilidad cambiaria. La urgencia por los dólares y la guerra contra el salario

Domingo 14 de Abril de 2024

En momentos en que la calle vuelve a encresparse, el gobierno apela a la “estabilidad” cambiaria alcanzada tras la brutal devaluación de diciembre para justificar el costo social de su plan económico y proponer una perspectiva de mediano plazo. Menos salario a cambio de dólar calmo es el combo que ofrece. Lo primero, lo está logrando, lo segundo es un trabajo en proceso, con de resultado incierto.

Tras el shock devaluatorio, inflacionario y fiscal, el ministro de Economía logró estabilizar por el momento el frente externo. El Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) destacó las medidas que lo hicieron posible: subió impuestos a los importadores, tomó deuda en dólares con ellos y les retaceó más divisas que el propio Sergio Massa. La caída de la actividad frenó la demanda y el sostenimiento del cepo cambiario limitó la fuga. En palabras de Emanuel Alvarez Agis, economista de PxQ, Caputo “aprendió” del fracaso del gobierno de Macri, que liberó el mercado cambiario desde el inicio. “Está haciendo una autocrítica en gestión”, chicaneó.

Para completar el cerrojo, avanzó con el “saneamiento del BCRA”, que en rigor es “la licuación de sus pasivos en pesos por la vía de la aceleración inflacionaria junto a la baja de las tasas de interés”, señala el Ceso. El jueves dio un paso más cuando bajó otros 10 puntos la tasa de referencia.

Ese esquema permitió recuperar reservas aunque en un porcentaje bastante menor a las compras realizadas en el mercado cambiario. El centro de estudios pone en duda que se consolide esta acumulación. “En primer lugar porque el torniquete al pago de importaciones y la emisión del Bopreal generan compromisos sobre esas reservas”, señala. En segundo lugar, porque “el atraso del tipo de cambio limita los incentivos de exportadores para liquidar”.

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Gustavo Idígoras, presidente de Ciara - CEC, expuso públicamente las condiciones del sector durante una entrevista en la que advirtió que “las 100 millones de toneladas de la cosecha gruesa solo van a salir de los campos, los acopios y las cooperativas si se consigue un mejor precio”. Las alternativas: bajar retenciones, mejorar el dólar blend (su atractivo cayó con la brecha cambiaria) o devaluar.

Los economistas del Ceso ven aquí una encerrona. Una baja en las retenciones podría acelerar la comercialización, pero debilitaría el frente fiscal, mientras que una devaluación generaría un nuevo salto inflacionario.

Por ahora, el ministro de Economía mandó algunas señales, como la rebaja de aranceles para la importación de herbicidas y fertilizantes. Parecen insuficientes frente a la queja generalizada del sector agropecuario sobre el ajuste de sus márgenes. La parálisis de la inversión en maquinaria agrícola pese a la recuperación de la cosecha materializa ese diagnóstico. Un informe que circula en el sector describe la “pérdida de competitividad del agro”, comparando el valor de la tonelada de soja y maíz respecto del litro de gasoil. En el primer caso, el poder de compra bajó de 454 litros a 261 litros entre noviembre y marzo. En el segundo, de 229 a 153.

“Hay una notable pérdida de competitividad desde noviembre”, indica. Y advierte que, “si el gobierno no adopta medidas” para mejorar los precios relativos de la soja y el maíz se observará “una fuerte ralentización en la liquidación de divisas”, con productores vendiendo lo justo para afrontar gastos corrientes. Este escenario, concluye, es de “alto riesgo productivo para el pequeño y mediano productor de zonas no núcleo”.

Pero también es un riesgo para los planes oficiales. La apuesta del mercado cambiario por el ajuste podría invertirse en el momento que el saldo del Central se muestre vendedor por varios días seguidos.

“La primavera financiera viene del lado de quienes piensan que se busca consolidar un cambio en la distribución del ingreso para que Argentina sea un país con salarios mucho más baratos”, señala el economista Lavih Abram, del Mirador de la Actualidad, el Trabajo y la Economía (Mate). Pero su duración está asociada al resultado que brinde “la estrategia de acumular reservas pisando el pago de importaciones hasta que llegue la liquidación de la cosecha”. La clave de lo que va a pasar “está en cómo maneje el gobierno la presión devaluatoria de los exportadores”, agregó.

Mientras tanto, Milei busca divisas en un nuevo endeudamiento externo. Dijo que necesita u$s 15.000 millones y seguir licuando los pasivos remunerados del BCRA para levantar el cepo. Pero pese a los múltiples gestos de alineamiento con EEUU, el FMI por el momento se resiste a hablar de un nuevo programa con dólares frescos. Por las dudas, el presidente ordenó a su canciller que viaje a Brasil y China para cicatrizar las heridas que él mismo abrió.

Para el economista de la Fundación Mediterránea Jorge Vasconcelos, las medidas del presidente conforman un “plan de transición”. Pero,”faltan objetivos a cumplir”, emplazó. Y repasó: “Darle salida a la demanda reprimida de divisas por dividendos, reducir los flujos de pesos para los que todavía no hay demanda (intereses de los pases), resolver la inflación en dólares y precisar el régimen monetario cambiario en el que esta transición habrá de desembocar”. Con esos u$s 15 mil millones, razonó, “necesitará cada vez menos de la tasa para encontrar un equilibrio entre el peso y el dólar en un eventual régimen de competencia de monedas”.

Abram, de Mate, advierte también sobre la “inconsistencia” fiscal. “Es muy difícil de sostener el actual superávit fiscal porque está cayendo también la recaudación”, alertó. Y se preguntó: “¿Va a ser sostenible esto o va a requerir una segunda ronda de ajuste aún más brutal?”. Su respuesta es la segunda. Si es así, se complica las chances de ver “una recuperación en V”.

En este ring se pelea el segundo round del proyecto de ley Bases, que incluye un nuevo plan de movilizaciones y paro de las centrales obreras.