Domingo 17 de Septiembre de 2023
Las elecciones del domingo dejaron al peronismo santafesino en el peor de los mundos: sin ciudadelas donde replegarse, con los principales liderazgos cuestionados y al menos cuatro largos años de marcha por el desierto por delante.
Hace tiempo que el peronismo venía preparando los guardabarros y los airbags pero el golpe igual fue duro. Las múltiples secuelas de la pandemia, las derivaciones de la guerra entre Rusia y Ucrania, la sequía récord, la mochila del Frente de Todos y, sobre todo, el incumplir la promesa de la paz y el orden permitían anticipar que el resultado del plebiscito de la gestión de Omar Perotti sería negativo.
A pesar de las obras y medidas como el Boleto Educativo Gratuito y Billetera Santa Fe, la relación entre el grueso de la sociedad y el peronismo estaba rota. “Cuando la gente te picó el boleto no hay nada que hacer”, decía un consultor en la previa de las elecciones.
Más allá de las luces y sombras de una gestión que abordó problemas que, es cierto, no empezaron el 11 de diciembre de 2019, el talón de Aquiles fue la política. El gobernador no quiso, no supo o no pudo conducir la larga mesa de un peronismo donde cada vez hay más sillas.
En prácticamente todos los campamentos peronistas sienten que construyeron el ascenso de Perotti a la Casa Gris, y una vez sentado en el sillón de Estanislao López el rafaelino les pateó la escalera. A los pocos lugares en un gabinete donde regresaba a las primeras líneas del Estado el funcionariado del reutemismo y del obeidismo se sumó la guerra fraticida con el Senado, que tuvo a Marcelo Sain en un lugar destacado en la sala de situación.
“Omar llegó al gobierno con un peronismo unido y una oposición dividida, y se va con un peronismo dividido y una oposición unida”, subraya un experimentado armador del justicialismo, que lamenta que el ex senador nacional no agotó todos los recursos con los que cuentan los oficialismos para garantizar la fragmentación del campo adversario.
Ironías de la aritmética electoral. En las generales de este domingo Marcelo Lewandowski obtuvo 540 mil votos. En 2015, Miguel Lifschitz ganó con 584 mil votos. La diferencia es el formato de competencia. Hace ocho años era un triangular, con la fusión del Frente Progresista y Juntos por el Cambio la pelea se transformó en un mano a mano.
Si bien el ensamblaje de casi todo el arco no peronista movía el péndulo hacia la alternancia, la dirigencia justicialista no logró ni siquiera ralentizarlo. En algún punto, incluso lo aceleró. El camino para tratar de retener el poder ya arrancó con el pie izquierdo: con un acuerdo en modo Cenicienta al filo de la medianoche, desconfianzas recíprocas y quejas cruzadas por niveles bajos de conocimiento y falta de apoyo. “¿Qué le da él a Omar, qué le suma?”, deslizaban en el perottismo cuando la negociación se empantanaba por los supuestos pedidos desmedidos de Lewandowski.
Con el resultado puesto, se escucha más fuerte el lamento de quienes querían que el excomentarista del Fútbol para Todos peleara por la Intendencia en su pago chico. Con muy buenos números de intención de voto —de hecho, el departamento Rosario fue el más parejo en la competencia contra Pullaro, 46% a 39%— Lewandowski podría haberse subido a la ola de cambio y comandar el Ejecutivo de la tercera ciudad del país.
Sin embargo, el exsenador provincial había descartado esa opción en las primeras rondas de rosca. Veía que tanto provincia como Nación iban a camino a teñirse de otro color y que sin el salvavidas de los otros niveles del Estado su gobierno podía hundirse en el mar de la ingobernabilidad.
Ya es el terreno de la ucronía. En este multiverso Unidos gobernará cinco de las seis grandes ciudades de la provincia —Rosario, Santa Fe, Villa Gobernador Gálvez, Venado Tuerto y Rafaela— y el PJ sólo una: Reconquista.
Además, el peronismo será casi un espectador en la Legislatura que viene, que tendrá su centro de gravedad en Unidos. Si bien esta semana dijo a la periodista María Herminia Grande que tenía decidido no presidir la Cámara baja, lo cierto es que Perotti no consiguió el poder de veto que sí se llevaron sus antecesores Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, y entrará a Diputados en un contingente de diez legisladores del que podrían desprenderse uno o varios bloques unipersonales.
Sólo cinco pertenecen al núcleo leal a Perotti: el propio gobernador, Sonia Martorano, Celia Arena, Walter Agosto y Marcos Corach. Miguel Rabbia responde a Lewandowski y Lucila De Ponti, Alejandra Rodenas, Juanjo Piedrabuena y Verónica Baró Graf llegaron a la boleta de Juntos Avancemos desde otras listas que compitieron en las Paso.
“Que se hagan cargo los que nos trajeron hasta acá”, dicen desde un espacio que ve con cero entusiasmo compartir bloque con el mandatario saliente y sus principales espadas en la gestión. “No hay futuro ahí”, sentencian.
Sin peso numérico para incidir en las votaciones, al peronismo sólo le queda la opción de usar las bancas como tribuna y tratar de hacerle pagar costos políticos a la administración Pullaro ante la opinión pública. El libreto del Frente de Izquierda, reescrito en clave nacional y popular.
Se trata de una situación inédita especialmente para los senadores que lograron resistir la ola de cambio. Acostumbrados a estar en mayoría y a oficiar de nexo entre su territorio y la provincia y habituados al papel de garantes de la gobernabilidad, los jefes departamentales deberán adaptarse a un escenario donde el peronismo ni siquiera llega al tercio de los votos. Cambio de época.
En el llano y sin el resguardo de ninguna estructura de poder, el PJ deberá encarar una reconfiguración del liderazgo. Perotti adelantó que acompañará pero que no presidirá el bloque, que pasará un largo tiempo en silencio y que se dedicará a escribir. Seguramente querrá observar la marcha de la gestión Pullaro, los reacomodamientos internos y si la realidad le da la oportunidad de regresar a escena.
Después de recorrer todos los escalones del poder, Perotti reunía varias condiciones para proyectarse como presidenciable: un gobernador peronista moderado y de la zona núcleo pero que tenía puentes con Cristina.
Sin reelección y sin un delfín competitivo, y con una gestión que no respondió ante la principal demanda, el intento de esculpir un santafesinismo a imagen y semejanza del modelo cordobés de Schiaretti y de la Sota terminó en un peronismo bajas calorías rechazado tanto por sus exsocios como por la mayoría de los votantes-consumidores.
Pese a que fue el peronista más votado, también Lewandowski tiene un camino escarpado hacia 2027. Deberá hacer un upgrade y pasar de candidato a conductor. Recorrer la provincia, juntarse con los jefes de las distintas tribus, bordar y ofrecer un proyecto que contenga a todos y expectativas. Sin embargo, en este marco nadie se casa con nadie y podrían ganar mayor protagonismo referentes territoriales del peronismo, como el intendente de Funes, Roly Santacroce.
Al mismo tiempo que Massa fuerza al máximo la máquina para llegar competitivo al balotaje, el peronismo santafesino entra en un estado deliberativo. En medio de los pases de factura, el PJ busca nuevos liderazgos y una renovación de ideas para encarar la travesía por el desierto al que lo arrojó la voluntad popular.