Pullaro y Kicillof, federalismo en defensa propia y postales de un cambio de época. Milei, de cabecilla de la revuelta federal al centralismo recargado. Las vueltas del Pacto de Mayo: de escenificación de una nueva mayoría a un posible unipersonal
Domingo 19 de Mayo de 2024
Jugadores importantes en un tablero político que todavía se está armando, los gobernadores se mueven entre dos niveles. En ambos, la variable clave es el lugar que ocupa Javier Milei en la escena y lo que hace (y deja de hacer) el presidente.
El primer nivel, y el más urgente, es el de la gestión. La jibarización del Estado nacional y la asfixia financiera a las provincias alimentan un federalismo en defensa propia. Los gobernadores buscan tender puentes que conecten a sus distritos más allá de las distancias partidarias.
En ese plano entra el convenio sobre seguridad que firmaron este viernes en Rosario el santafesino Maximiliano Pullaro y el bonaerense Axel Kicillof. Dos políticos profesionales, de gestión, que cultivaron desde diciembre un vínculo sólido y están en comunicación permanente. Para horror de los talibanes de ambos lados de la frontera. Y del propio Milei, que caracterizó al peronista como un "salvavidas de plomo".
Ese diálogo fluido decantó en la primera ayuda de Buenos Aires con 80 patrulleros. Una movida que generó ruidos con el gobierno nacional porque descalzaba al ministerio que conduce Patricia Bullrich. En ese primer tramo de la gestión, señalan funcionarios que intervienen en la agenda de seguridad, el gobierno nacional no retaceaba asistencia pero tampoco era contundente.
La firma de los acuerdos de San Nicolás y Rosario profundizaron la colaboración entre Santa Fe y La Plata, que trasciende la cuestión de la seguridad. Por ejemplo, ambas provincias comparten río y empresas instaladas aquí y allá.
De todos modos, la seguridad es el principal mandato y será la vara con que la sociedad medirá la gestión Pullaro. En ese frente de batalla no sobra ningún recurso. Venga de donde venga.
En el círculo del gobernador comparan la drástica caída de los homicidios respecto al año pasado y tienen a mano estudios que muestran un apoyo que supera el 60%. Sin embargo, la opinión pública es volátil y la violencia puede recrudecer, aunque desde la provincia aseguran que el endurecimiento de las leyes y los cambios MPA cambiaron el cálculo de costos y beneficios para el delito.
Cerca de Pullaro destacan otro factor de acercamiento con Kicillof: el generacional. “Son políticos de la democracia, que se forjaron en la universidad y están muy acostumbrados a la discusión. Nunca entendimos la política en términos de amigo y enemigo. Esta generación tiene la responsabilidad de encontrar soluciones a los problemas concretos. No se detienen en cuestiones ideológicas o prejuicios. Axel lo puso de ministro a Berni”. Un entornista dice medio en broma medio en serio que la conducción del bonerense tiene tintes soviéticos: “Axel es estalinista, si te tiene que cortar la cabeza lo va a hacer”.
De todos modos, la relación con Kicillof es sólo un nodo de la red federal que busca tejer Pullaro. Además de presidir la Región Centro, el santafesino quiere armar la Región Litoral. Para eso se va a juntar con gobernadores del extinto Juntos por el Cambio, como el correntino Gustavo Valdés y el chaqueño Leandro Zdero, pero también con el peronista Gildo Insfrán, arquetipo de señor feudal para el electorado antiperonista más recalcitrante.
Pullaro está convencido de que Santa Fe tiene intereses preexistentes y superiores a su gobierno. Eso lo lleva a girar la perilla y calibrar los niveles de cooperación y confrontación con el gobierno de Javier Milei según el tema. Un juego de precisión donde corre el riesgo de pegar bandazos de un día para el otro.
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El credo santafesinista también obliga a diferenciarse, si es necesario, hasta de aliados y amigos. Como Emiliano Yacobitti, el vicerrector y verdadero hombre fuerte de la UBA, porque Milei le abrió la canilla de recursos a la casa de estudios porteña y se la mantuvo cerrada al resto. “Maxi le avisó antes a Yaco que iba a quejarse y salió. Las cosas no son tan lineales”, señalan en la Gobernación.
La apuesta de Javier Milei
Paradójicamente Milei, que fue la cara de una rebelión federal contra el Amba, una vez en el poder lleva el centralismo porteño a otro nivel.
Por ahora, el presidente logró despolitizar —en el sentido de deslindar cualquier tipo de responsabilidad sobre una decisión, o al menos un gesto de su parte— temas como las inundaciones en el NEA o el reciente acuartelamiento policial en Misiones.
Con el repliegue del Estado nacional Milei parece apostar a una tercerización de los costos políticos. Una dinámica seguida con preocupación en las provincias, donde ven que La Libertad Avanza carece de un dispositivo de gobernabilidad.
Además de la gestión, el otro nivel donde juegan los jefes provinciales es el de la política partidaria. En ese ámbito, ya empezó a trazarse el camino a 2025 como parada intermedia hacia el 2027.
La foto entre Pullaro y Kicillof es una postal de ese recorrido. Con diferentes carnadas, ambos tiran la caña en la pecera del antimileísmo. Pese a los costos que, reconocen, pagan hacia un votante suyo que también se inclinó por el libertario, en el primer anillo del santafesino creen que los sectores menos contaminados por la vieja grieta ven con buenos ojos la foto entre el peronista y el radical.
“Estas acciones pagan en el mediano plazo, no en el corto”, dicen en el laboratorio que trabaja para Pullaro. Allí barajan como hipótesis que después de la experiencia radicalizada de Milei la sociedad buscará las soluciones en el centro y recuperará la confianza en la política. Siempre y cuando la política entregue resultados.
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Si ese desplazamiento del péndulo se corrobora en la realidad podría abrirse una ventana de oportunidad para el actual gobernador, que tiene varios activos: está al frente del tercer distrito del país, es del interior y no está asociado a las experiencias a las que el año pasado la sociedad le bajó el pulgar.
Que pueda aprovechar la chance dependerá de su gestión, el armado político y que la oferta ecualice con la demanda. “Aunque lo único que le interesa es Santa Fe, la proyección nacional está, incluso a pesar suyo”, dicen en la Casa Gris.
El papel de Kicillof
Además, la foto también le sirvió a Kicillof. Como la naturaleza, la política aborrece el vacío y el gobernador bonaerense pretende ocupar el lugar que deja vacante Milei.
El exministro de Economía busca romper el encapsulamiento del pankirchnerismo a la provincia de Buenos Aires. A su modo, trata de realizar una tarea que Alberto Fernández no quiso, no supo o no pudo hacer: reconstruir lazos con la franja central del país, en especial con el mundo agropecuario.
Un intento que en tiempos del Frente de Todos se marchitó rápido con la fallida intervención del Estado nacional en Vicentin.
Tras la implosión del sistema político que surgió tras la crisis de 2001 y sin margen para la restauración, el momento pide crear nuevos instrumentos políticos. Con una gestión revalidada en las urnas, pero con un techo marca K sobre su cabeza, el intento Kicillof parece tener más futuro si ensaya un poskirchnerismo, que implica una superación, que un neokirchnerismo. O un kirchnerismo sin Kirchners.
Para construir su propio liderazgo, Kicillof debe ganar autonomía sobre Cristina. Otra lección de la experiencia 2019-2023: la jefatura política y el poder formal deben converger en la misma persona. La lapicera y la tinta deben estar en el mismo lugar.
Son reacomodamientos dentro de un sistema en transición pero que tiene a Milei como centro de gravedad.
Una semana crucial
Tras festejar el 8,8% de inflación como un gol y esculpir un Menem a su imagen y semejanza, Milei viajó a España para actuar el papel que más le gusta: figura de la derecha global.
Mientras tanto, la ley Bases y el paquete fiscal siguen empantanados en el Senado. Después de haber hecho la tarea en Diputados, el gobierno descuidó la negociación en el Senado, donde juegan legisladores que responden a las cada vez más débiles conducciones partidarias, los que dependen de los gobernadores y los cuentapropistas.
La debilidad legislativa de La Libertad Avanza, el volumen de la ley, la cantidad de intereses en juego y el rol más activo de distintos lobbies, como la CGT y la UIA, ponen a ambas normas en una zona de interrogantes.
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La certeza de que la eventual aprobación de esas leyes será después del 25 de mayo podría llevar a Milei a transformar el evento programado en Córdoba para el próximo sábado de la escenificación de una mayoría política pro reformas en un unipersonal contra la casta.
Un consultor que presta servicios a dirigentes importantes de Santa Fe recurre a una metáfora gastronómica para advertir sobre los riesgos de la estrategia hedonista de Milei. “Hay veces que uno se tienta y se come un asado con achuras, con un rico vino, pero tiene que saber que eso trae consecuencias. Hay que pensar en lo que viene después”.