El declive de EEUU, paz y hegemonía en tensión
¿Llegó el final de la indiscutida hegemonía global de los EEUU? El rol de China y los países europeos respecto a los intereses imperiales y los bienes naturales 

Lunes 15 de Agosto de 2022

Una pulseada del orden económico y la hegemonía. Hace un tiempo a esta parte una gran diversidad de intelectuales, políticos, dirigentes sociales y personalidades destacadas de todos los ámbitos y rincones del mundo anuncian un reacomodamiento de las placas del poder geopolítico de las naciones. En este caso, el período de preeminencia del país americano se inaugura a partir de la última década del siglo XIX, su fase de emergencia o ascenso ocurrió desde los últimos años de aquel siglo hasta la Primera Guerra Mundial. Entre 1914 y 1944, EEUU desplegó su poderío y consolidó su hegemonía. Finalmente, desde 1945 hasta 1981, transcurrió un periodo de apogeo hegemónico caracterizado no solo por la preponderancia del poder nacional, sino también por la voluntad para emplearlo en la definición de la nueva gobernanza internacional. Sin embargo, en las últimas dos décadas del siglo XX, la hegemonía estadounidense comenzó a dar signos de agotamiento.

Si se revisa brevemente, así sea una parte de la historia relevante, durante la Segunda Guerra Mundial los planificadores reconocían que Estados Unidos emergería de la guerra en una contundente posición de poder. Entonces, se desarrollaron planes para controlar lo que se llamó “una Gran área”, que incluía al menos el Hemisferio Occidental, el Lejano Oriente, los territorios del antiguo Imperio Británico — incluidas las cruciales reservas de petróleo del Medio Oriente — y tantos territorios del continente Euroasiático como fuese posible.

En aquellos territorios los norteamericanos se abocaron a edificarse como poder incuestionable. Bajo el paraguas de su poderío económico y militar suprimieron o intentaron suprimir cualquier ejercicio de soberanía de aquellos estados que ocuparon con un disfraz diferente a la de sus antecesores europeos, pero con una lógica subyacente que resaltaba por su equivalencia con las viejas condiciones coloniales. Estas doctrinas aún prevalecen, si bien su alcance se ha reducido.

Dicho retroceso fue acechado en los albores del esplendor estadounidense, en 1949 “perdieron China” y en los 60 y 70 la ola de movimientos de liberación nacional de los países del sudeste asiático culminaron con horribles matanzas y con la pérdida de la influencia imperial. Influencia que se vio retaceada en la medida que los europeos se ponían a punto luego de la mutua destrucción que configuró la segunda guerra y, también, de que las ex colonias se asentaban en el concierto mundial.

Pero los movimientos no solo se dieron en el lejano oriente. América del sur luego de ser subyugada mediante diversas dictaduras en el último medio siglo pasado, en la primera década del siglo XXI se vio movilizada por proyectos políticos con intenciones de desligar a la región de las influencias del vecino del norte.

Es también en esta parte del tiempo donde los líderes mundiales se expresan al respecto y no son pocos quienes dan la bienvenida a la co-gobernanza global. Desde el ex-premier británico de raigambre laborista, Tony Blair, al líder del Movimiento al Socialismo (MAS) y ex presidente de Bolivia, Evo Morales, se han manifestado en este sentido.

Blair, afirmó el pasado sábado en una conferencia en Londres que “el mundo va a ser al menos bipolar y posiblemente multipolar. El mayor cambio geopolítico de este siglo vendrá de China, no de Rusia”.

A su vez, el laborista sostiene que la guerra en Ucrania está dejando al descubierto la fragilidad de las potencias europeas. Estas quedaron atrapadas en el atolladero de un conflicto que los supera, pudieron detener la aventura rusa y quedaron bajo el ala de las directivas de Washington emitiendo sanciones que golpearon la matriz energética del viejo continente.

En esta parte del mundo y en otra parte de la reflexión social, Evo Morales, en su reciente visita a la Argentina dejó algunas definiciones al respecto: “Que yo sepa en la década del 30 o 40, EEUU tenía más del 40 por ciento del PBI mundial. Ahora está rondando el 20 por ciento. China estaba hace 30 o 40 años con el ocho por ciento del PBI mundial y ahora está con más del 30 por ciento”.

Si quisiéramos explicar este retroceso en términos numéricos daríamos cuenta de un sin fin de variables para leer la tendencia, pero también, de innumerables formas de tomar estas variables. Por ejemplo, el poder de un estado se puede medir en términos estáticos o dinámicos.

Si tomamos los datos en términos estáticos veremos que los Estados Unidos no tiene comparación con ninguna otra nación en el planeta, pues posee unas 800 bases militares en el mundo, 71 submarinos nucleares apoyados por una inigualable flota de portaaviones, en términos internos es acreedor de un mercado interno de consumo de dimensiones continentales, de una producción cultural envidiable, entre otras peculiaridades. Pero en términos dinámicos la nación del norte no se encuentra tan lejos de las demás, podemos visibilizar aquello utilizando el índice de capacidades materiales (ICM).

El índice busca reflejar el poder económico-militar de los estados a partir de la consideración de seis variables esenciales:

  • Producción nacional
  • Superficie territorial
  • Defensa
  • Comercio internacional
  • Finanzas
  • Investigación y desarrollo.
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Poder económico-militar de EEUU y China: la competencia por la hegemonía.

Podemos observar cómo el declive del hegemonía norteamericano se materializa en estas seis áreas mientras comienza a ser alcanzado por el ascenso de la potencia asiática.

Si bien la hegemonía está en declive, la ambición de mantenerla no lo está

Hace más de dos mil años, el estratega militar de la antigua China Sun Tzu enseñaba que “el mérito supremo consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar”, es bajo esta frase que nos advierte sobre la importancia de la guerra indirecta para enfrentar al enemigo, la cual, permite la posibilidad de anular a un contrincante sin inmiscuirse en un conflicto directo y costoso.

Estas formas de ejecutar “la política por otros medios” constituye una práctica ya conocida, cabe mencionar algunos casos recientes para que se nos figure la idea. En nuestro continente podemos recordar el bloqueo a Cuba que ya cumple un puñado de décadas de vigencia, el bloqueo a Venezuela y los dichos del ex consejero de Seguridad Nacional estadounidense John Bolton sobre su propia participación en una serie de golpes de estado en la región. Podemos coincidir o no con los regímenes de estos países o con la orquestación de golpes, en lo que no deberíamos encontrarnos en contraposición es en la ilegitimidad de la intromisión unilateral de una potencia extranjera en el desarrollo político de los pueblos.

No es necesario recordar las mismas intromisiones y contradicciones que nuestro vecino produce en África, en medio y lejano oriente.

La aplicación de esta doctrina no sabe de geográficas, en el viejo continente el euromaidán ucraniano presenta signos de ello más aún el posterior intento de llevar a ese país a la OTAN subestimando o buscando la reacción del Kremlin, eso aùn no es claro.

De lo que no hay duda es de que este retroceso a las agresivo produce alteraciones que, en una economía y sociedad globalizada, desembocaron en cimbronazos económicos y sociales de cuyos desenlaces nadie está seguro. Lo que hoy sabemos es que el mundo entró en crisis y esto se refleja en la desestabilización política que presenciamos, no sólo en la Argentina sino en los países de todo el globo.

El Reino Unido ve irse a su polémico primer ministro Boris Johnson, al gobierno de Sri Lanka fue jaqueado por una gran movilización popular que ocupó las dependencias estatales y la casa de su presidente, los enormes procesos inflacionarios se desencadenan de manera generalizada como los 150 puntos que Turquía espera para este año y los 80 puntos que acechan a la argentina, se agudizan los problemas sociales en Ecuador, en Panamá y se produce grandes retroceso en la lucha contra el clima debido ala escasez de energía que obliga a la aplicación de fuentes tradicionales altamente contaminantes.

Pero estos métodos ofensivos generan sus anticuerpos, las sociedades evolucionan y aprenden, la opinión global se ha modificado y los propulsores de la democracia mundial ya dejan de ser vistos como tales, nadie sabe cómo termina todo esto, pero la aventura está saliendo muy cara.

(*) Facundo Budassi es economista. Docente de la Universidad de Rosario. Especialista en seguridad y geopolítica...