Domingo 11 de Junio de 2023
La economía argentina ingresa en un escenario de fragmentación política similar a la vivida en 2003, con un problema estructural de la economía que es más grave que en el período 2001/2003.
En las elecciones de 2003 el ganador fue Carlos Menem, con el 24,45% de los votos. En segundo lugar, Néstor Kirchner, con el 22,25%; tercero Ricardo López Murphy, con el 16,37%; cuarto, Adolfo Rodríguez Saá, con el 14,11% y quinta Lilita Carrió, con el 14,05%. Hasta aquí con cinco candidatos, el 91,23% de los votos.
Esta fragmentación es un escenario probable para las elecciones de 2023, dada las circunstancias políticas que viven las distintas agrupaciones políticas, donde pesa más el personalismo que los programas de gobierno.
En 2023 fue electo presidente Kirchner, ya que Menem no se presentó a una segunda vuelta, y tuvo que gobernar con un congreso fragmentado, aunque alineó a toda la estructura peronista en su beneficio, lo que sumaba el 60,81 por ciento de las voluntades.
En materia económica, entre 2001 y 2003 la Argentina tenía déficit fiscal por el pago de intereses de la deuda heredada de la convertibilidad. Sin embargo, el país tenía superávit primario, lo que implicaba que ingresos menos egresos daba un resultado positivo. Este le permitió a Eduardo Duhalde un gran margen de maniobra, ya que devaluó el signo monetario.
En la actualidad, entre 2021 y 2023 la Argentina registra fuerte déficit fiscal primario. Esto implica que ingresos menos egresos tiene resultado negativo, que financia con emisión monetaria porque nadie le presta dinero. Si en este momento el gobierno decidiera devaluar el signo monetario con el fuerte déficit presupuestario y emisión que realiza, es muy probable que la economía se encaminaría a un evento de hiperinflación.
El carro delante del caballo
Se recomienda no poner el carro delante del caballo. En la economía argentina debemos inexorablemente ir a un ajuste presupuestario y posteriormente buscar el punto de equilibrio ideal del tipo de cambio. Ir por el camino inverso nos llevará a un problema de difícil solución.
La Argentina tiene ingresos fiscales pro el equivalente a 17,7% del PBI, mientras que los gastos corrientes suman el 18,3% del PBI y los gastos de capital el 1,7% del PBI. Esto implica que tenemos un déficit primario del 2,3% del PBI. Argentina antes de tomar medidas cambiarias, debería encaminar o resolver este déficit crónico que tiene desde el año 2011.
Nuestro país paga en la actualidad intereses por el equivalente a 2,0% del PBI, esto implica que gasta más en el pago de interés que en gasto de capital (rutas, puentes e infraestructura en general) que resulta vital para mejor la logística de la producción.
Conclusiones
El próximo gobierno deberá trabajar para realizar un duro ajuste presupuestario, y al mismo tiempo trabajar sobre la política monetaria y cambiaria. No podemos devaluar, y luego ver qué sucede con el presupuesto.
La fragmentación política es similar en la actualidad que, en el año 2003, los personalismos superan a las propuestas de gobierno, y todo se basa en descalificaciones. Si prospera la fragmentación, será difícil a futuro lograr mayorías parlamentarias para los cambios estructurales.
En materia económica, en los años 2001 al 2003 el país tenía superávit primario, y llegaba a un déficit elevado por el pago de intereses de la deuda. En la actualidad tenemos déficit primario, y esto no da margen de maniobra a una devaluación importante de la moneda, porque esto abriría el camino a una hiperinflación.
La fuerte suba de las acciones y bonos de esta semana es el correlato de una búsqueda de cobertura de los excedentes financieros. Un país que tiene cero reservas reales muestra bonos que tienen tasas negativas, debido a la falta de cobertura ante una eventual espiral inflacionaria o devaluación del signo monetario. Esto es una muestra de que en Argentina los patos le tiran a la escopeta.
El país se encuentra ante un desafío distinto a los vividos años anteriores, no se pueden aplicar recetas ya conocidas. Los emprendedores necesitan que les devuelvan la rentabilidad que le cedieron al Estado. Sin una baja de gastos e impuestos, será difícil salir de la recesión actual. La devaluación por la devaluación misma no es el camino.