Dilema político y tensa espera en el Congreso por el memorándum con el FMI
El Palacio Legislativo no arrancó con las sesiones extraordinarias y no hubo acuerdo para la integración de las comisiones. En el kirchnerismo es todo silencio y expectativas

Lunes 21 de Febrero de 2022

Tensa espera en el Congreso: las sesiones extraordinarias con las que soñó la Casa Rosada en enero quedaron suspendidas. No hubo condiciones políticas para poner en funcionamiento la maquinaria legislativa que (por la extrema paridad política), como el baile del tango, necesita de dos. Y los dos del tango político en la Argentina son las grandes coaliciones, o al menos una de ellas, y una fracción significativa de la restante. Juntos por el Cambio (JxC) hizo saber de sus pretensiones sobre el control de algunas comisiones que el oficialismo considera innegociables. Aquellas estratégicas, que garantizan gobernabilidad y el clima de serenidad política, seguirán en manos del Frente de Todos (FdT) o se postergará su constitución hasta que, luego del 1º de marzo, el recinto vuela a reunirse y, a suerte y verdad contando los votos, resuelva lo que la negociación previa no está consiguiendo.

En el FdT ya entendieron que JxC no tiene vocación de acuerdo. “Nos corren el arco”, se quejan. Por eso no prosperó una reunión para acordar la conformación de comisiones en Senado y todo quedó pateado para adelante. Habrá sesión preparatoria el 24 de febrero y por conformación de las comisiones “hay una propuesta que se evaluará”, comentó a La Capital Alfredo Cornejo (senador a cargo del bloque de la UCR), justo a la salida de su última visita al despacho del presidente del bloque oficial, José Mayans.

Escenarios

Se sabe, sin conformar las comisiones, sin acuerdo sobre las presidencias de cada una y proporcionalidad en la composición de cada cual, nada puede funcionar en el Congreso. Todo impulso legislativo empieza con su tratamiento en comisión, y recién luego pasa el recinto. Si no hay comisiones constituidas, no hay nada.

Con todo, el desacuerdo sobre el armado de las comisiones, y la consecuente postergación del inicio de la tarea legislativa en 2022, tiene un trasfondo político potente, indisimulable: la inminente llegada al Congreso del mentado acuerdo con el Fondo Monetario (FMI) y la famosa letra chica. La que todos quieren ver antes de pronunciarse.

En ese punto, el enredo político es realmente de difícil pronóstico: Máximo Kirchner renunció, Cristina Fernández permanece en silencio y Mayans, hoy orbitando más cerca de la presidenta del Senado que de la Casa Rosada, pone reparos frente al acuerdo y avisa que primero hay que ver la letra chica, discutirla, y recién luego tomar una posición. No es la misma posición que ostenta Germán Martínez, reemplazante de Máximo en Diputados. El rosarino se empeña en recortar las distancias de la Rosada con la veintena, treintena de cristinistas más agudos que integran su bloque, y que hoy se inclinarían por la abstención.

El acuerdo con el Fondo Monetario constituye un enredo político de difícil pronóstico" El acuerdo con el Fondo Monetario constituye un enredo político de difícil pronóstico"

Martínez cree que la unidad del bloque a la hora de la votación todavía es posible, pero a la vez descarta una prenda de negociación ineludible que el cristinismo plantearía en el caso de, finalmente, acompañar el acuerdo con el FMI: crear un nuevo esquema impositivo al patrimonio que vaya directamente sobre la cúpula propietaria de mayores ingresos y, de ese modo, financiar parte de la reducción del déficit fiscal que, ineludiblemente, el acuerdo con el FMI impondrá. El diputado teme que un planteo combinado de ese tipo pondría a la oposición en actitud de bloqueo activo y, con su capacidad numérica, podría dejar sin quórum la sesión. Y caer el acuerdo. Sin dudas, un escenario político problemático para el gobierno nacional.

Otro escenario posible, el de las abstenciones parciales en el bloque del FdT, también dejaría abierta una puerta a la caída del acuerdo: en esa hipótesis, si toda la oposición decide rechazarlo, votarlo negativo, ganaría y el entendimiento con el FMI no contaría con las voluntades necesarias en Diputados.

Interrogantes

¿Por qué la oposición podría acompañar o rechazar el acuerdo con el FMI en función de la actitud que tome el sector kirchnerista del FdT? Porque en ese punto radica la discusión política estratégica de mediano y largo plazo, tanto para el kirchnerismo como para JxC. La solución transitoria (con la firma del acuerdo) al agobio financiero presente no resuelve la sobrevivencia política de quienes avalen desde el recinto. Juntos por el Cambio necesita dar una vuelta de página y que sea el actual gobierno el que le ponga la firma a una nueva deuda para enmascarar la anterior, de 2018. Un paso que podría otorgarle a la coalición opositora un gran alivio argumentativo a futuro.

En el FdT miran con resquemor la eventual evolución del derrotero económico de los sectores populares, de ingresos medios y bajos de la Argentina: la relación inflación y salarios, incluso con el acuerdo firmado y en marcha. También hay una mirada optimista respecto de que el acuerdo es efectivamente heterodoxo, que permitirá el crecimiento económico y la recuperación de los sectores más golpeados. El debate está abierto y, como señaló el diputado Leopoldo Moreau a este diario, se dará “fronteras adentro del FdT”.

¿Para qué liquidar un legado, una conducta política sostenida desde 2005 hasta ahora, de sacar de la Argentina al FMI, para ahora reponerlo, validando una conducta demencial de endeudamiento que concretaron tanto el FMI como el gobierno de Mauricio Macri en 2018? Es una pregunta todavía sin respuesta que ronda en las cabezas de muchos peronistas.

En tanto, la Casa Rosada todavía no decidió por cuál cámara ingresará el memorándum al Congreso. En el Senado, el FdT cuenta con acuerdos consistentes con un par de aliados para lograr quórum y sesionar. Pero hay un problema: ni Cristina ni Mayans están hablando hoy el mismo lenguaje que Alberto Fernández.

En Diputados, Alberto tiene a dos jugadores más propios en la cúpula: Sergio Massa y Martínez. Pero tiene el número del quórum más lejos y una probabilidad grande de que varias decenas de los propios le saquen el cuerpo al acuerdo y se abstengan a la hora de votar.