Lunes 25 de Abril de 2022
El triunfo en Central ante Independiente lo fue todo, porque podía llegar de cualquier forma y bajo el orden futbolístico que sea, pero este equipo de Leandro Somoza ya no podía permitirse seguir poniendo la mejilla para seguir recibiendo golpes. Para todos los actores en cuestión la victoria era impostergable, pero si había alguien que necesitaba que el equipo sumara de a tres era el propio entrenador, quien ya cargaba con cuatro partidos sobre lomo sin ninguna alegría. Más allá de eso, hubo cuestiones futbolísticas para rescatar, aunque otras tantas para cuestionar. Pero claro, con el triunfo bajo el brazo el trabajo en la semana será de una manera distinta, especialmente con mayor tranquilidad.
La era Somoza venía de un golpe tras otro, por eso todas esas cosas buenas que el entrenador destacaba partido tras partido, en medio de una andanada de malos resultados, no surtían efecto. En esta ocasión dio un salto de calidad en ciertos aspectos, que tuvieron el empuje necesario para garantizar la primera victoria del ciclo.
En casi todos los encuentros que Central había disputado en este nuevo proceso el equipo se había visto superado en el juego y lo poquito que había hecho el canalla jamás había sido plasmado en el resultado.
Primer punto de crecimiento: la efectividad. Central no fue una tromba ni una máquina de generar situaciones, pero tuvo la fortuna de pegar en los momentos justos, como por ejemplo en ese gol tempranero de Marco Ruben, al minuto de juego, que le permitió al equipo no ser atrapado por la impaciencia y el malhumor que a esa altura ya se vivía en el estadio.
Hubo partidos, como el de Lanús, que Central se las ingenió para generar peligro, pero la falta de puntería o de lucidez en los metros finales le impidió hacerlo, por eso corrió muchas veces la carrera desde atrás.
Y ni hablar de lo sucedido en el tramo final del encuentro, cuando en medio de la desesperación de Independiente aparecieron unas cuantas chances más, algunas de ellas bien resueltas. Esos dos minutos de inspiración absoluta fueron los que le permitieron a Central sellar el resultado.
Al entrenador de Central esta vez también le salió la apuesta que hizo con los cambios, pero no porque Julián Velázquez, quien no había debutado hasta el momento en Central, y Walter Montoya, dos de los ingresados hayan convertido, sino porque el entrenador canalla rápidamente entendió que su equipo debía jugar otro tipo de partido y modificó la táctica. Con el ingreso de Tanlongo desapareció la figura del enganche y las dos líneas de cuatro (con doble cinco incluido) le dieron algo más de fortaleza al equipo. Es más, cuando Velázquez y Montoya fueron a la cancha el dibujo volvió a modificarse (4-4-1-1, con el Pupi flotando en tres cuartos, primero detrás de Ruben y después de Caraglio.
Ante Colón, por ejemplo, tenía pensadas dos variantes con el partido empatado y tras el gol del Pupi Ferreyra los realizó igual, manteniendo el esquema. No hay forma de comprobar que haciendo otra cosa el partido iba a terminar con victoria para Central, pero ese proceder pareció contraproducente.
Si había una cuenta pendiente que también tenía este equipo de Somoza era mantener el arco en cero, algo que nunca había logrado en los cuatro partidos anteriores. Por eso, que Gaspar Servio no haya tenido que ir a buscar ninguna adentro fue otro salto cualitativo.
Claro que no todo fue color de rosas porque el hecho que al equipo no le hayan convertido no fue por la solidez defensiva. Todo lo contrario. Si Independiente no pudo convertirle fue básicamente por impericia de sus jugadores. Y ahí anida uno de los puntos más endebles en medio del triunfo.
En gran parte del partido hubo una lectura equivocada respecto al tipo de partido que proponía el Rojo, con un equipo ancho al que le era fácil desequilibrar por las bandas porque ni Benítez y mucho menos Ferreyra llegaban a tapar esos huecos. Los grandes perjudicados: Martínez y Blanco, sobre todo el exUnión, al que permanentemente lo enfrentaban en superioridad numérica.
Todo eso hizo que durante gran parte del partido Central perdiera las riendas del juego y quedara expuesto a la puntería del rival. Esa deficiencia le pudo provocar algún que otro dolor de cabeza, pero lo dicho, Independiente no acertó en la definición. Para el futuro es sin dudas un elemento a trabajar.
Imposible soslayar el dato que el Central que goleó a Independiente salió a jugar con la necesidad del triunfo y, sobre todo, con la presión que desde afuera le generaron los hinchas canallas. Con eso sólo la victoria adquiere un relieve mayor. Pero, contexto al margen, Central cumplió al pie de la letra con lo que debía hacer y el equipo dirigido por Leandro Somoza, con virtudes pero también varios defectos, logró ganar e impidió que los males que traía se potencien.