Asalariados formales pobres: la nueva realidad argentina
El atraso salarial obliga a ajustar los cinturones del conjunto social y configura a un nuevo sujeto histórico: los trabajadores formales pobres

Sábado 20 de Agosto de 2022

La pobreza ya no se circunscribe a los sectores marginados y desempleados de nuestra sociedad. Desde hace 35 años los trabajadores informales son pobres, desde hace un poco más cerca los trabajadores registrados también. Argentina comenzó su sendero de convergencia con la dramática realidad de los países latinoamericanos.

Las décadas de reinado neoliberal (1976-2001) no fueron gratis para la estructura económica y social del país. El proceso continuo de desmembramiento industrial que sufrió el entramado productivo nacional hoy se paga caro. Las centrales obreras representan a una clase social en extinción, cuando no desaparecida. Sin industrias no hay obreros, sin obreros no hay músculo para tender la red que evite la debacle del salario real.

Luego de la pandemia, la economía argentina encaró una recuperación en torno al 10 % en el año 2021 y con una tendencia al alza en lo que va del 2022. Pero esa mejoría en el producto bruto no tiene un espejo en las condiciones materiales de los trabajadores. La pérdida sistemática del poder adquisitivo de los salarios exige una reparación inmediata. Desde el año 2017 hasta la fecha, los trabajadores formales e informales perdieron un 18,3% de su capacidad de compra.

Desmenuzando la información se puede observar la suerte que corrió cada eslabón del trabajo argentino, léase trabajadores registrados del sector privados, registrados del sector público e informales no registrados. El gráfico siguiente puede ayudarnos a visibilizar la magnitud del deterioro:

Perdida de ingresos.png

Desde 2017 a la fecha solo hubo dos periodos de crecimiento de los salarios reales para los tres grupos mencionados en el párrafo anterior. En 2017 los asalariados del sector formal privado experimentaron un crecimiento del 0,3%, los asalariados públicos en un 1,4%y los informales en un 0,7%. El otro periodo que presenta guarismos positivos corresponde al año pasado, en que el fuerte rebote que mostró la actividad económica (en torno al 10% mencionado) fue del 4,9%, 7,2% y 5,7%, respectivamente. En los tres años restantes las caídas fueron muy pronunciadas, destacándose la del año 2018, cuando la pérdida total real fue del 12,2%.

Es fruto de la empiria, de la mera contemplación, señalar que los movimientos ascendentes y descendentes del poder adquisitivo tienen una fuerte correlación con los periodos en que las mismas fluctuaciones afectan al desempeño de la economía nacional en su conjunto. La evolución interanual del producto bruto interno así lo demuestra:

Evolución del PBI .png

Los que esta correlación temporal permite aseverar es una cuestión central, que para muchos explica el descontento social y la insatisfacción económica actual. Cuando la actividad se desplomó, el salario lo hizo en mayor medida, y en los periodos en que la actividad se encaró un proceso de repunte, los salarios acompañaron en menor medida. Este desfase expulsa del camino a varios ocupados, quienes a pesar de realizar una actividad regular y enmarcada en los cánones formales del trabajo, se encuentran por debajo de la línea de pobreza

Cruzando ambos datos, la situación se vuelve mucho más visible (crecimiento estimado para 2022 3,6%):

PBI vs Salario real.png

La pérdida del salario no desaparece, sino más que bien se transforma. La evaporación del poder adquisitivo no es automática ni neutral, tiene su sustento en una fenomenal transferencia de ingresos. De manera obvia, uno de los motivos centrales de esta transmisión adquisitiva se encuentra en el esfuerzo nacional por honrar una deuda que solo trajo penas al colectivo social.