José de San Martín, en el nombre del padre

"Hoy cuesta entender que haya personas que actúen movidas por sus ideales"

El historiador Diego Reinoso Mántaras analiza los años de la vuelta de San Martín al continente americano, las luchas por la Independencia, su preocupación por la guerra civil y su amistad con Manuel Belgrano

Lunes 17 de Agosto de 2020

—¿Por qué vuelve San Martín a América, con 34 años y una importante carrera militar en Europa?

—Cuando San Martín retorna está motivado, en primer lugar, por un sentimiento patriótico, porque él era americano y sentía amor por su patria. Además, hay que situarse en las corrientes libertarias de la época, hay toda una posición política de llevar adelante los movimientos independentistas en América del Sur, si bien hay algunas corrientes historiográficas que hablan de San Martín como espía de Inglaterra o ciertos intereses subalternos, yo creo que la misma conducta y desprendimiento de San Martín desmerecen la idea de cualquier interés subalterno, personal o mezquino. Creo que en él estaba la idea de llevar adelante un ideal de patria, de grandeza, y de constituirse, en lo que llamaban los romanos, un homo condito, un hombre fundador, un verdadero patriota. Me parece que esa es la idea que en nuestro tiempo cuesta entender, que haya personas que actúen movidas por sus ideales.

—San Martín reemplaza a Belgrano en el Ejército del Norte, mando que luego pasa a Güemes, y se dirige a Cuyo ¿A qué responde esa estrategia?

—Ese plan se empieza a armar a partir de las derrotas que sufre el Ejército del Norte y los avances de los realistas en el Alto Perú, que muestran la inviabilidad de llevar la campaña por allí, entonces se lleva adelante lo que se llamó la epopeya de la Guerra Gaucha, que fue sostener la frontera para poder realizar la campaña libertadora hacia Perú por agua, cruzar a Chile y desde allí ingresar por vía marítima. Ese es el plan continental de San Martín.

—¿Buenos Aires se oponía a ese proyecto?

El problema surge porque mientras se están desarrollando estos acontecimientos en el norte comienza lo que se llamó la “guerra del Litoral”, que va a significar un retraso para la campaña libertadora, ya que se van a distraer los esfuerzos del gobierno para detener a los caudillos, y ahí es donde tiene una participación importante el gobierno de Santa Fe, y en particular el gobernador Estanislao López. En ese momento hubo vinculaciones paralelas entre Belgrano, López y San Martín. Uno de los objetivos de San Martín era que primara la concordia y terminar con la guerra para poner todos los esfuerzos en la campaña libertadora y la independencia del continente.

—¿Qué era la “guerra del Litoral”?

—En ese momento Santa Fe estaba luchando por su autonomía. En 1818 López había sido designado gobernador y la provincia venía soportando invasiones ordenadas por el Directorio, que quería volverla a someter a la autoridad de Buenos Aires. El gobierno del Río de la Plata ordena tanto al ejército de Belgrano —que se encontraba en Córdoba— como a San Martín —que estaba en Chile— que se dirijan a territorio santafesino. Belgrano obedece y va con tres mil hombres hacia Rosario. San Martín, por su parte, le manda dos cartas a López, en las que se ofrece a mediar en el conflicto y a reunirse con él donde sea necesario. Las historiografías más confiables, aunque no todas, sostienen que López no las recibió, que no se consideró oportuno entregarlas, que era muy peligroso para San Martín ir al Litoral, pero esas cartas manifestaban el espíritu de mediación del Padre de la Patria, a fin de lograr la paz del Litoral y evitar esta guerra civil que tenía una influencia nefasta en la preparación de la campaña libertadora.

—¿Cómo finaliza esa guerra?

—Cuando Belgrano llega a Rosario el 12 de abril de 1819, se produce un armisticio y las tropas porteñas se retiran del territorio santafesino y entrerriano. El acuerdo se firma primero entre Viamonte y López y luego es ratificado por el mismo Belgrano en San Lorenzo. Esto es muy celebrado porque al detenerse esta lucha en nuestra zona se evitó que San Martín tuviera que mandar tropas sobre el Litoral, algo a lo que se venía negando, y permitió liberar a las fuerzas que estaban participando de ese frente. San Martín estaba muy preocupado por lo que sucedía y muy dolido por esa lucha entre hermanos, “sin perjuicio de la justa reclamación que usted tenga que hacer”, le escribe en una de sus cartas a López.

Por su parte, el gobernador santafesino habla de él como el “genio de América”, tal es así que cuando San Martín está regresando a territorio argentino, una vez que se realiza su encuentro con Bolívar, López le advierte que tenía informes de sus espías en Buenos Aires de que iba a ser juzgado e incluso corría peligro su vida. Según López, se lo acusaba de haber desobedecido la orden de dejar la campaña a Chile e invadir Santa Fe. El santafesino manifestó en su carta que eso era un escándalo inaudito cuando lo que San Martín había hecho era negarse a derramar sangre hermana, y pone a su disposición a toda la provincia en masa para esperarlo en El Desmochado, como se conocía a la región aledaña al río Carcarañá, y llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria, en Buenos Aires. Oferta que San Martín no aceptó.

—¿La guerra civil fue una de las grandes preocupaciones de San Martín?

—Hay una frase del prócer que lo resume: “No desenvainaré mi sable para derramar sangre de hermanos”. Es un dolor permanente en la vida de San Martín, que le pesó hasta su muerte y fue lo que lo mantuvo en el exilio. Incluso cuando le ofrecen el gobierno en la época de las luchas entre unitarios y federales, él dice: “Si mi corazón fuera mezquino, volvería” y no regresa aun cuando le ofrecen la Presidencia de la Nación. “No puedo convertirme en verdugo de mis conciudadanos, la patria no puede pedirme ese sacrificio”, sostuvo.

—¿La amistad con Belgrano fue fundamental para la declaración de la Independencia?

—Hubo una concepción común entre Belgrano y San Martín. Para ellos la Independencia era una necesidad y, sobre todo, compartían la convicción de cuál debía ser la forma de organizar el futuro Estado, que era una monarquía constitucional que tenía sus fundamentos desde el punto de vista de la época. Belgrano estuvo en la sesión secreta del 6 de julio y planteó, a partir de lo aprendido en Europa, cuál era la situación política del Viejo Continente y la creciente tendencia hacia la monarquización. La propuesta de esa monarquía atemperada, constitucional, incaica, cuenta con el apoyo de San Martín y en un primer momento fue aprobada por el Congreso, pero después se frustró.

—De esas cartas que se enviaron, ¿hay algo en particular que haya llamado la atención?

—Lo que se puede ver en esas cartas es el respeto y el reconocimiento que se profesaban, así como el patriotismo y la limpieza de intereses. Ambos manifiestan el compromiso que tenían por el bien común de la patria. Los dos hombres que podrían considerarse los próceres principales de nuestro país nos han legado una patria no sólo en lo material, sino que detrás hay valores inmortales que nos tienen que formar y llevarnos a estar orgullosos de la patria en que nacimos.

Ileana Carrizo (UNR), a partir de una entrevista de Gachi Santone para LT8

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