Domingo 04 de Agosto de 2013
En octubre del año pasado Fernando García vino a Rosario para el estreno de Bernianos, la serie de televisión que realizaron Ignacio Sánchez Ordóñez y Leandro Rovere sobre Antonio Berni (1905-1981). Como autor de la única biografía sobre el artista, era uno de los entrevistados principales en el programa. El libro, Los ojos, tenía dos ediciones agotadas y era inhallable. Como una devolución inesperada de su aporte, el viaje fue el punto de partida para la reedición de la obra, que acaba de aparecer a través de Editorial Fundación Ross.
Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni, tal el título completo del libro de Fernando García (Buenos Aires, 1967), es un recorrido minucioso por la trayectoria del artista rosarino, escrito por "un periodista que hace investigación y no por un crítico de arte". A los ajustes y correcciones necesarias del texto, la tercera edición agrega un prólogo de Eduardo Stupía, un testimonio inédito de Héctor Tizón y el dvd de Bernianos. Además, hay una nota con los detalles sobre el robo de 17 obras en 2008, numerosas fotografías que documentan distintas etapas en la vida de Berni y reproducciones a color de sus obras, todo para redondear un volumen de más de 500 páginas de impecable factura.
García volverá a Rosario el martes 13 de agosto, para presentar la nueva edición de Los ojos... en el marco de Rosario Libro y Lectura, la feria que se desarrollará en el Espacio Cultural Universitario a partir del próximo viernes (ver aparte).
Historia de un libro
En 2002 comenzó a recopilar material. Ese año vio en el Centro Cultural Recoleta la serie de grabados con que Berni obtuvo en 1962 el premio de la Bienal de Venecia. En ese momento trabajaba como crítico de rock y periodista de espectáculos en Clarín, y todavía no se había especializado en artes visuales. Cada vez que entrevistaba a un artista, se tomaba un rato para hablar sobre Berni, sin un objeto definido.
En la muestra del Recoleta descubrió a Lily Berni, la hija del artista, en compañía del astrólogo Waldo Casal. "Me pareció interesante contar la historia de la heredera —recuerda García—. La ofrecí en Clarín, pero no les interesó. Me parecía que había que hacerla; fui a Gatopardo y la aceptaron. Empecé a trabajar pensando en la nota".
Lily Berni afrontaría enseguida un proceso judicial con Casal, a quien acusó por haberse llevado más de treinta obras de su padre con excusas insólitas, como la de ofrecer un mejor lugar para que pudieran apreciarlas los compradores de arte. "Era un comienzo de thriller; toda la situación era increíble. Ellos llegan a un arreglo muy poco después de la salida de la primera edición. Lily, que murió hace poco, siempre tenía alguien que se le pegaba, que le ofrecía algún negocio y terminaba mal. Lo de Casal fue la máxima expresión porque incluía técnicas de manipulación y personas que la vigilaban", dice García.
De hablar con la hija pasó a entrevistar a la modelo del último cuadro que hizo Berni y que quedó inconcluso a su muerte, en 1981. Una abogada que en el libro aparece como Graciela Amor, porque no quiso ser identificada. Y en ese punto cambió de idea: "Cuando ella me contó cómo había sido el proceso del último cuadro y me mostró un libro de collages y poemas eróticos que Berni le había dedicado, yo dije «no, esto es un libro». Salí de hacer la nota con la abogada con la imagen del comienzo del libro: me parecía muy fuerte que un pintor llamara a su modelo para decirle que no iba a poder terminar el cuadro porque había tenido un presentimiento de su muerte".
En el invierno de 2002 vio Manifestación, uno de los cuadros emblemáticos de Berni, en el Malba. Y, como se dice, flasheó: "Los mismos tipos que estaban en el cuadro andaban en la calle". García aclara que no venía trabajando sobre Berni, que en todo caso tenía más vinculaciones con el surrealismo y con el pop art, las vertientes que nutrieron la estética del rock. "Empecé a ver todo, los cambios que había en la obra, tan rotundos, tan fuertes, acompañando el devenir del siglo XX, y entré en un delirio amoroso con la obra. Es ese momento en que decís «esto lo tiene que saber todo el mundo», cuando uno tiene muchas ganas de contar una historia en una nota o en un libro, cuando te parece que es lo más importante".
Entonces comenzó la investigación: los viajes a Rosario y a Roldán, en busca de los orígenes de Berni; las entrevistas con familiares, amigos, artistas; las búsquedas en archivos periodísticos, galerías y colecciones privadas. Y al mismo tiempo definió el perfil del libro. "Yo tenía dos pautas —dice García—. Una, no iba a hacer una biografía novelada. Mucha gente le encuentra un aire de novela al libro, pero creo que es porque la vida misma de Berni tiene un carácter novelesco y el estilo de escritura no es netamente periodístico, es más libre. Y la segunda, no iba a traicionar los testimonios, porque eran buenísimos. A mí me molestan los biógrafos que usan a 90 tipos para hablar y después no citan ni siquiera una declaración textual y les alcanza con mencionar al final o en los agradecimientos a las personas entrevistadas. Más que biografía novelada pensé entonces en la estructura de un documental, en cómo sería un documental fílmico puesto en un libro. Porque no podía mejorar los testimonios. Si Pablo Suárez me cuenta que iba con Berni a ver muestras los sábados a la mañana, ¿cómo mejoro el testimonio crudo, directo? Lo tengo que poner así".
Como un detective
Pero también hubo algunos obstáculos.
—¿Los coleccionistas de arte son difíciles de consultar para un trabajo de investigación?
—Son de terror. Eduardo Costantini tiene un museo, es distinto; él me dio una larga entrevista y todos los datos de la colección que yo necesitaba. Carlos Blaquier, nada, tiene cuadros importantes que me hubiera gustado ver; Amalita Fortabat tampoco, no pude hablar con ella. Los coleccionistas no quieren ningún periodista cerca, no les gusta. Otra cosa, aparte: cuando fui al Museo Castagnino no tenían los cuadros de Berni colgados contra la pared sino en un tabique donde podías ver el reverso. Manifestación y otros cuadros están hechos en bolsas de arpillera, y en el reverso está el sello del ingenio Mercedes. Ahí empecé a tirar el piolín y Mercedes termina siendo el ingenio Ledesma. Me interesó mostrar esa contradicción: un cuadro hecho con bolsa de arpillera de un ingenio donde entregaron gente a la dictadura para que la masacraran puede terminar en la casa de campo del dueño de ese ingenio. El tema de los coleccionistas es casi un sistema de clase que todavía sigue rigiendo. Si no estás en el ambiente o chupándoles las medias no tenés acceso. Cuando hablé con Blaquier en el Museo de Bellas Artes me sentía un pelotudo. "Que se vaya a la mierda", me dije.
—Stupía dice en el prólogo que también hiciste de detective al escribir el libro.
—Sí, especialmente por la cuestión de Waldo y el proceso judicial con Lily. Pero él se refiere a que, cuando te remontás muy atrás en el tiempo, no tenés fuentes directas. Laura Malosetti Costa, una historiadora de arte a la que admiro, dice que se siente un poco detective, porque tiene que hacer que una foto antigua, que un documento escrito, hable. El trabajo te va llevando por caminos que no pensabas. Hice de detective en el sentido de las técnicas y estrategias a las que recurro para contar la historia, no por ventilar o destapar alguna olla.
El narrador
La estructura de la biografía está sostenida a través de célebres cuadros de Berni, desde el que quedó inconcluso a su muerte hasta Juanito goes to the factory. Las obras abren y de algún modo condensan los capítulos, o por lo menos muestran esa aptitud que señala Héctor Tizón en el artista: sus cualidades de narrador.
La pintura, las mujeres y la política fueron las pasiones del artista, "uno de los pintores de su generación que más leía y que más interactuaba con el resto de la cultura". Las bibliotecas que dejó en la casa de su hija y en la de Silvina Victoria, su última mujer, prueban la enorme curiosidad intelectual de Berni, "un tipo que leía de todo y después filtraba por la ideología y que era mucho más interesante puertas adentro, en las cartas por ejemplo, que en una entrevista o en las declaraciones públicas que hacía, afines a la línea del Partido Comunista". Arte, mujeres y políticas están íntimamente soldadas: "En Berni no hay pintura sin el elemento ideológico y sin el motor del deseo. A alguna gente no le gustó el libro porque le pareció demasiado indiscreto o que me metía con temas de los que no hay que hablar cuando se habla de un artista. Pero si la obra está llena de referencias a sus mujeres, o hace la serie con Rodolfo Puiggrós sobre los prostíbulos de Rosario en la época de la Chicago argentina, ¿cómo no vas a hablar de erotismo? Yo lo encaré como un periodista que investiga y no como un crítico de arte que no habla con el artista porque sólo opina sobre la obra".
García también dedica espacio para los aspectos más controvertidos de Berni, como su relación y su cooptación por parte del ex almirante Emilio Massera, durante la dictadura. "Si bien su voracidad por estar, por mostrar la obra, por tener lugares de exposición, lo hacía no medir las consecuencias de ciertas alianzas, la obra siempre hablaba más que lo que él podía hacer. Cuando hace los Cristos y el mural de Las Heras, uno se pregunta: «¿Cómo un intelectual de izquierda termina pintando murales religiosos en un pueblo de la provincia de Buenos Aires?». Sí, pero andá a ver los murales. Los Cristos, los legionarios romanos que pintó, dicen cosas que él obviamente no podía decir, no era Rodolfo Walsh. Tenía una parte que no dejó de ser crítica en la pintura y después negociaba con el poder. No es que él fue a verlo a Massera, sino que pasó al revés, fue el famoso abrazo del oso".
La obra es también lo que permite soltarse a Berni de ese abrazo. "El problema hubiera sido que él se convirtiera en un exégeta de los milicos. Lo que hizo fue un movimiento muy lúcido, trabajar con la iconografía religiosa, con la que el Proceso no se podía meter, y hace Cristo en el garaje, tipos chupados, con estigmas que no son de clavos sino de quemaduras y ojos abollados. Y había obras que ex profeso estaban en París porque él sabía que no las podía traer acá. Por ejemplo, La torturada, una muñeca de paño lenci montada en una mesa de tortura: una obra que recién se exhibió en Argentina en 2006 y que todavía es muy difícil de mirar".
Mirar es precisamente el acto en cuestión, y de ahí viene algo decisivo en la biografía. El libro estaba escrito, pero no tenía titulo. "Al final yo empiezo a jugar con la idea de lo que los ojos veían, y obviamente, como dice Pablo Suárez, los ojos son mucho más importantes en la figuración de Berni que cualquier otra parte del cuerpo. Cuando lo escribí dije «es esto». La misma escritura terminó por revelarme el título".
BIOGRAFÍA
Los ojos
(Vida y pasión de Antonio Berni)
de Fernando García. Editorial Fundación Ross, Rosario, 2013, 528 páginas, $ 172.