senales

Una singular novela de Fernando Callero: aventura marina y fantástica

El espíritu del joven Borja, de Fernando Callero. Bajo la luna, Buenos Aires, 128, 314 pp., $ 25. En el año 2000 Fernando Callero ganó el Premio Provincial de Poesía con un libro de título extraño: Ramufo di Bihorp...

Domingo 16 de Diciembre de 2007

Novela

El espíritu del joven Borja, de Fernando Callero. Bajo la luna, Buenos Aires, 128, 314 pp., $ 25.

En el año 2000 Fernando Callero ganó el Premio Provincial de Poesía con un libro de título extraño: Ramufo di Bihorp. El premio tuvo algo de castigo, ya que la edición no se mostró para nada a la altura de la calidad de la obra y, como suele ocurrir con las publicaciones de la provincia, casi no se distribuyó. La aparición de El espíritu del joven Borja supone importantes diferencias en ese sentido: se trata de un libro de formato y diseño atractivos, que está donde debe estar, es decir, en las librerías. Y esta oportunidad, la de encontrarse con uno de los escritores más interesantes de las nuevas promociones, no debería ser ahora desperdiciada.

El protagonista de la novela, Marco, es un argentino que ha ido rodando con mala suerte por distintas ciudades de España, hasta que llega a Ibiza. Un compatriota le ha conseguido trabajo como marinero en un pequeño barco, cuyo nombre, Alba, contrasta con su estado ruinoso y con el cretinismo de su propietario, un madrileño jubilado que acostumbra explotar a inmigrantes sin documentos.

Marco no tiene la menor experiencia en el asunto, pero asume el trabajo a conciencia. "Quiero apropiarme de ese barco a fuerza de maña", dice. El mal humor de su patrón, su mezquindad y maltrato, no impiden que ese sueño se cumpla. En principio de noche, cuando se queda solo y se tiende en la cubierta, o hace aquello que de día le está prohibido. Entonces "descubrió que muy pocos paraban, como él, en sus barcos durante la noche". Se siente superior por eso, "aunque también un poco solo, y se consoló pensando que ya tendría tiempo para hacerse amigos".

La observación parece inocente, pero apunta a un núcleo de la historia. En Ibiza, Marco encuentra "un refugio para la expansión de su soledad". Esa misma desconexión es una forma de protegerse de las agresiones: "no se sentía ligado a nada ni a nadie y, precisamente por esto, difícilmente algo podía afectarlo".

Es la soledad lo que hace a Marco consciente del valor de los otros, de la importancia que tiene un simple saludo. Esa situación comienza a cambiar cuando conoce a Gianni, un joven corso que se convierte en su pareja. Y sobre todo cuando descubre un aspecto oculto en su patrón, un drama que le devuelve su rostro humano: su hijo, Borja, desapareció un día en que salió a pasear en una moto acuática y desde entonces su paradero es un misterio.

Marco parece dirigirse a ese enigma como si lo condujera una fuerza desconocida. Las pequeñas cosas del barco donde lee la historia familiar de sus dueños abren ante su mirada una atmósfera extraña en la que pronto comienza a abrirse paso lo fantástico: los llamados del joven desaparecido, espíritu errante en busca de ayuda.

"Si decidía darse por aludido (...) tendría que hacerse cargo de un diálogo para el que no se sentía preparado", dice el narrador, haciendo eco a su personaje. Pero aún contra su voluntad, Marco es llevado bajo el mar, para componer una historia que reclama su final.

  Los trabajos de Marco, su aparente fragilidad, la relación con Gianni, dan un singular encanto a El espíritu del joven Borja. Los hechos y los personajes se imponen de tal manera que cuando ocurre lo insólito, cuando el texto pide esa "suspensión de la incredulidad", que según Coleridge exige la experiencia poética, el lector no puede sino concederla. Y vale la pena, porque a cambio Fernando Callero guarda su mejor carta para el desenlace, un suceso a la vez mínimo y cargado de sugerente intensidad.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario