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Una ciudad, una fábrica, un conflicto histórico

A 34 años de El Villazo, hablan los protagonistas de la movilización que marcó un hito en las luchas sindicales

Domingo 16 de Marzo de 2008

"Originariamente, Villa Constitución era una ciudad agrícola y portuaria que sufrió las consecuencias de la crisis mundial de 1929. Las secuelas se traducen en una serie de luchas de los obreros portuarios liderados por los anarquistas", dice el historiador Ernesto Rodríguez. Aquellos conflictos señalan el primer antecedente de lo que sucedería años más tarde y en particular durante la década de 1970. El Villazo, como se conoció a la movilización de los obreros metalúrgicos y de la misma ciudad en 1974, fue no sólo el punto más intenso de esa secuencia histórica sino un hito en las luchas sindicales de la Argentina.

  A fines de la década de 1940, la ciudad ofrecía una infraestructura portuaria y ferroviaria que la vinculaba con el mercado nacional e internacional. Este factor resultó preponderante para una progresiva radicación de industrias, que modificaron su fisonomía y su idiosincrasia.

  "Cuando se empieza la construcción de Acindar (Aceros Industria Argentina) la situación económica cambia radicalmente y de ser una ciudad que expulsaba población se convierte en un polo de atracción. No solamente de la zona circundante como las poblaciones rurales o vecinas, sino que también se produce un fenómeno importante como la llegada de inmigrantes que se radican en Villa Constitución", puntualiza Ernesto Rodríguez, especialista en historia del movimiento obrero y de las organizaciones armadas.

  El lugar elegido por la nueva industria reunía todos los requisitos que en ese momento una empresa podía exigir: una zona cercana a Buenos Aires y a Rosario, con fácil acceso tanto a las vías del ferrocarril como a la red caminera. Además, la posibilidad de instalar un puerto propio de aguas profundas sin necesidad de dragado y la viabilidad de conseguir mano de obra.

La huelga derrotada

  A principios de los años 50, el proceso de transformación en Villa Constitución es muy profundo. A la instalación de Acindar hay que sumarle, en un corto período de años, la radicación de Marathon, una planta de aceros finos y especiales de capitales alemanes. También Acinfer, una fundición que producía piezas para la industria automotriz que en sus comienzos pertenecía a Acindar y a fines de los sesenta fue vendida a la Ford y pasó a llamarse Metcon. Este desarrollo cambió el paisaje de Villa Constitución, que en una década duplicó su población. "Cambia la situación económica y el poder adquisitivo aumenta. Entonces se genera una sensación de gratitud hacia la fábrica, fuente que provee ese mejoramiento en las condiciones de vida", dice el historiador Ernesto Rodríguez.

  El entramado de la población obrera estaba conformado por los habitantes oriundos, más los campesinos de la zona, emigrantes de provincias vecinas —principalmente Entre Ríos— e inmigrantes extranjeros, en su mayoría italianos. También Rosario y San Nicolás proveyeron mano de obra calificada y con experiencia de trabajo industrial. Esta característica del personal va a determinar un comportamiento colectivo especial. "El primer secretario de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) local fue Roberto Nartallo, que está al frente hasta 1966 —prosigue Rodríguez—. Tenía gran representatividad entre los obreros locales. Sin embargo, una serie de medidas que se adoptan desde el gobierno nacional y repercuten en las seccionales provocan que renuncie porque la escasez de fondos agravaría la ya desastrosa situación local y terminaría enfrentándolo con Augusto El Lobo Vandor, del cual era muy amigo". A partir de 1967, comienzan a gestarse algunas corrientes que tenían algún grado de politización.

  Dentro de la Comisión Interna algunos obreros poseían una sólida formación política y empiezan a producirse roces con la Comisión Directiva del gremio. Estos hechos, sumados a los inconvenientes que se producían en las demás fábricas, desencadenaron una huelga. "El conflicto se inicia el 31 de diciembre de 1969 a las dos de la tarde porque el cuerpo de delegados tenía las horas extras cortadas debido a un petitorio que había hecho en reclamo de mayor medidas de seguridad", recuerda Orlando Sagristani, integrante de aquel cuerpo de delegados y militante del extinguido partido Vanguardia Comunista. Esa huelga se extendió hasta marzo de 1970 pero se realizó de manera intermitente, con el objetivo de lograr la reincorporación de los delegados que habían sido despedidos.

  Sagristani, una de las figuras que todos rescatan como artífice de la recuperación posterior del movimiento obrero, recuerda que "el problema de esa comisión interna fue que no era homogénea: no fue posible armar algo que pudiera extender el conflicto a través de una convocatoria político-sindical".

  "Esa huelga duró hasta marzo, pero todo se terminó cuando los obreros estando en una asamblea se enteran que parte de la comisión interna había arreglado con la fábrica una indemnización mayor a la que le correspondía. Entonces se produce una gran decepción en los obreros. La consecuencia fue la desmovilización generalizada y la deserción de algunos de los mejores militantes", sostiene el historiador Rodríguez.

  El conflicto había terminado y las consecuencias de la derrota eran devastadoras. La burocracia nacional de la UOM decidió intervenir la seccional de Villa Constitución con el objeto de impedir un llamado a elecciones y por otra parte hubo un incremento de la prepotencia de los directivos de la fábrica Acindar. Sin embargo, durante el desarrollo de la huelga comenzó a organizarse un grupo clandestino organizado por Orlando Sagristani, que se denominó Grupo de Obreros de Acindar (Goda). "En un principio fue un trabajo solitario y duro porque se había sentido mucho la derrota. Imprimíamos volantes denunciando los atropellos que se cometían, pero a pesar de ello hubo una reacción relativamente rápida", afirma Sagristani.

  Alberto Piccinini había llegado a Villa Constitución a los 8 años junto a su familia desde la pequeña localidad de La Vanguardia. Entró a trabajar en Acindar en 1961 con 19 años. Fue delegado durante la huelga de 1970 y recuerda lo duro que resultó volver a trabajar después de la derrota: "Se perdieron muchos días de trabajo y cuando vuelvo a la sección la sensación de traición que había entre los compañeros era muy grande. Sagristani fue un referente para mí; él me hizo tomar conciencia de que había que volver a comprometerse con la lucha", afirma el actual secretario adjunto de la UOM de Villa Constitución. De esta manera, hacia 1972 se conforma el Goca (Grupo de Obreros Combativos del Acero), que coincidía con el ingreso a las fábricas de una gran cantidad de obreros jóvenes.

  Juan Actis, hoy secretario de organización de la UOM de Villa Constitución ingresó en 1971 a Acindar, cuando tenía 21 años. "Aunque seguíamos trabajando en forma subterránea el Goca fue importante porque ya teníamos algunas extensiones en las fábricas Metcon y Marathon. Pero todavía era utópico dar mucho la cara porque sino automáticamente la empresa te despedía", recuerda.

  Posteriormente se creó el Movimiento de Recuperación Sindical (MRS), cuyo objetivo era convertirse en la herramienta para la restitución de la seccional,. "Cuando el interventor Osvaldo Trejo convocó a la Junta de delegados para elegir la Comisión Interna de Acindar, este grupo tenía ya todo previsto para asegurar el triunfo de cinco de sus integrantes. Cuando ganaron la Comisión Interna obtuvieron mediante medidas de fuerza, como trabajo a reglamento y quite de colaboración, importantes reivindicaciones. Por ende, tanto el MRS como la Comisión Interna alcanzaron una gran representatividad dentro de Acindar", puntualiza Ernesto Rodriguez.

El conflicto y la victoria

  El MRS había prácticamente abandonado el accionar clandestino que caracterizó al Goda y al Goca. Sin embargo, los obreros que se oponían a la intervención creyeron necesario profundizar la transparencia de su accionar con el objetivo de participar en las elecciones. Así surge la Agrupación 7 de septiembre Lista Marrón.

  La UOM nacional, que había hecho el llamado a elecciones en todas las seccionales, intentó excluir a Villa Constitución argumentando que las condiciones no estaban dadas debido a la división del gremio. Mientras tanto, Lorenzo Miguel sancionó al interventor Trejo por negligencia y designó como nuevos delegados normalizadores a Lorenzo Oddone y a Jorge Ramón Fernández. El temor de perder una seccional tan importante se hizo manifiesto en la dirigencia nacional.

  "El 7 de marzo de 1974 estos nuevos interventores visitaron la fábrica —acompañados por el matón Raúl Antonio Ranure— con el objeto de desprestigiar a la Comisión Interna. Iban sección por sección acusándonos de comunistas. Decían que ellos eran peronistas, y por lo tanto la Comisión Interna tenía que ser peronista. Nos enteramos de esto porque la gente nos avisa. Entonces hacemos una asamblea en la puerta de la fábrica y nos enfrentamos con los interventores en una discusión muy dura", rememora Alberto Piccinini.

  Luego de ese primer enfrentamiento, los interventores envían una notificación a Acindar en la que indicaban que catorce integrantes de la Comisión Interna y del Cuerpo de Delegados eran expulsados del sindicato. Juan Actis continúa el relato: "Después de esa notificación automáticamente viene el despido. Entonces tenemos una reunión con Acindar y le pedimos que no se metan en la interna de la UOM, pero ellos argumentan que deben acatar lo resuelto por los interventores debido a una cuestión legal. Ante esta respuesta se armó una asamblea general a las 14 horas del mismo día y se decidió tomar la fábrica".

  De esa manera nacieron los hechos que se conocen como el Villazo, en donde más de 2500 obreros demandaban el levantamiento de la sanción a los miembros de la Comisión Interna, así como la inmediata convocatoria a elecciones. El día 9 de marzo también fue ocupada Marathon, mientras que en Metcon, los obreros realizaban una huelga.

  El historiador Ernesto Rodríguez explica las características de la toma de Acindar: "Los portones fueron cerrados y controlados por piquetes de obreros. El personal jerárquico no pudo abandonar la fábrica y se lo retuvo en el sótano de las oficinas de personal. Se hicieron barricadas para que no circularan los vehículos y se cruzaron vagones en las vías. También hubo control obrero sobre el sistema eléctrico y la sirena de la fábrica".

  La huelga finalizó el 16 de marzo con la firma de un acta de compromiso en la que se dispuso normalizar la seccional en 120 días y la elección de Comisión Interna dentro de los 45 días posteriores al acuerdo. El Villazo había trascendido en todo el país y tanto autoridades provinciales como nacionales tuvieron que mediar para que se lograra la solución del conflicto. Ese mismo día se organizó una marcha desde las fábricas hasta la plaza principal de la ciudad en la que participaron entre 8.000 y 12.000 personas.

  "Lo que quiero destacar del Villazo es la acción de la fuerza colectiva. Me quedó grabado que la gente unida y organizada puede lograr un montón de cosas", expresa Alberto Piccinini. Para Juan Actis significó "una apertura mental muy importante que me permitió comprender mejor la realidad nacional".

 

La represalia

 

  Las promesas con respecto a la normalización se fueron dilatando pero los obreros metalúrgicos continuaron con su lucha. El Villazo significó un hito a nivel nacional y fue así que los obreros villenses recibieron el apoyo de gremios combativos y clasistas de todo el país. El 20 de abril de 1974, se realizó en el club Riberas del Paraná un plenario antiburocrático que contó con la presencia de Agustín Tosco y René Salamanca, entre otros. También se produjo el secuestro de Erich Breuss, gerente de Acindar, realizado por el PRT-ERP por cuyo rescate se solicitaba, entre otras reivindicaciones, las que demandaban los obreros. Finalmente el 1º de diciembre de ese año, la Lista Marrón asumía la conducción de la UOM local luego de ganar las elecciones por abrumadora mayoría.

  El mandato de la Lista Marrón duró apenas tres meses ya que en la madrugada del 20 de marzo de 1975 una columna de automóviles y camiones con más de 3000 efectivos de distintas fuerzas de seguridad coparon la ciudad y provocaron la detención de 300 personas. El día anterior la presidenta María Estela Martínez de Perón anuncia el descubrimiento de un foco subversivo en Villa Constitución.

  Otro dato no menor a tener en cuenta es que el presidente del directorio de Acindar desde 1968 hasta 1976 fue José Alfredo Martínez de Hoz, luego ministro de Economía de la dictadura militar. "De inmediato se declara la huelga —cuenta Victorio Paulón, actual secretario general de la UOM de Villa Constitución— y se forma el Comité de lucha. Primero se hace de manera pacífica dentro de la fábrica pero a los pocos días los compañeros son desalojados y a pesar de que había un compromiso de no detener a nadie, Julio Palacios y Carlos Ruescas —delegados de Acindar— son enviados a la cárcel de Coronda".

  El Comité de lucha se reorganiza en los barrios de la ciudad y asume como objetivo la distribución de los víveres para los obreros. "La ciudad estaba tomada y vino el interventor Simón de Iriondo, que se paseaba con una propaladora llamando a aplastar la víbora roja de la subversión. Primero logramos hacer una asamblea en la plaza principal de Villa, donde por suerte la policía se despistó y no hubo represión. Ahí decidimos con unos 3000 compañeros seguir la huelga por tiempo indeterminado hasta que liberaran a los presos y devolvieran los sindicatos. Envalentonados con esa experiencia hicimos una marcha todavía más grande el 22 de abril pero ahí la represión fue feroz. Estaba la fuerza especial de Los Pumas ocupando todos los accesos a Villa Constitución. A un micro que venía con militantes de San Nicolás lo mandan a Coronda; cuando las columnas se encaminan hacia la plaza empiezan los gases y los tiros. Había francotiradores en la torre de la iglesia y dos helicópteros del Ministerio de Bienestar Social de la Nación sobrevolaban la ciudad", reconstruye Paulón.

  Esa huelga duró 59 días pero el terror ya se había instalado. La mayoría de los militantes y dirigentes presos fueron llevados a distintos penales del país.

  Los meses siguientes fueron aterradores para los trabajadores. Más de quinientos no volverían jamás a sus puestos. Otros fueron asesinados por organizar una colecta dentro de la fábrica en los días de pagos de quincenas. La Brigada Panqueque, siniestra banda con origen en el Batallón 601 del Ejército y cuyo jefe era el delincuente Aníbal Gordon, asolaba la ciudad. Este grupo tenía su base de operaciones en la Jefatura de Policía de Villa Constitución.

  La represión se masificó. De los treinta muertos y desaparecidos que dejó como saldo, en varios casos las víctimas fueron masacradas en grupo. Carlos Ruescas, Julio Palacios y Concepción de Grandis en primer lugar y Jorge Andino, Antonio Reche y Carlos Tonzo después, fueron secuestrados el mismo día, asesinados y mutilados como un mensaje dirigido al conjunto de los trabajadores.

  Con la perspectiva que dispensa el paso del tiempo, todos coinciden en que la represión en Villa Constitución significó la prueba piloto del genocidio, la antesala del Terrorismo de Estado, de los secuestros, de las desapariciones y asesinatos que se instalarían en la Argentina a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976.

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