senales

Retrato de una mujer desconocida

En Un día en la vida de María Rosario, las pinturas que presenta en la Sede de Gobierno provincial, Diana Dowek propone reparar en una ausencia notable: "La mujer trabajadora estuvo ausente en el arte argentino: las imágenes emblemáticas han sido la mujer como objeto de deseo...

Domingo 29 de Junio de 2008

En Un día en la vida de María Rosario, las pinturas que presenta en la Sede de Gobierno provincial, Diana Dowek propone reparar en una ausencia notable: "La mujer trabajadora estuvo ausente en el arte argentino: las imágenes emblemáticas han sido la mujer como objeto de deseo o la costurerita que dio el mal paso, la Ramona de Berni o la Ema de Spilimbergo", dice. Su obra documenta las condiciones laborales y la intimidad de una operaria de la ex empresa Terrabusi (actualmente Kraft) a partir de una investigación fotográfica realizada en la misma empresa.

Dowek (Buenos Aires, 1942) realizó su primera exposición en 1967. Su pronunciamiento por "un arte que dé cuenta del presente" puede seguirse en obras que han explorado el fenómeno de la desocupación y la lucha por los derechos humanos. Un día en la vida de María Rosario, muestra curada por Rosa María Ravera, se exhibió por primera vez en el Centro Cultural Borges, de Buenos Aires y el pasado jueves 18 fue inaugurada en Rosario, con la presencia de la artista.

—¿Cómo apareció la idea de hacer este trabajo?

—Yo conocía la existencia de María Rosario, una delegada obrera muy respetada, que llevaba diez años en la ex fábrica Terrabusi. "Me gustaría hacer un homenaje a la mujer trabajadora", me dije. Tuve unas entrevistas con ella, me contó de su trabajo, los logros que había conseguido como delegada. Pero cuando fui a la fábrica para documentarme no me dejaban entrar. "¿Por qué viene?", me preguntaban en la oficina de Recursos Humanos. Ahí fui dándome cuenta de esa ausencia de la mujer trabajadora en el arte argentino, y fue lo que respondí. Se dieron cuenta que yo no quería otra cosa más que hacer un documento desde la plástica. Mi obra es documentar una situación, un tipo de trabajo. Son casi todas mujeres las que están empleadas en la ex Terrabusi, es un tipo de trabajo que da para que lo hagan las mujeres, pero ellas trabajan paradas, todavía reclaman que se cumpla la ley de la silla, impulsada por Alfredo Palacios a principios del siglo XX.

—Una vez que superaste los obstáculos, ¿cómo siguió tu trabajo?

—Bueno, me dijeron que fuera un día a la fábrica. Ese día me encontré con María Rosario, documenté con fotos su trabajo y después estuve con ella en la casa. Al principio trabajé con unos bocetos, que cambié totalmente cuando los llevé a la tela.Empecé a imprimirle a las imágenes el espacio y el movimiento que yo había sentido al principio. Después las transferí a la tela y pinté. En general, cuando trabajo voy cambiando sobre la marcha. La impresión sobre la tela no es plotteado sino transferencia, otro tipo de sistema, a través de calor.

—En la muestra hay una serie de pinturas referidas a la fábrica, en blanco y negro, y otras sobre María Rosario en su casa donde utilizás el rojo. ¿Por qué esa diferencia?

—La fábrica es del rubro de alimentación y por supuesto tiene que haber en ella un tipo de limpieza, de asepsia, pero es tal que me dio la impresión de un trabajo alienante en el cual el contexto era frío, ausente, de aislamiento. Hasta me pareció algo así como Tiempos modernos, la película de Chaplin. Por eso en algunas obras trabajo movimientos en una línea de producción dinámica, avasallante, en la cual la operaria tiene que cuidar que ninguna galletita salga de carril. En contraposición, sentí la casa más cálida, más sensible, más humana. Por eso los rojos. María Rosario ya no tiene la cofia, el delantal, las botas, los audífonos, está en su intimidad. Eso quise plasmar, lo que es la mujer en la fábrica y en la intimidad. Y contradecir aquello de que terminó la historia y el trabajo. No, hay cada vez más clase obrera. Por más que se automaticen las cosas y haya mucha desocupación. Y yo también me siento una trabajadora: no estoy en una línea de producción pero soy una trabajadora cultural.

—Al situarse tan cerca del presente, ¿el arte no se arriesga a desaparecer con él?

—Yo no tengo esa posición. En mí el arte no está separado de lo que es la política de todos los días. Yo me manifiesto, estoy trabajando sobre esa realidad y aunque sea coyuntural, desde que tengo uso de razón o por lo menos desde que creo que mi trabajo es ser artista, es decir desde hace aproximadamente casi 40 años, yo opino lo mismo. Doy cuenta de lo que siento, veo y pienso. No creo en el arte por el arte. Aunque me puedan encantar algunas obras de artistas que hacen arte por el arte, lo mío no es eso.

—¿Qué tipo de efecto apostás a provocar?

—No pienso que el arte pueda modificar en profundidad. Puede provocar la subjetividad de la gente, ya que el arte y la cultura es lo que más penetra en lo subjetivo. No quiere decir que con esto pueda producir cambios prácticos pero sí en la conciencia de la gente y en la subjetividad.

—El ordenamiento de la muestra parece responder al título: el espectador sigue los distintas fases de la jornada laboral. ¿Qué característica destacarías en los modos de producción de la fábrica?

—El cambio impresionante con el trabajo ocurrió en la época de Menem. De los modos de producción anteriores, el taylorismo y el fordismo, se pasó con los obreros multifuncionales de las empresas japonesas al toyotismo. Se terminó aquel obrero que ajustaba los tornillos, como hacía el personaje de Chaplin, y se pasó a otro tipo de explotación, el actual.

—¿Cómo ves la situación del arte político?

—Creo que desde hace unos años se lo empezó a tener más en cuenta. Yo integro un grupo con León Ferrari, Adolfo Nigro, Ana Maldonado, Luis Felipe Noé y Juan Carlos Romero, con el cual trabajamos, independientemente de la obra, en situaciones políticas dadas. Los 24 de marzo estamos en la Plaza de Mayo, hicimos unas pecheras por Julio López, organizamos una muestra con 200 artistas por Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ahora estamos por hacer un libro, junto con otros artistas, sobre el hambre, las privatizaciones y el problema de la desocupación. Somos artistas solidarios. Por lo tanto estamos en todo lo que nos necesiten.

 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario