senales

Maresca: esa alquimista nómade

Ningún gesto idiota. No hay dudas. Quien se acerque al Museo Castagnino y recorra la muestra Transmutaciones. Liliana Maresca se conmoverá.

Domingo 10 de Febrero de 2008

Ningún gesto idiota. No hay dudas. Quien se acerque al Museo Castagnino y recorra la muestra Transmutaciones. Liliana Maresca se conmoverá. El diccionario define conmover como "perturbar, inquietar, alterar, mover fuertemente o con eficacia" y cada uno de esos estados de ánimo recorren las obras expuestas. Multiplicidad de estilos, géneros y estrategias, que abarcan desde lo conceptual a videoinstalaciones, dibujos, textos, objetos y esculturas, provocan una vez más y se esparcen por las galerías del museo. Liliana Maresca (1951-1994) impacta otra vez.

  Hay quienes sostienen que el arte contemporáneo no tiene definición, porque establecerla implicaría caer en lo histórico. Maresca también desafía eso. Considerada como una artista de inflexión, propuso, y propone cada vez que se muestra, un abordaje ecléctico sobre el arte. Su obra, con un perfil que deambula entre una mirada crítica y poética, se ve como una cuña que, para lograr su objetivo, se cincela a veces en lo poético y otras en lo político.

  Y aunque ella misma sabía que su obra sería superada, contestada o replicada, hoy continúa invitando a un diálogo franco con quien quiera escucharla, apreciarla.

  "La producción de Maresca es absolutamente intensa", señala Adriana Lauria, curadora de "Transmutaciones...", crítica de arte y docente universitaria. Intensidad que está recubierta de cierto halo místico por el escaso tiempo en que se produjo. La artista fue en gran medida el alma máter de un grupo que en la década del 80 tomó la libertad entre sus manos y la expandió con frenesí.

  Maresca murió de sida en 1994. Los críticos señalan que su producción más importante la desarrolló durante sus últimos 10 años.

  Pero además en ese lapso transmutó e hizo de la alquimia una de sus pasiones. Jugó con los materiales, de la materia más vil a la más noble (¿el arte?), y en ese paseo lúdico también ella se jugó.

  "Empezó trabajando con materiales de la basura —explica Lauria en diálogo con Señales—, de desecho, resignificándolos, y después profundizó ese proceso metiéndose con la alquimia. Eso Maresca lo había estudiado mucho. Buscaba en toda su vida transformarse a sí misma, transmutar ella misma".

  Esa transmutación que ofició de guía "es el legado que nos deja", apunta Lauria, y va más allá: "Ella siempre estuvo buscando transformarse, explorar otra dimensión, porque ella estaba sintiendo en su propio cuerpo el proceso de transformación acelerado que implicaba en ese momento haber contraído sida. Ella se entera que padece esa enfermedad en el 87 y busca una superación de la propia corporalidad. O sea, una búsqueda espiritual que va más allá. Practica budismo, se adentra en el tao, por eso también estudia alquimia, y ve eso de la transformación de la materia que es la base fundamental de la alquimia, y lo aplica muy fuertemente en su obra".

  Dentro del "nomadismo estilístico", como lo define Lauria, Maresca produjo obras efímeras y perennes. Algunas así pensadas y otras que se volvieron efímeras porque aún hoy poco se sabe de su destino. Esa característica, junto a su muerte prematura, le otorga cierto carácter mítico.

 

Serpientes y cartoneros

  Algunos ejemplos. "Recolecta" fue una instalación que Maresca presentó en el Centro Cultural Recoleta, en pleno brillo del menemismo (noviembre de 1990). Allí mostró cuatro carros de cartoneros, en distintos materiales y escalas. Los relatos del detrás de escena muestran a una Maresca inquieta y pulsional que va hasta el entonces albergue Warnes a buscar carritos. Ofrece comprárselos, pero los cartoneros arreglan un cierto alquiler, y allí estuvieron ("con sus olores y colores", dice Lauria). Además del original, Maresca presentó otro pintado de blanco impoluto, como los monumentos clásicos, un tercero plateado y un cuarto bañado en oro. Afuera del centro cultural abundaba la pizza con champán.

  "Esa instalación es sin duda emblemática —explica Lauria—. Por lo que simbolizó, por dónde fue mostrada, porque detalla el opus alquímico (materia innoble hasta llegar al oro) y porque anticipó la crisis de 2001".

  Un fragmento (el carro blanco) de esa instalación fue reproducido por el equipo técnico del Macro-Castagnino y se expone ahora, también bocetos y fotografías de Ouroboros, una obra efímera desde su concepción que es una serpiente que se come su cola, cuyas escamas son hojas de libros rotos de la propia biblioteca de Maresca y de otros ejemplares donados. La artista presentó esa obra en plena Facultad de Filosofía y Letras de la UBA; y claro, produjo polémica, sobre todo porque su destino fueron las cenizas tras ser quemada en una ceremonia privada.

  Lauria recorre la muestra junto a Señales y reflexiona sobre la actualidad del arte contemporáneo. "Yo no tengo dudas, Maresca es una artista de inflexión, une una generación con otra —afirma con énfasis—. Es tan expansiva como ese momento de los 80, con ese salir a conquistar la libertad a través del arte, de las acciones y de hacer con frenesí, como tituló su última muestra. Su tránsito por líneas fértiles se ve hoy más claramente, sigue transmutando".

 

"Transmutaciones. Liliana Maresca" se puede visitar en el Museo Castagnino (Oroño y Pellegrini) todos los días,

menos los martes, de 15 a 21, hasta el 9 de marzo.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario