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Los matices militantes del sexo

Si entendemos al juego político como una lucha por la imposición de sentido, el libro Todo sexo es político. Estudios sobre sexualidades en Argentina (Libros del Zorzal) es sin lugar a dudas un texto político, un escrito militante, engarzado en la perspectiva queer.

Domingo 27 de Julio de 2008

Si entendemos al juego político como una lucha por la imposición de sentido, el libro Todo sexo es político. Estudios sobre sexualidades en Argentina (Libros del Zorzal) es sin lugar a dudas un texto político, un escrito militante, engarzado en la perspectiva queer.

La denominada política queer surge en la década de los 80 como reacción a la ofensiva conservadora, dando lugar a una nueva insurrección contra las normas de la sociedad norteamericana llevada a cabo por gays y lesbianas, así como también por feministas, no blancos, indocumentados, desocupados y diferentes grupos radicalizados. En contraposición a los movimientos de liberación de los años sesenta, cuyo principio era la reivindicación de la igualdad, esta corriente pone el acento en la singularidad social de las sexualidades que se apartan y que confrontan a la sexualidad hegemónica.

Esta tradición reconoce sus orígenes en la teoría feminista y en los llamados "estudios de género", los cuales se centraron durante buena parte de las décadas del 60 y 70 en el sistemático estudio de las condiciones de subordinación femenina y en la raíz de sus causas.

Con la década del 80 se producen dos importantes innovaciones teóricas provenientes de diferentes espacios geográficos. Por un lado, América latina introduce con fuerza en el debate la problemática de las condiciones de vida de las mujeres en contextos signado por la pobreza y la retirada del Estado de la provisión de aquellos bienes y servicios socialmente considerados como básicos. Paralelamente, en los países angloamericanos ganan terreno los estudios sobre la construcción social de las masculinidades. Este nuevo corpus actúa apoyando, engrosando y complementando el radical rediseño operado por los estudios sobre las mujeres.

La construcción

Para esta línea de investigación, las masculinidades se construyen histórica, socioeconómica y culturalmente en el marco de la interrelación entre dos campos de poder: el de la relación de hombres con hombres y el de la relación de hombres con mujeres. Es, justamente, este punto de inflexión el que da lugar a toda una serie de investigaciones relacionadas con las masculinidades "subordinadas" o "marginalizadas" y con los estudios inter- y trans-, es decir —y en palabras de Robert Connell— las disidencias sexuales.

El libro compilado por Mario Pecheny, Carlos Figari y Daniel Jones reúne una serie de artículos basados en investigaciones desarrolladas en el seno del Grupo de Estudios sobre Sexualidades del Instituto Gino Germani de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Su lente se posa en lo que podríamos denominar "estudios sobre la diversidad sexual", entendiendo la misma como un campo de prácticas, identidades y relaciones que no se ajustan, que colisionan o que desafían la heteronormatividad.

Esta noción recorre la publicación y da cuenta del principio organizador del orden de relaciones sociales, que hace de la heterosexualidad reproductiva el parámetro desde el cual juzgar la inmensa variedad de prácticas, identidades y relaciones sexuales, afectivas y amorosas existentes.

Así, la experiencia de la homosexualidad, las prácticas heterosexuales que se apartan de la "masculinidad hegemónica", la conyugalidad y parentalidad de gays, lesbianas y travestis y, finalmente, el análisis sobre la(s) política(s) y los movimientos sociales constituyen, por un lado, los ejes del abanico de investigaciones en torno al cual se articula el libro y, por el otro, herramientas de disputa en la construcción de un objeto de estudio prácticamente nuevo en el campo académico argentino.

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