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Lecturas: edición de textos de Noemí Ulla

Recuerdo las ardientes discusiones en torno a las revistas literarias Pausa y El arremangado brazo. En las mesas del legendario restaurante Ehret de Rosario —ciudad donde residí hasta...

Domingo 20 de Enero de 2008

Recuerdo las ardientes discusiones en torno a las revistas literarias Pausa y El arremangado brazo. En las mesas del legendario restaurante Ehret de Rosario —ciudad donde residí hasta 1969, año en que me trasladé a Buenos Aires— nos reuníamos algunos estudiantes que aspirábamos a ser escritores y que compartíamos la formación literaria. Los poetas rosarinos Aldo F. Oliva, Aldo Beccari, Rafael Oscar Ielpi, Rubén Sevlever, Jorge Conti, Carlos E. Saltzmann, Atilio Pentimalli, el narrador Romeo Medina, los santafesinos Hugo Gola y Juan José Saer, fueron viajeros constantes hacia aquellos venturosos y polémicos encuentros", dice Noemí Ulla en el prólogo a esta nueva compilación de sus ensayos, que propone "como testimonio de mi continuo vínculo con los estudios literarios sobre escritores rioplatenses de Uruguay y Argentina" y continúa a De las orillas del Plata, su libro anterior.

  El volumen se abre con "La antipoética de Macedonio Fernández", una versión abreviada de un ensayo anterior, en el que Ulla aborda los problemas de la escritura en el autor de Museo de la novela de la Eterna: la negación del realismo como punto de partida de su producción, la subversión de los géneros literarios y en particular la inversión de la concepción tradicional de la novela, entre otros. También reformula un trabajo previo el texto siguiente, "Notas sobre El pozo de Juan Carlos Onetti", la primera novela del gran escritor uruguayo.

  Las obras de Borges y Silvina Ocampo, dos objetos de reflexión insistente en la producción de Ulla, vuelven a presentarse en este libro. "Borges: el ensayo como gesto lingüístico" analiza sus registros de lenguaje y reflexiones sobre "el idioma de los argentinos" a partir de la publicación de Fervor de Buenos Aires, su primer libro de poemas. "Nunca aclara Borges que los argentinos no son los porteños, de manera que sus consideraciones sobre el idioma rioplatense dejan de lado el idioma de las provincias, pero a su vez existe un erróneo sobreentendido: la Argentina es Buenos Aires y el idioma de Buenos Aires es el de todo el territorio. Esta elipsis, que según creo no ha sido señalada suficientemente, fue sin embargo compartida o practicada por los más encendidos detractores de Borges", dice Ulla.

  A la vez, "La carnalidad de los sentimientos" analiza la poesía de Silvina Ocampo, una obra aun poco considerada por la crítica, y en especial la ambigüedad de los sentimientos en textos de diversos períodos, como "Muerte de mi padre", un "poema extraño" a juicio de Ulla, "El caballo blanco" y "Como siempre", poemas largo tiempo inéditos y "reveladores de escenas y sentimientos de familia".

  La segunda parte del libro, "Serie intertextual", reúne "las propuestas que atienden a las relaciones que se advierten entre los escritores del Río de la Plata, siempre atentos a una tradición literaria o en ruptura con la misma". Ulla estudia aquí obras de Felisberto Hernández, "la exaltación de la patria" en textos de la uruguaya Sara de Ibáñez y Silvina Ocampo, los registros de la violencia en textos de Horacio Quiroga y Libertad Demitrópulos, y una reflexión en torno a la presunta oposición de realismo e imaginación en la literatura rioplatense, entre otros.

  En el mismo apartado, Ulla aborda cuestiones poco usuales para la crítica, como la figura de la niña observadora en dos cuentos de Silvina Ocampo y en una novela de la uruguaya María de Monserrat y opera cruces imprevistos, como cuando asocia a Manuel Puig y Dalmiro Sáenz para analizar las marcas del tango en sus obras. Y hasta propone un estudio genético comparativo de dos cuentos propios, "Arcano" e "Intensidad y altura", ambos sobre la experiencia del desplazamiento.

  "Las mudanzas fueron vivencias que experimenté desde niña —dice Ulla en ese ensayo—, con el traslado de mis padres desde la ciudad de Santa Fe a Rosario, mudanzas que continuaron repitiéndose dentro de la misma ciudad de Rosario, y que luego continuaron con el traslado a Buenos Aires, donde también se registraron sucesivas mudanzas. Estos movimientos estuvieron siempre acompañados por una expectativa de bienestar y de alegría, que conllevaron también, como es natural, sentimientos de ambigüedad por lo que abandonaba".

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