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Las ciudades como museos

Hay una pequeña ciudad en Murcia (España) en la que cada puerta del casco histórico lleva su marca: líneas que parecen jugar con el entorno y que hacen quebrar el paso de quien habitualmente recorre esa calle.

Domingo 27 de Enero de 2008

Hay una pequeña ciudad en Murcia (España) en la que cada puerta del casco histórico lleva su marca: líneas que parecen jugar con el entorno y que hacen quebrar el paso de quien habitualmente recorre esa calle. Lo ha hecho otra vez, como en México, Brasil, Madrid o Buenos Aires. Se trata de “Eltono” (como prefiere que lo llamen), un artista callejero o del street art, tal como lo definen en el ambiente de la plástica. Ahora está en Rosario, recorrió sus calles pero esta vez no pintó sus paredes o puertas, sino que buscó material abandonado y sobre él pintó sus habituales figuras abstractas.

Xavier Entzmann, como se llama “Eltono”, no imaginó cuando era chico, en su París natal, que sus obras terminarían vendiéndose por miles de euros, menos aún que recibiera invitaciones de importantes galerías europeas para exponer. Por entonces dibujaba cómics, en los cuales “todos se morían”, recuerda hoy con una amplia sonrisa.

Después vino el tiempo de los graffitis. Tampoco presentía que un ayuntamiento español lo invitaría a pintar las puertas de las viviendas del casco histórico. Pero sí se había dado cuenta de algo. “En ese momento creo que pensé que estaba bueno ser artista, y sobre todo que te paguen por hacer lo que te gusta”, confiesa hoy mientras retoca sus trabajos que están expuestos en un nuevo espacio de arte contemporáneo, ubicado en un local comercial (Mitre 863), hasta el próximo 20 de febrero de febrero.

La galería está coordinada por Guillermina Ygelman, quien además tiene a su cargo la revista Atypica. El espacio fue elegido por la prestigiosa revista catalana de diseño Rojo como única sede en Argentina.

En plena era digital, la propuesta de Eltono llama la atención. No hay vinilo, ni plásticos texturados, tampoco transparencias, menos juegos de luces ni pixeles que contornean una imagen. Hay ciudades, porque el soporte de sus obras es el territorio urbano. Allí busca imprimir un juego de líneas coloridas.

Son formas abstractas y cuadradas. “Siempre me preguntan por qué pinto eso y no tengo muchas respuestas. El día que encuentre una ciudad redonda dejaré de pintar cuadrados”, advierte este francés que desde hace ocho años vive en Madrid.

Antes de Rosario pasó unos días en Buenos Aires. Allí sí pintó en sus calles, y recuerda especialmente una intervención en el barrio de La Boca. “Me la pasé hablando con un vecino para que me deje pintar una pared, y el tipo no cedía. Le dije que usaría azul y amarillo, y entonces me dijo que podía pintar todo lo que quisiera”.

Es inquieto, admite, por eso lo de recorrer ciudades. Y de intentar un arte callejero, como una manera de llevar algo de lo que hace a la gente que habitualmente no va a museos. Así, cuando estuvo en Río de Janeiro intervino en una favela. “Mis obras están allí, son de ellos”, comenta. La experiencia esta vez no quedo ahí. Tiempo después armó una casilla, con maderas, similar a la de una favela, en una plaza central de una localidad española. Y aún hoy se asombra del impacto.

“”Es una ciudad muy prolija, La gente no entendía mucho. Igual, no les disgustaba. Creyeron que era una protesta por el déficit de viviendas”, cuenta el artista, conforme con la experiencia.

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