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La palabra de las víctimas

Domingo 15 de Marzo de 2015

Desde el equipo jurídico de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, representamos a sobrevivientes de distintos centros clandestinos de nuestra ciudad y a familiares de detenidos desaparecidos durante la última dictadura en las diversas causas en trámite en Rosario. La gran mayoría de los casos se investigan, lógicamente, en la causa Videla (ex Feced). Chomicki llegó al juicio acusado de la comisión de 13 privaciones ilegítimas de la libertad, seis de ellas en concurso real con aplicación de tormentos y asociación ilícita. Al momento de valorar toda la prueba producida en la audiencia, no tuvimos dudas de que el acusado integraba como colaborador civil el grupo represivo que actuó en el Servicio de Informaciones, actuando durante el período en que el centro clandestino se encontraba repleto de detenidos. Su función como veedor de las preguntas y respuestas formuladas en la camilla de tormentos fue fundamental para los interrogatorios bajo tortura. También, dado su pasado militante, tenía la posibilidad de camuflarse como un detenido más para obtener información. (...)

Recuerdo debates muy duros sobre diversos temas: las leyes reparatorias, las diversas formas de instalar los reclamos por verdad y justicia en la agenda mediática y política durante los años de impunidad, el advenimiento de los escraches. Los mismos Juicios por la Verdad provocaron un intenso debate. Pero hubo siempre un acuerdo que creía inconmovible: el respeto por la palabra de los sobrevivientes y su señalamiento de los represores. A los sobrevivientes debemos el conocimiento de la existencia de centros clandestinos de detención, de cómo y dónde funcionaron. Debemos a ellos el conocimiento de los últimos momentos de muchos de los compañeros desaparecidos —sus deseos, sus miedos, sus anhelos—, pero también el de la identidad de los verdugos, y esto último se puso en crisis durante los últimos años. Hubo represores que ejercieron materialmente el plan clandestino de represión ilegal y hubo autores intelectuales, que pergeñaron, formularon y retransmitieron las órdenes para mantener en funcionamiento la maquinaria de horror que asoló a Latinoamérica.

 

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