Historias de colecciones y museos
Un texto del historiador Pablo Montini detalla las tensiones tanto políticas como historiográficas en torno a la fundación del Museo Marc.

Domingo 18 de Mayo de 2014

Con cierto retraso y luego de diversas gestiones que terminaron en fracaso, Rosario pudo obtener del gobierno provincial, recién en 1936, un decreto dando entidad a la Comisión Honoraria que estaría a cargo de la "creación de un Museo Científico en la ciudad, procurando que contenga secciones de historia natural, de etnografía y de historia".

Detrás de su fundación había estado el doctor Julio Marc, una figura notable dentro del espacio intelectual rosarino que se distinguió desde finales de la primera década del siglo XX, ocupando un lugar destacado en distintas instituciones históricas y culturales. Ligado al ámbito del derecho presidió la Cámara de Apelaciones de Rosario, ejerciendo también el vicedecanato de la Facultad de Ciencias Económicas. Asimismo, Marc era el referente del coleccionismo de historia en Rosario, entendiendo esta función como una misión patriótica y pedagógica, y se ocupó de gestionar la organización del museo, siendo el encargado de buscar un sitio adecuado para la nueva institución y formar las colecciones que marcarían los ejes de la misma.

Su primer objetivo fue logrado gracias a la conflictiva cesión realizada por el gobierno municipal por mandato de la Intervención Provincial del edificio del museo de bellas artes que la Comisión Municipal de Bellas Artes había comenzado a levantar en el antiguo casco de la estancia de los Tiscornia en el Parque de la Independencia.

La readaptación del edificio, que en mayo de 1935 se encontraba muy avanzada, "habiéndose techado el gran salón y terminado dos salas", le fue otorgada a Angel Guido planteando una nueva fachada con un "trabajo de volúmenes más abstractos, lisos, apenas adjetivados con rehundimientos tipo hornacinas para contener esculturas" y adelantándose al proyecto con el que ganará en 1940 junto al arquitecto Alejandro Bustillo y los escultores Alfredo Bigatti y José Fioravanti el concurso para el Monumento Nacional a la Bandera.

Así, el museo bajo el Stile Littorio era concebido como un templo a la nacionalidad, tal como lo reafirma en 1945 en el proyecto de ampliación y apertura de un nuevo frente con doce columnas rectangulares de similares características al del Monumento inaugurado recién en 1957.

La elección de las piezas y del patrimonio que alojaría hasta ese momento el llamado "Museo Científico", le cupo a Marc con el asesoramiento y la colaboración de Guido como secretario del mismo. Apenas decretada la fundación del museo, iniciaron las gestiones para conseguir los recursos que posibilitaran la adquisición de la colección de pintura colonial de este último, evidenciando el interés por lo histórico y mostrando claramente los rasgos del discurso histórico-museográfico que contaría la futura institución.

La importancia de la colección de pintura era indudable puesto que materializaba el programa cultural asentado en la tesis euríndica de Ricardo Rojas, con la que venían batallando desde principios de los años veinte. No obstante la colección rivalizaba con otras que se encontraban a la venta como el conjunto de 120 pinturas coloniales que pertenecían al Salón Leonardo de Dante Mantovani. En 1937, luego de hacerla pública en la sección ilustrada del diario La Prensa, este marchante y crítico de arte de La Capital envía al Dr. Marc un plan para interesar al intendente de Rosario con el propósito de que las pinturas fueran adquiridas por la Municipalidad y utilizadas por partida triple (...).

Finalmente, el municipio no se hizo cargo de tal operación y el museo siguió adelante con la adquisición de este gran lote de pintura colonial que se concretó gracias al aporte de Ramón y Angel García (dueños de la Tienda La Favorita), donado inmediatamente al museo para engrosar su colección.

Por tanto, el arribo de la colección de pintura junto a otras de índole histórica, le posibilitó al director dejar de lado la sección etnográfica y científica, solicitándole a finales de 1937 al gobierno provincial el cambio de denominación por "Museo Histórico Provincial", bajo el amparo de los antecedentes dejados por los festejos del primer centenario de 1810 con su proyecto de museo cívico.

Además, justificaba su petición sosteniendo que "las publicaciones hechas en periódicos y revistas, referentes a la creación del Museo en Rosario, han destacado su carácter histórico, en el orden colonial, argentino y arqueológico americano".

Para Marc, la especialización histórica profundizaba el "concepto de científico" y resaltaba que el lugar dado a los objetos y documentos que evocaban el pasado de la "República, Provincia y Ciudad" despertaban en el público "mayor interés y preocupación espiritual nacionalista", gozando de sus beneficios "todas las clases sociales sin distinción" como ocurría en los similares de Capital Federal y en el "Histórico Colonial de Luján".

El MHP y sus colecciones ocuparon un lugar relevante dentro del programa historiográfico de Guido —como bien lo destaca la prensa—, quien se transformó en el intelectual de mayor notoriedad que brindó un programa historiográfico y un desarrollo museográfico a las iniciativas de Marc (...).

Sin dudas, del programa cultural lanzado por Rojas se tomaron los ejes que delinearon el museo, inaugurado finalmente el 8 de julio de 1939, sorprendiendo a los rosarinos que hasta ese momento no habían tenido oportunidad de asistir en la ciudad a exhibiciones históricas de rango museístico.

Los "animadores", como los llamaba el diario La Tribuna al Dr. Julio Marc y al ingeniero Angel Guido, a finales de los años treinta también denunciaban con cierto retraso en Rosario como Rojas en el Centenario, los problemas generados por una ciudad portuaria en la que reinaba el espíritu cosmopolita contrario a la identidad nacional. Al mismo tiempo, la ruptura del orden constitucional en el treinta y los cambios operados en la estructura social del país generaron una crisis en la percepción del pasado común. El nuevo museo buscaba reposicionar los mitos fundadores de la nacionalidad sustentando su propuesta en el programa intelectual nacido en el Centenario.

Evidentemente, los aspectos simbólicos de la naciente institución remarcaban sus matrices inspiradoras. Las leyendas y las estatuas del frontispicio del edificio en las que el escultor Troiano Troiani representó a la "América india", a la "América Colonial" y a la "Historia Patria", daban cuenta de la unión entre lo español y lo indígena creadora de la historia nacional. En una clara distinción con el Museo Histórico Nacional, que fue fundado con el objeto de evocar la Gesta de Mayo y las Guerras de la Independencia rechazando el pasado prehispánico y la historia colonial, el Museo Histórico Provincial identificaba en las formas y en los hechos americanos del siglo XVIII los gérmenes de un espíritu de independencia que llegaría un siglo más tarde con los movimientos independentistas.

De esta forma, el museo rompía con la interpretación liberal de la historia nacional, no aceptaba el mero hecho político de la Revolución de Mayo como la generación espontánea de lo argentino. Reconsiderando los aportes étnicos y culturales del pasado indígena y colonial de nuestra nacionalidad, la institución pretendía a través de la evidencia histórica modificar los males que Rojas diagnosticaba en Blasón de Plata (1911).

Precisamente, el legado de los pueblos prehispánicos y su arte se encontraba en el MHP en la sala de "Arte americano" representado por una colección de textiles, cerámica y alfarería en la que preponderaba el arte de los pueblos andinos y mesoamericanos divididos a la manera de escuelas nacionales, según sus estilos.

De esta forma, su exposición tomaba distancia de los preceptos positivistas decimonónicos que alejaban de los museos de ciencias naturales a las poblaciones indígenas, apartándolas del pasado nacional. Con el ingreso de la cultura material de los pueblos prehispánicos al museo, se rompía "con las razones ideológicas que procuraban y organizaban sus colecciones en base a una firma decisión y necesidad política de construir una historia natural, previa a la nacional/cultural, en la que los indios fueron una parte de lo dado, al igual que los gliptodontes. Los pájaros o el paisaje".

El ingreso de los indígenas al marco expositivo del museo se debía al protagonismo que tuvieron Ricardo Rojas y Angel Guido en la "construcción" de la noción de "arte indígena" en el campo intelectual y artístico identificado con el nacionalismo nativista e indigenista de las primeras décadas del siglo XX.

Texto publicado en Anales del Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc.