El río sin orillas: lo que la transformación urbana se llevó
Nicolás Buraczok viene fotografiando desde hace siete años los cambios de la zona portuaria. Un documento de extraordinaria calidad sobre la historia reciente de Rosario

Domingo 09 de Marzo de 2008

Nació en Rosario en 1961, se formó como fotógrafo en el taller de Gustavo Frittegotto y ha realizado muestras en la ciudad, Buenos Aires y Miami. Pero quizá el dato más importante de su biografía, al menos para el trabajo que viene realizando desde hace siete años, proviene de su infancia. Cuando era chico, Nicolás Buraczok solía recorrer el viejo puerto de Rosario. "Mi viejo trabajaba en los embarcaderos, en la construcción de barcos —cuenta—. Con mi hermano íbamos a buscarlo a la salida, por la cortada Mangrullo. Y después nos llevaba a caminar por Saladillo. El paseo terminaba en una despensa del barrio, donde pedía una grapa para él y coca cola para nosotros".

  En 2001 Buraczok volvió al viejo puerto y desde entonces no ha dejado de recorrerlo con su cámara de fotos. "Trabajo con una cámara manual común de los años 60, la cuadrada, que tiene el fotómetro incluido y donde ves la imagen desde arriba. Para hacer fotografía no es necesario tener una gran cámara, dicen que hasta podés usar una Kodak fiesta". El resultado es la Serie del Paraná, una obra que documenta el proceso de transformación de la zona vecina al río, "ante el temor de que se pierdan los antiguos edificios y objetos del puerto" y al mismo con una mirada donde pueden advertirse una estética y una petición de principio: "la fotografía directa, pura".

  Su formación dio un salto cuando empezó a asistir al taller de Gustavo Frittegotto. "En 2001 empecé a estudiar con él todo lo que es laboratorio. Me interesaba sobre todo conocer ese proceso de la fotografía, el del revelado y copiado en papel. A partir de ahí empecé a hacer fotos de algo que me interesaba, que yo también descubría, cuando tiran abajo los silos de Oroño a Balcarce. Me empiezan a llamar la atención las estructuras, los objetos portuarios".

  Un trabajo inusual no sólo por sus resultados, sino por sus métodos. Buraczok hizo una investigación de campo paciente, minuciosa. "Me he encontrado con cosas maravillosas: escaleras que no se sabía donde terminaban, cadenas que salían de la nada, túneles abandonados. A veces no era fácil meterse. Nunca tuve problemas con la gente que vivía en las barrancas. He hecho fotografía de esas familias, que en los 90 vinieron del norte en busca de trabajo, en condiciones muy precarias. Nunca me acerqué en forma agresiva con la cámara".

  Su acercamiento fue también cauteloso con el mismo paisaje que se revelaba ante su mirada. "No es que voy con la cámara y saco fotos —explica—. Hago un trabajo previo de inspección de luz. Muchas veces llevo la fotografía al dibujo, antes de hacerla, porque también busco darle importancia a los lugares de sombra, para darle a la imagen lo que yo siento. Boceto en mi casa, imagino la foto a partir de lo que veo y después voy con la cámara. Hay veces que voy solamente a mirar. Por ahí veo niebla y digo: «ojalá que mañana también haya esta niebla»".

  ¿Se recupera o se pierde espacio ante el río?, se pregunta el fotógrafo. Toma un viejo ejemplar de La Capital y lee un titular: "El ancho de la avenida de la Costa se reduce al llegar a la cerealera". Se enoja: "Sí, se reduce: si no, hay que tirarla abajo. Me empezó a dar una especie de miedo sobre la pérdida de cosas del puerto. En el caso del silo Davis, tengo muchas fotos hasta llegar a su estado actual. ¿Por qué pintarlo, por qué no recuperar el color original y hacer un proceso interno de mantenimiento y conservar esa estructura? No digo conservar estas cosas como reliquias, porque ya no son funcionales, tal vez. Pero habría que reflexionar sobre los modos de la transformación urbana, sobre nuestra historia, nuestra identidad como ciudad, como puerto. Por ejemplo, en el caso del Macro o del Alto Rosario, más allá de que se puede conversar mucho sobre cómo fueron rescatados esos lugares, reflexionar sobre cómo están funcionando. Deberían estar los elementos que les dieron origen, eso me parece importante. Y reflexionar sobre el espacio que perdemos donde aparecen torres y barrios residenciales. Intento acercarme a esas cuestiones con la fotografía".

  En el tiempo que ha transcurrido, muchos de los silos del antiguo puerto fueron desmontados, las grúas que maniobraban en los muelles desaparecieron, los túneles quedaron tapados, la mayoría de los objetos y estructuras del puerto fueron desguazadas o están rotas, las plataformas donde jugaban los hijos de los pescadores ya no existen. Pero ese mundo permanece intacto en las fotografías de Nicolás Buraczok, bajo una luz que parece imposible de capturar y sin embargo quedó plasmada en la imagen.

  El reconocimiento a Frittegotto está muy presente. "Gustavo es un formador muy importante, me enseñó muchísimo —dice Nicolás—. Por ejemplo, que un trabajo es algo que tenés que sentir. No es decir: «voy a sacar diez fotos y ya terminé con el puerto». No, hace siete años que estoy haciendo fotos del puerto, y voy a seguir".