"Denunciamos el genocidio cometido por Avellaneda, Mitre, Sarmiento y Roca"
El autor de Pedagogía de la desmemoria reabre en su paso por Rosario la historia argentina del siglo XIX para documentar el rol de la clase dirigente en el exterminio de la población aborigen.

Domingo 16 de Diciembre de 2012

"Recorremos el país mostrando las pruebas que documentan el genocidio cometido por Avellaneda, Mitre, Sarmiento y Roca. A pesar de sus pugnas de élite, esos hombres diseñaron el país chiquito y para pocos que hoy tenemos", afirma Marcelo Valko, investigador y autor de Pedagogía de la desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible.

"Si queremos una Patria justa no podemos tener en pedestales a gente con prontuario. La Justicia no puede juzgar a esos genocidas, pero castiguemos su memoria", resalta el fundador de la cátedra Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia de la Universidad Madres de Plaza de Mayo, quien pasó por Rosario, invitado por el colectivo NADyES (Nacimos diversos y estamos siendo).

Valko explica que "a esos políticos no les importó perder el Alto Perú. Mientras EEUU comía tierras a México, para Sarmiento el mal de Argentina era su extensión. La burguesía era de una mente muy chiquita e hizo un país a su imagen y semejanza".

Con Osvaldo Bayer, "queremos que esos genocidas que dan su nombres a calles y monumentos ocupen el lugar que merecen y que se recuerde a los verdaderos y generosos patriotas, esos que como Castelli, Moreno y Belgrano no fueron vencidos en batallas, pero fueron traicionados como también pasó con la revolución de Mayo", resalta.

El autor de Pedagogía de la desmemoria cuenta que enterró dos libros, uno en 2007 en Abra Pampa, Jujuy, y otro en 2009, en Naranjo, Salta. "Fue un gran honor, en una ceremonia que llaman corpachada ofrecieron los libros a la Pachamama, para que logren contar lo sucedido", dice. En su libro trabajó con "documentos de los registros del Ejército, la Armada, los salesianos, los lazaristas y del arzobispado de Buenos Aires. Pero (el arzobispo Jorge) Bergoglio tardó cuatro meses en abrirnos el archivo. Luego me dijeron que me iré al infierno".

Depósitos de indios

Valko resalta la responsabilidad de científicos y sacerdotes en el exterminio de la población aborigen: "En Martín García los indios son aislados, instalan un horno crematorio y reintroducen la esclavitud, abolida por la Asamblea del Año XIII. El cirujano jefe de la guarnición militar de la isla se refiere en una carta a la aplicación de vacunas con viruela. Se usaron médicos del Ejército y Armada para ese método de exterminio directo".

A la vez, "Roca instrumentó los llamados depósitos de indios".En 1879, el gobierno nacional informó que había trasladado 10 mil prisioneros patagónicos para trabajar en industrias y servidumbres en el Norte, Mendoza y la isla Martín García. En 1883, un informe oficial habla de 20 mil secuestrados. "En Patagonia, los originarios pertenecían al ejército, pero al ser capturados pasan al Consejo que administraba el depósito", señala Valko.

Hubo depósito de indios en Trelew, Valcheta, General Conesa. Carmen de Patagones, Bahía Blanca, Azul, Junín, Retiro, la Base Naval del Tigre y la isla Martín García". "El país tenia campos de concentración más grandes que la ESMA y antes de Videla. Fue enorme la complicidad de arzobispo porteño León Federico Aneiro, creador del Consejo para la Conversión de Indios al Catolicismo. Avaló el siniestro reparto de los hijos de aborígenes. Además, antes de marchar al sur, Roca había promocionado la campaña prometiendo liberar a mujeres raptadas por los bárbaros. Pero, tras sacarlas de las tribus, por haber tenido relaciones con los indios fueron llevadas con sus hijos a la isla", apunta el investigador.

En ese marco Valko rescata las acciones contra los monumentos que evocan la figura de Roca. "No queremos romper estatutas o chapas, ya hay muchos proyectos basados en rigurosos datos para retirar esos nombres. Contamos con mucha colaboración y apoyo, desde algunos ediles a los maestros del sindicato de docentes bonaerenses (Suteba) y la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA) planteamos la campaña «Ni genocidas ni explotadores en plazas y calles de la República»", dice.

"El preámbulo de la Constitución —agrega Valko— habla de un país abierto a todos los pueblos del mundo. Esa generación quería anglosajones pero llegaron españoles e italianos. Lo criollo será entonces algo despreciable y se habla del cabecita negra. Luego, Evita, para reinvertir semánticamente la cuestión los nombra como mis grasitas, mis cabecitas".

Sobre su libro, señala: "El objetivo del trabajo no está en el estante de la biblioteca, sino en denunciar la pedagogía de la desmemoria que construye un país de excluidos, marginales e invisibles".

Pedagogía de la desmemoria también reproduce un documento que ofrece la lista de indios bautizados en enero de 1879 en Martín García, y "todavía vivos el primero de abril" del mismo año. "Se difundía esa información en un diario de la época porque se lo tomaba como un logro de los curas", remarca el autor.

Valko cuenta que su padre trabajó sieteaños en un aserradero en Paraguay. "Vivíamos frente al Paraná y la gente de la firma entraba en la selva por madera y expulsaba o mataba a indios. Con mi hermano, al bajar picadas para pescar veíamos cadáveres flotando en el río. Había mucha explotación y pobreza, yo no entendía qué pasaba, pero eso me quedó. Al volver a Argentina estudié Psicología, debía haber ingresado a Antropología, pero con esa formación tengo otra visión, no encapsulada y soy como un francotirador que toma el tema desde otro lado".

La construcción del desierto

"Roca era cruel —agrega Valko— hasta con su tropa. No marchó al sur en primavera, fue en invierno. Oficiales que lo admiran, como Olascoaga, escribieron: «Amanecí con 16º bajo cero, las pasturas están congeladas, debemos palmear a los caballos ateridos de frío». Cuando Roca llega a Choele-Choel, el 25 de mayo de 1879, regresó de inmediato a Buenos Aires en barco y renuncia al Ministerio para dedicarse a la campaña que lo llevaría en un año a la presidencia del país".

Valko explica que "la campaña fue para construir al desierto y hacer desaparecer a los indeseables". Ya como presidente, Roca admitió: "Al final, descubrimos que no había indios". También reconoció que Alsina cargó "con la tarea de exterminar a la mayor parte de los hombres de lanza". En 1879, "La Libertad" señalaba: "No han quedado 200 hombres armados ¿qué objeto hay en expedicionar con 6.000 veteranos?".