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Crónicas: Somos una familia muy normal

¿Por qué matan los que matan? Con esa pregunta comienza Crímenes en familia. Siete casos que conmovieron a Argentina. Pero, como si esa no fuera ya una buena propuesta para una obra del género policial, la mirada de Cynthia Octaviano recae sobre los homicidios en el seno familiar.

Domingo 13 de Enero de 2008

¿Por qué matan los que matan? Con esa pregunta comienza Crímenes en familia. Siete casos que conmovieron a Argentina. Pero, como si esa no fuera ya una buena propuesta para una obra del género policial, la mirada de Cynthia Octaviano recae sobre los homicidios en el seno familiar. Asesinatos fueron ejecutados por hijos, hermanos, sobrinos y esposas. Víctimas y victimarios unidos por lazos de sangre o de confianza mutua y recíproca. Hechos que cuestionan el mismísimo cimiento de la razón social.

  "Con el tiempo —dice Ottaviano en el prólogo— supe que hay un tipo de homicidas denominados ocasionales o primarios. Son esos que llevan una vida normal, hasta que un día matan a alguien, conocido o no, pero que seguramente no lo volverán a hacer". Para este tipo de homicidas suele haber un castigo, una condena, pero no comprensión. Como ejemplo vale la figura de Sergio Schoklender: a pesar de haber cumplido su pena por el asesinato de sus padres, irremediablemente seguirá ligado a lo que hizo. La periodista, laureada con el Premio Rey de España (2004), trata siete "casos históricos y contemporáneos de la crónica policial argentina" en los que los protagonistas son un igual número de integrantes de una familia.

Lazos de sangre

  El primer capítulo, "Hijos", relata cómo Emmanuel y Santiago Da Bouza, dos estudiantes universitarios de una clase media instruida, asesinaron a balazos a su padre en 1998 en su casa de San Telmo. En el homicidio de un poderoso hombre que en los años 70 estuvo ligado al Partido Justicialista y que fue uno de los negociadores de la deuda externa argentina en los 80, Ottaviano muestra lo que hará en el resto del libro: cuenta la historia de los personajes del crimen, repasa la crónica del episodio, se basa en el expediente judicial para despejar las dudas que quedan boyando en las versiones periodísticas y explica la condena que recibieron los asesinos y el lugar donde la cumplen, como broche final.

  Luego sigue un escalofriante relato en primera persona de Sergio Marc Harg, un muchacho que tenía 18 años en 1993, cuando mató a puñaladas a su tía, una mujer de 43 años, y a su secretaria de 23, en un estudio contable de la ciudad de Córdoba.

  "Creía que era como en las películas, que alguien le clava un cortaplumas a otro en la espalda y se cae muerto", contó Sergio, según el libro. "Ella gritaba poco, pero gritaba, no me imaginé que iba ser tan feo. Creí que se iba a morir más rápido", precisó el criminal. Lo condenaron a reclusión perpetua.

  "Hermana", otra de las historias, cuenta cómo Silvina y Gabriela Vázquez, dos veinteañeras, asesinaron de más de 150 puñaladas a Juan Carlos, su papá. Las muchachas dijeron que todo fue un ritual para sacarle al hombre, quien murió desangrado, el diablo de adentro. "Papá se entregó como un Cordero, se dejó cortar para que se lo descascare. Para que le saque el muñeco de adentro. Yo lo maté", contó Silvina, declarada inimputable y sobreseída. Su hermana fue declarada inocente. Y los expertos calificaron al asesinato como digno de "una demonopatía (patología psiquiátrica que cursa con una temática demoníaca) propia del siglo XVI".

  El crimen perfecto, al menos en el imaginario colectivo, es el relatado en "Hermano". El protagonista, Carlos Pablo Fernández, hijo varón en una familia machista, asesinó en Río Cuarto a su hermana, una abogada de familia cordobesa, en medio de una violenta discusión. Fue en diciembre de 2005.

  El hombre enterró el cuerpo en el campo que se disputaba con la víctima, sembrado de soja, se puso a disposición de la policía para ayudar en la investigación y se voló la cabeza de un escopetazo al no soportar la culpa.

  Crímenes en familia va para best seller, seguramente catapultado por el morbo que está en la naturaleza humana. Esa que critica a Crónica TV, pero lo mira de reojo. Ataca de lleno la idea de "si yo lo mato y me lo saco de encima, termino con todo". Y Ottaviano da una recomendación, que paradójicamente está en el prólogo como una advertencia: "A cualquiera que lea estas líneas y sienta similitudes entre la historia que se cuenta y la propia, por favor busque ayuda".

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