Trasplante hepático: el procedimiento de alta complejidad que restaura las funciones vitales

Cuándo se indica, cómo se evalúa al paciente y qué rol juega el sistema MELD en la asignación de órganos para revertir fallas hepáticas agudas y crónicas

08:58 hs - Domingo 17 de Mayo de 2026

El hígado es, en esencia, el motor metabólico del organismo. Su capacidad para procesar nutrientes, sintetizar proteínas y depurar toxinas es fundamental para la supervivencia humana. Sin embargo, cuando este órgano pierde la capacidad de mantener estas funciones vitales, la medicina se enfrenta a un escenario de extrema complejidad: la necesidad de un trasplante. Esta intervención no representa únicamente un avance técnico, sino la última frontera terapéutica para pacientes cuya vida depende de un reemplazo funcional inmediato o programado.

El trasplante hepático se indica cuando el daño es irreversible y puede manifestarse bajo dos modalidades clínicas muy distintas. Por un lado, la falla hepática aguda, que irrumpe de forma súbita y coloca al paciente en un riesgo de vida inminente en cuestión de horas o días. Por otro lado, la enfermedad crónica, donde el deterioro progresivo de las funciones del órgano conduce a complicaciones graves que, de no mediar el trasplante, derivan en el fallecimiento del paciente.

Causas y factores de riesgo en el escenario local

Entender el origen de estas patologías es clave para el diagnóstico temprano. En Argentina, la falla hepática aguda presenta disparadores muy específicos que la comunidad médica observa con atención. "La hepatotoxicidad es una de las causas más frecuentes de falla aguda que vemos en la práctica", advierte la Julieta Pecoraro, Médica Hepatóloga y Médica Clínica de la Unidad de Trasplante Hepático de Grupo Oroño.

Según detalla la especialista, este cuadro suele estar vinculado al consumo de sustancias que dañan el tejido de forma agresiva: "El uso de antiinflamatorios no esteroides (AINES), paracetamol en dosis inadecuadas, fármacos tuberculostáticos, e incluso el consumo de ciertas hierbas medicinales o drogas ilícitas, pueden desencadenar un fallo hepático fulminante". A esto se suman las hepatitis virales, aunque su incidencia ha bajado gracias a la vacunación, y la hepatopatía autoinmune, una condición particularmente frecuente en mujeres que puede presentarse de manera aguda y severa.

En cuanto a las patologías crónicas, el panorama epidemiológico ha rotado hacia enfermedades ligadas al metabolismo. "Hoy en día, la hepatopatía crónica metabólica secundaria es la principal causa de trasplante hepático en el mundo", explica Pecoraro. Junto a la hepatopatía alcohólica y las virales crónicas, esta condición encabeza la lista de razones por las cuales un paciente puede requerir un órgano nuevo. Es notable, sin embargo, que los trasplantes por virus C (HCV) han disminuido gracias a la efectividad de los modernos tratamientos antivirales, lo que permite a muchos pacientes evitar el quirófano si son tratados a tiempo.

Una vez que se confirma la necesidad del trasplante, se inicia un proceso de evaluación exhaustivo. No basta con que el paciente necesite un órgano; su organismo debe estar preparado para recibirlo. Esta etapa implica una serie de estudios estandarizados de alta complejidad para determinar la aptitud quirúrgica.

"El criterio clínico que manejamos es muy preciso: el paciente tiene que estar lo suficientemente enfermo para requerir un trasplante, pero lo suficientemente sano como para poder tolerar una cirugía de tal magnitud", destaca el Dr. Lisandro Bitetti, Médico Cirujano, Jefe de la Unidad de Trasplante Hepático y Miembro de la Unidad de Cirugía Hepatobiliopancreática de Grupo Oroño.

Para lograr este equilibrio, es indispensable el trabajo coordinado de un equipo multidisciplinario. El paciente no es evaluado únicamente por el cirujano, sino que interviene un panel de expertos que incluye nefrólogos, hematólogos, cardiólogos e intensivistas. Cada área de la medicina aporta una capa de seguridad adicional para minimizar los riesgos durante y después de la intervención.

Prioridad y transparencia: el sistema MELD

Cuando el paciente supera la fase de evaluación, ingresa formalmente a la lista nacional de trasplante hepático del INCUCAI. Aquí, la asignación de órganos no es aleatoria, sino que se rige por un sistema estrictamente científico y transparente basado en la gravedad de cada caso.

El sistema utilizado es el MELD (Model for End-Stage Liver Disease), una escala numérica que analiza distintos parámetros de laboratorio para asignar un puntaje al paciente. "El puntaje MELD no es algo estático; es un indicador dinámico que se va renovando según la evolución del paciente", explica el Dr. Bitetti. Según el especialista, cuanto más alto es el puntaje, mayor es la gravedad del cuadro y, por lo tanto, mayor es la prioridad que el individuo tiene en la lista de espera nacional para recibir un órgano. Este método asegura que los órganos disponibles lleguen primero a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad clínica.

El trasplante puede realizarse a partir de un donante cadavérico o de un donante vivo relacionado, esta última opción siendo más habitual en casos pediátricos. Sin embargo, el pilar que sostiene todo el sistema es la donación cadavérica. "La donación es el hito fundamental; sin ese acto solidario y protocolizado, sería imposible realizar cualquier trasplante", destaca Bitetti.

Una vez que se produce la donación, el sistema de distribución nacional se activa. El equipo médico encargado del implante suele ser el mismo que realiza la ablación del órgano para garantizar la integridad de la pieza durante el traslado. La cirugía de implante es, técnica y logísticamente, una de las más exigentes del mundo médico. Requiere no solo destreza quirúrgica, sino una sincronización total entre la tecnología de monitoreo y el equipo de soporte vital.

El éxito de un trasplante no concluye cuando se cierra la incisión en el quirófano. Allí comienza una etapa de seguimiento intensivo y un cambio de vida radical para el receptor, ya sea un adulto o un niño. El objetivo final es la reinserción plena del paciente en su entorno social y familiar.

Respecto al respaldo necesario para estas intervenciones, el Dr. Lisandro Bitetti destaca la importancia de la infraestructura: "Para llevar adelante estos procedimientos, nuestra institución cuenta con trasplantes hepáticos tanto pediátricos como de adultos, utilizando tanto donante vivo relacionado como donante cadavérico según lo amerite cada situación clínica. Esto es posible porque Grupo Oroño dispone no solo de la tecnología y la infraestructura más moderna, sino también de los profesionales formados y capacitados en cada área crítica de la medicina".

Por su parte, la Julieta Pecoraro coincide en que el abordaje institucional es lo que garantiza el éxito a largo plazo: "En Grupo Oroño entendemos que el trasplante es un proceso que requiere un equipo profesional que trabaje coordinado con un objetivo claro: la pronta recuperación del paciente. Contamos con el respaldo de excelencia y la trayectoria necesaria para que el receptor pueda seguir desarrollándose como individuo y miembro de la sociedad, transformando lo que antes era una falla orgánica terminal en un nuevo comienzo".