Los últimos acontecimientos que tuvieron como protagonista de historias trágicas a adolescentes, obligan a repensar la crianza
08:45 hs - Martes 14 de Abril de 2026
Nos preguntamos: ¿qué les pasa a los niños y adolescentes? Antes de responder, mirémonos un poco nosotros, los adultos. ¿Qué ven los niños cuando miran a los adultos? (aunque no nos escuchen, siempre nos están mirando).
Quizás no sabemos qué ven los niños y adolescentes de nosotros porque no nos atrevemos a preguntarles. Quizás intuimos que es un espejo que no deseamos mirar. Mejor suponer que sabemos lo que hacemos (esto nos tranquiliza pero no resuelve).
Invito a la comunidad de adultos de nuestra sociedad a reflexionar y repensar qué estamos haciendo, qué estamos diciendo y qué nos estamos haciendo entre nosotros. Podemos pensar y reflexionar sobre nuestra relación con la comunicación digital y analógica, las conductas, el autocuidado, las palabras utilizadas, las gestualidades, el nivel de las relaciones interpersonales, el respeto a las normas, la veracidad y coherencia y la relación con los entornos sintientes y convivientes. Lo que hagamos será fuente se inspiración.
De allí sacan la mayor información para generar una “descripción del mundo”, apoyada en algunas “conclusiones temporarias” para tomar sus propias decisiones. Queramos o no, lo sepamos o no, somos sus referentes. De nosotros concluyen qué es lo valioso y lo importante y qué lo superfluo o descartable.
El universo de los chicos
Padres, abuelos, parientes, maestros, profesores, profesionales de la salud, vecinos, ciudadanos en general, y medios de comunicación y redes digitales. Tomemos de referencia solo a “Gran Hermano”, donde combatir, especular y manipular hasta la expulsión de un integrante del grupo es un juego estimulado perversamente donde las reglas cambian según el rating , y al que expulsan, le hacen bullying en las redes y los programa accesorios de ignotos panelistas.
La cultura del meme, el descarte y el exhibicionismo
Los adultos no somos ejemplo de nada, pero sí somos referentes y orientadores. Y ellos nos necesitan.
Estar, poner el cuerpo, escuchar mucho y hablar poco, pero con la verdad, y hacer presencia para que ellos sepan dónde pueden buscar refugio ante tanta crueldad, incertidumbre y desorientación. Ellos no pidieron venir al mundo. Es nuestra responsabilidad asistirlos, orientarlos, contenerlos y amarlos.
Entonces la pregunta es: ¿qué adultos disponen los niños y adolescentes para tomar de referencia?
Ellos toman lo que somos, decimos y hacemos. Allí ponen a prueba nuestra congruencia, disponibilidad y solvencia emocional. Siempre estamos a tiempo de trabajar sobre nosotros mismos para ofrecer un presente y un futuro mejor para ellos.