Por qué nos olvidamos las cosas incluso siendo jóvenes: estrés, cerebro y memoria

El estrés afecta la memoria de formas concretas y medibles: desde la atención hasta la consolidación de recuerdos, la neuropsicología explica qué pasa en el cerebro

08:49 hs - Domingo 05 de Abril de 2026

¿Te pasó entrar a una habitación y no recordar a qué ibas, olvidarte de algo que te habían dicho hace un rato o recordar con claridad una discusión pero no qué hiciste el resto del día? No es casualidad. La memoria no funciona como una grabadora que registra todo de manera fiel sino que es selectiva, dinámica y profundamente sensible al estrés.

En la adultez joven, una etapa atravesada por múltiples demandas simultáneas, el estrés se vuelve frecuente. Y aunque solemos pensarlo como algo emocional, también tiene efectos concretos sobre el funcionamiento del cerebro, especialmente en los sistemas de memoria. Trabajo, estudio, relaciones, finanzas y el ruido constante de las pantallas configuran un escenario donde el cerebro rara vez descansa.

Qué le pasa al cerebro cuando estamos bajo presión

El estrés es una respuesta biológica compleja que involucra al sistema nervioso y al sistema endocrino. Ante una situación percibida como desafiante o amenazante, se activa el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, lo que lleva a la liberación de cortisol, conocida como la principal hormona del estrés. En niveles moderados y de corta duración, esta activación mejora la atención y la capacidad de respuesta. Sin embargo, cuando el estrés es intenso o crónico, el exceso de cortisol comienza a afectar estructuras cerebrales clave, como el hipocampo, la amígdala y la corteza prefrontal.

"Si bien no hay un solo tipo de memoria, la memoria episódica, que es la encargada de guardar las experiencias personales, es el resultado de la interacción entre distintas estructuras cerebrales", sostiene la Lic. Luján Calabresse de Grupo Gamma. El hipocampo, ubicado en el lóbulo temporal medial, cumple un rol central en la formación y consolidación de nuevos recuerdos. La corteza prefrontal participa en funciones ejecutivas como la atención, la organización y la recuperación estratégica de la información. Estas estructuras no funcionan de manera aislada, sino en red, integrando aspectos cognitivos y emocionales de la experiencia.

El impacto del estrés puede observarse en las distintas etapas del proceso mnésico. Durante la codificación, la corteza prefrontal dorsolateral se ve afectada por niveles elevados de cortisol. "Esto dificulta sostener la concentración y organizar la información; así, la atención se dispersa o queda centrada en preocupaciones, lo que impide registrar adecuadamente lo que se está aprendiendo", explica la especialista. En la fase de almacenamiento, el hipocampo resulta particularmente vulnerable al estrés crónico: el exceso de cortisol puede interferir en la consolidación de los recuerdos. Esto explica por qué, en contextos de estrés sostenido, no solo cuesta aprender, sino también fijar lo aprendido.

En la recuperación, la interacción entre la corteza prefrontal y el hipocampo se vuelve menos eficiente bajo presión. Esto puede generar bloqueos momentáneos, como la sensación de mente en blanco, donde la información está almacenada pero no se logra acceder a ella. Es una experiencia frustrante y muy común, sobre todo en situaciones de evaluación o alta exigencia.

Por qué recordamos mejor las peleas que los momentos tranquilos

Uno de los aspectos más relevantes es que el estrés no solo afecta cuánto recordamos, sino también qué recordamos. La amígdala cumple un papel clave en el procesamiento emocional. Cuando una experiencia tiene una carga emocional significativa, especialmente negativa o amenazante, la amígdala se activa y potencia la consolidación de ese recuerdo en el hipocampo. Como resultado, recordar situaciones cargadas emocionalmente es más probable, mientras que otros aspectos más neutros pasan desapercibidos.

En la actualidad, la adultez joven se caracteriza por un alto nivel de estimulación y demandas simultáneas. La multitarea, el uso constante de dispositivos digitales y la dificultad para sostener la atención generan un contexto que favorece la sobrecarga cognitiva. Esta fragmentación impacta directamente en la codificación de la información: cuando no se presta atención de manera sostenida, los recuerdos se forman de manera más débil. El estrés sostenido amplifica estas dificultades, generando una sensación frecuente de fatiga mental y mente saturada.

Desde la neuropsicología, se sabe que ciertas condiciones favorecen el funcionamiento óptimo de la memoria. Dormir bien es fundamental, ya que durante el sueño el cerebro organiza y consolida los recuerdos. Reducir la multitarea, hacer pausas regulares, escribir lo importante, hacer actividad física moderada e incorporar estrategias de regulación del estrés como la respiración consciente contribuyen a reducir la sobrecarga. La interacción social saludable también tiene efectos directos sobre el cerebro, porque el vínculo con otros actúa como un regulador natural del sistema nervioso.

"Intervenir sobre el estrés no solo mejora el bienestar emocional sino también la calidad de nuestros recuerdos, porque mejorar la memoria no depende solo de hacer más esfuerzo, sino de crear condiciones que le permitan al cerebro funcionar con mayor claridad", concluye la Lic. Calabresse.