La sexualidad después de los 50: una etapa para redescubrir el deseo y la libertad

Constanza Galina Andrioli, psicóloga y abogada, analiza cómo los cambios físicos y los mandatos culturales transforman la libido en la madurez. "Es hablando como se hace el amor", asegura citando a Lacan.

09:33 hs - Martes 10 de Marzo de 2026

La frase del psicoanalista francés Jacques Lacan resuena hoy con una vigencia renovada: “Es hablando como se hace el amor”. Esta premisa sirve como punto de partida para desandar los mitos que rodean la sexualidad en la madurez. Lejos de extinguirse, el deseo después de los 50 años atraviesa un proceso de transformación que, según especialistas, puede convertirse en una oportunidad de plenitud y autoconocimiento.

En diálogo con la abogada y psicóloga Constanza Galina Andrioli, se exploraron los desafíos biológicos, pero sobre todo culturales, que enfrentan hombres y mujeres al cruzar la frontera de la quinta década de vida. Para la especialista, esta etapa no debe interpretarse como un final, sino como una invitación a redescubrir el placer desde un lugar más consciente y menos condicionado por presiones externas.

Entre la biología y el tabú

A medida que avanza la edad, los cambios fisiológicos son inevitables. En las mujeres, la menopausia implica un descenso en los niveles de estrógeno, mientras que en los hombres la andropausia puede modificar el rendimiento y el interés sexual. Sin embargo, Andrioli advierte que la biología no es el factor determinante.

“Existen factores culturales que muchas veces influyen aún más que lo fisiológico”, sostiene la profesional.

Los prejuicios sociales actúan como una barrera invisible pero poderosa. La sociedad suele mirar con extrañeza o rechazo las manifestaciones de la libido en personas mayores, generando silencio y vergüenza. Según la psicóloga, estos mitos están tan arraigados que terminan inhibiendo la expresión natural del deseo, impidiendo que muchas personas vivan su sexualidad con libertad.

El peso de los estereotipos de género

La presión es particularmente intensa para las mujeres. Históricamente asociadas a la juventud, la belleza y la maternidad, el paso del tiempo suele vivirse bajo la sombra de la invisibilización social.

Andrioli destaca que los estereotipos de género pueden impactar con mayor fuerza que cualquier cambio hormonal. “Se las educa para atender las necesidades de los demás y postergar las propias”, señala, subrayando cómo la cultura sexista naturaliza que la mujer se ocupe exclusivamente del ámbito doméstico, agotando su energía para el disfrute personal.

A esto se suma una exigencia estética permanente que empuja a ocultar los signos del tiempo. La cultura contemporánea impulsa a “tapar” los ciclos naturales: desde el período menstrual hasta las canas o las arrugas. “Si una mujer tiene 45 años, pareciera que debe lucir como si tuviera 35”, ejemplifica la especialista.

Si bien el cuidado personal puede aportar bienestar, la psicóloga advierte que cuando el esfuerzo se limita únicamente a la apariencia se pierde la posibilidad de conectarse con el propio proceso vital y resignificarlo.

La menopausia como un nuevo comienzo

Frente a la mirada negativa tradicional, la cesación de la fertilidad también puede interpretarse como un momento de liberación. Al desaparecer el riesgo de embarazo y ciertos mandatos sociales como “formar pareja” o “tener hijos”, se abre un espacio para una mujer más libre, consciente y plena.

Andrioli sostiene que es un momento ideal para darle lugar a las necesidades propias y explorar nuevas formas de placer que antes quedaban relegadas.

Mantener vivo el deseo requiere, en primer lugar, un trabajo introspectivo sobre los prejuicios personales. Muchas veces —señala— somos nosotros mismos quienes nos imponemos límites.

Para las mujeres, recomienda “empezar a nutrirse a sí mismas” a través de hábitos saludables: alimentación equilibrada, caminatas diarias y descanso reparador. En algunos casos, el acompañamiento terapéutico puede resultar clave para fortalecer la autoestima y resolver conflictos pendientes.

Una disposición al placer integral

En el ámbito de la pareja, la clave está en no abandonar el cuidado mutuo y animarse a romper la rutina. Mostrarse atractivo no es un gesto superficial, sino una forma de honrar el vínculo con uno mismo y con el otro.

Andrioli es contundente al definir la sexualidad: “Es disposición al placer”.

Esta mirada propone una experiencia integral del disfrute, donde la sexualidad no se reduce a la genitalidad. Escuchar música, leer, meditar o caminar en soledad son pequeños rituales que ayudan a mantener viva la energía vital.

En última instancia, como recordaba Lacan, la palabra y la comunicación son motores fundamentales de la intimidad. Comprender que la sexualidad se transforma y se expande con el tiempo es el primer paso para vivir una madurez plena, vibrante y auténtica.