Un pato de peluche con amígdalas, un bebote que ronca, una casa de barbies, un
perro de juguete de grandes dimensiones y sombreros a rayas de colores son algunos de los objetos
que habitan la sala de juego terapéutico del Hospital de Niños Zona Norte Doctor Roberto Carra. Un
espacio que invita a sacarle los miedos a los chicos que van a cirugía.
El hospital ubicado en el Parque Alem cuenta con una sala de juegos donde se
realiza la psicoprofilaxis quirúrgica, es decir, se prepara a los pequeños pacientes para el antes
y el después de la operación.
Uno de los servicios que trabaja juntamente con esta sala es el de
otorrinolaringología quirúrgica, que lleva realizadas 83 cirugías en lo que va del año. Está
integrado por el médico Miguel Maymo Argañaraz y la terapeuta ocupacional en salud mental Alicia
Carra, además de pediatras anestesiólogos, fonoaudiólogos, odontólogos, enfermeros, instrumentistas
y camilleros.
"Todo niño que ingresa al servicio de psicoprofilaxis tiene una mejor evolución.
La sala de juegos nos permite contarles a los chicos y a los padres cómo va a ser la cirugía y la
estadía en el hospital. Se les muestra previamente a la operación la ropa quirúrgica, el suero y
fotos del quirófano", contó Maymo Argañaraz, quien asegura que esto les permite llegar en mejores
condiciones a la intervención.
Carra y Maymo Argañaraz trabajan con chicos que van a ser operados de amígdalas,
adenoides, frenillo y oído medio, entre otras intervenciones frecuentes en esa etapa de la vida.
Todas son cirugías que comprometen la vía respiratoria y la deglución, por lo que pueden generar
más angustia que otras operaciones. "Jugamos a la cirugía propiamente dicha", contó Carra.
Uno de los problemas comunes de los pequeños que van a ser operados de amígdalas
es que a veces cierran la boca y no se dejan revisar por el médico. En estos casos los
especialistas derivan al chico a Carra para que resuelva con creatividad el inconveniente.
"Si para revisarle la boca tengo este problema, imaginate para después", agregó
el médico.Cuando se considera que el pequeño está preparado psicológicamente, se avanza con la
cirugía.
El programa de psicoprofilaxis trae innumerables ventajas, entre otras, los
chicos colaboran más, no sienten a la operación como violenta, no rechazan a los cirujanos ni se
deprimen inmunológicamente y, además, luego de la cirugía consiguen hacer una vida normal casi de
inmediato.
Confianza y contención. La sala de juego es un espacio diferente que promueve un sujeto activo y
dinámico, y los lazos con los demás. El juego posibilita tratar indirectamente el dolor que causa
la enfermedad. Es un ámbito propicio para dar lugar a la confianza y la contención, las preguntas,
los sentimientos, el dolor y la recuperación.
Muchas veces los vínculos que se establecen desde este espacio adquieren un
valor de sostén a lo largo de la estadía en el hospital.
Algunos de los objetivos son permitir a la familia jugar con los niños
internados, expresar y elaborar fantasías que despierta la enfermedad y la internación, disminuir
el nivel de ansiedad y angustia, canalizar la agresión y la educación para la salud a través de
técnicas expresivas. A través del juego el niño expresa sus fantasías, temores y agresiones. Le
permite cambiar lo vivido pasivamente por la posibilidad de jugar.
En el hospital Zona Norte, Carra (que es la hija de Roberto Carra, uno de los
fundadores del hospital) combina encuentros primero con los padres y luego con los chicos. Con los
adultos habla acerca de sus miedos y expectativas. "Queremos que el chico conozca y participe de su
tratamiento", destacó la profesional, quien es licenciada en pedagogía social y tiene una
diplomatura en psicología cognitiva.
Según la edad del niño se le brinda información acerca de lo que le va a pasar.
En ningún caso se lo lleva engañado porque propicia el miedo. Se lo familiariza con los
instrumentos que se utilizan en la intervención: se les muestran jeringas, sueros, cánulas, gorros
y batas.
Mediante un perro de peluche que bautizaron Brian, vestido para una cirugía, los
chicos juegan y van perdiendo los temores. Además eligen un juguete para que se los alcancen cuando
están internados.
Algunos de los miedos más frecuentes que exteriorizan los chicos son a quedar
desamparado, a no ser contenido, a la anestesia y al quirófano. También suelen compartir dudas
acerca del lugar por dónde se los va a operar.
También es importante la contención después de la operación. A quienes la
cirugía les compromte la garganta, es común que luego tengan temor a comer y a sentir molestias o
dolores. "Para darle el alta necesito que incorpore el alimento y se hidrate", agregó Maymo. En esa
tarea interviene también Carra, quien en forma lúdica incorpora el helado que calma el dolor y
disminuye los edemas.
La contención que se ofrece en el hospital Zona Norte ayuda a los pequeños a transitar una
cirugía sin que se transforme en un hecho traumático y hace la internación más llevadera.