Miércoles 23 de Julio de 2008
En Argentina la edad promedio de inicio en el hábito de fumar ronda los 11,5 años. En este contexto, la prevención primaria desde la infancia, es decir, evitar que el niño comience a fumar, se convierte en una prioridad de salud pública para frenar el acceso al tabaquismo a edades cada vez más tempranas. La embestida contra el problema debe enfrentar con énfasis las estrategias de las compañías tabacaleras que "apuntan" a las mujeres y los niños como "consumidores de reemplazo" que vienen a suplir a los fallecidos a causa del cigarrillo.
"Muy pocas personas eligen fumar en la adultez, la mayoría comienza a hacerlo en la niñez o la adolescencia, antes de conocer los riesgos del uso del tabaco y las propiedades adictivas de la nicotina", afirma contundente el médico rosarino Carlos Lorente, presidente de la Fundación Cardio, que participó de un foro organizado por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires en la Legislatura bonaerense, con los referentes científicos de patologías prevalentes.
Del encuentro surgió un documento que coloca al cigarrillo como la causa de muerte evitable más frecuente, que en el país causa alrededor de 40 mil víctimas por año, y donde se anticipa que de no producirse cambios sustanciales en los actuales patrones de iniciación en la adicción y en los niveles de cesación, es de esperar un crecimiento de las muertes por esta causa.
"Como una condición para implementar políticas antitabaco adecuadas el país debería ratificar en el Senado nacional el Convenio Marco de Control de Tabaco, ratificado por la OMS y Naciones Unidos en mayo de 2003", afirmó Lorente.
La Argentina integra la triste lista de países que aún no ratificaron el acuerdo (el país lo firmó pero no lo ratificó), a pesar que el 93% de los fumadores argentinos apoyan la iniciativa y las naciones vecinas como Brasil, Chile, Bolivia, Perú y Uruguay, ya acordaron su vigencia.
De producirse la ratificación de este convenio entrarían en vigor medidas que entre otras, limitan la publicidad del tabaco, la venta a menores y propician fuertemente la protección del no fumador contra el humo de segunda mano (pasivo).
Una de las disposiciones más contundentes del Convenio Marco de la OMS exige que las advertencias sanitarias sobre el uso del tabaco abarquen no menos del 30%, y preferentemente el 50%, de la zona visible del paquete. También se prohíbe utilizar palabras que sugieren una disminución del riesgo, tales como "ligeros" o "suaves".
Está demostrado que las advertencias en las etiquetas, el aumento de precios del paquete, los ambientes libres de humo y la prohibición de publicidades y promociones de tabaco, todas medidas contempladas en el convenio de la OMS, reducen el consumo y fundamentalmente evitan el ingreso de los fumadores jóvenes.
La ciudad de Rosario fue pionera en el país en desalentar el hábito de fumar en bares, restaurantes y espacios cerrados al declararlos libres de humo de tabaco.
Mayor impacto. "Hace 20 años, el 70% de las muertes vinculadas al tabaco ocurrían en los países desarrollado. Hoy se calcula que en 20 años más, esta relación se invertirá ya que las tabacaleras han comenzado a transferir el negocio desde el Primer Mundo a los países subdesarrollados, donde los controles son menores", anticipó el médico.
Según datos del Atlas del Tabaco (American Cancer Society), los fumadores totalizan el 28,5% de la población adulta (32,3% son varones y 24,9% mujeres). Sin embargo, en la adolescencia las mujeres superan a los hombres (28,3% para las primeras contra 16,4% en los varones). Esta tendencia aumenta en todo el mundo, incluso en algunas regiones europeas y sudamericanas las chicas fuman más que los muchachos.
Entre las causas que impulsan el hábito entre las mujeres jóvenes figuran la emancipación femenina; mayor preocupación por el peso, el aspecto y el estilo; campañas comerciales dirigidas a las mujeres; imágenes positivas en el cine, las revistas y la cultura juvenil y cambios en la situación económica de las mujeres, entre otras.
"El ingreso al tabaquismo a edades cada vez más tempranas obliga a la adopción de medidas en todos los niveles educativos, desde prescolar a la universidad", sugiere Lorente, aunque reconoce que la educación escolar por sí sola no reduce el consumo. "Se impone entonces articular con el Ministerio de Educación y Salud campañas publicitarias continuas que transmitan un mensaje antitabaco, elaborado de acuerdo al destinatario".
La Fundación Cardio propone también que deberían realizarse esfuerzos especiales para llegar a las poblaciones más alejadas, de bajos ingresos, "en los que está demostrada una más alta prevalencia de la adicción" y a los propios médicos (de los cuales alrededor del 30% fuma) que disponen de poco tiempo en el consultorio para establecer un contacto que permita considerar el tema con los pacientes. Para esto la entidad considera necesario un entrenamiento de los prestadores en técnicas de interrelación con los fumadores, al tiempo que propicia que las entidades de medicina prepaga y obras sociales incluyan en sus prestaciones los tratamientos antitabaco entre sus afiliados.
Aun cuando hoy se cuenta con recursos terapéuticos más eficaces para luchar contra el cigarrillo, el acceso limitado a los mismos, la resistencia del fumador a iniciar el camino de la cesación y la frecuencia de fracasos y recaídas conspiran contra el éxito de los esfuerzos individuales y redunda en un impacto insignificante en una estructura sanitaria incapaz de brindar una solución epidemiológica adecuada al problema.