Dermatitis atópica, una enfermedad que marca la piel

Se estima que 230 millones de personas en todo el mundo padecen dermatitis atópica. ¿Cómo influye en la salud mental y la calidad de vida?

Viernes 11 de Octubre de 2024

La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad crónica e inflamatoria de la piel que aparece característicamente en la infancia. En los casos leves tiende a mejorar en la adolescencia, pero en las formas severas puede persistir en la adultez e incluso debutar en este grupo de pacientes. Se estima que 230 millones de personas en todo el mundo la padecen, convirtiéndose en una de las enfermedades inflamatorias crónicas de la piel más comunes. En nuestro país afecta del 5 al 9,7% de los niños y al 3% de los adultos, aunque puede que la prevalencia sea aún mayor, debido al aumento en el diagnóstico de casos en los últimos años.

Los síntomas más comunes de la dermatitis atópica pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y varían según la persona, aunque pueden incluir piel seca y agrietada, picazón, erupción en la piel hinchada, pequeñas protuberancias, piel engrosada, piel sensible por rascarse, entre otras.Esta enfermedad impacta negativamente en múltiples aspectos de la vida de quienes la padecen, incluyendo en la salud mental, generando estrés, ansiedad y depresión, y afectando a las familias, que lidian con la angustia de ver sufrir a sus hijos.

Por otro lado, también afecta al sueño y genera problemas de conducta, dificultad en el rendimiento escolar e incluso bullying debido a la apariencia visible de las lesiones. Esto puede causar aislamiento social, especialmente en la adolescencia, afectando la autoestima y llevando al abandono de tratamientos.

CONSECUENCIAS EN LA SALUD EN GENERAL

Es frecuente que las personas con dermatitis atópica experimenten una carga de enfermedad aún mayor porque suelen desarrollar determinadas comorbilidades desencadenadas por el mismo proceso inflamatorio, conocido como inflamación de tipo 2, tales como asma, rinitis alérgica y poliposis nasal. Además, los cuadros moderados y severos no controlados adecuadamente se asocian con más riesgo cardiovascular y de sobrepeso y obesidad. Es fundamental buscar ayuda psicológica para enfrentar la angustia que genera esta enfermedad y recibir un tratamiento integral que incluya el apoyo de la familia y el equipo médico.

Un tratamiento precoz y oportuno, que permita mantener la enfermedad bajo control, previene el desarrollo de comorbilidades, mejora notablemente la calidad de vida del paciente y su familia y disminuye costos, tanto para el paciente como para el sistema de salud. Además, los cuidados básicos son fundamentales para la piel atópica.

No se conoce la causa exacta de esta patología, que es multifactorial donde intervienen factores genéticos, ambientales, defectos en la función de la barrera de la piel y factores inmunológicos.

El diagnóstico es a través de las manifestaciones clínicas de la enfermedad, dado que no existe una prueba de laboratorio específica. Para llegar al diagnóstico se hace seguimiento, observación de la cronicidad y ubicación de las lesiones. Los antecedentes familiares pueden colaborar en confirmar el diagnóstico.

La severidad de la enfermedad se evalúa con escalas validadas según la duración de los eczemas; extensión de la lesión; la intensidad de los síntomas (como el prurito) y picazón; respuesta al tratamiento y calidad de vida. Los grados de severidad generalmente se dividen en leve, moderada y grave. Esta clasificación es fundamental para determinar el tratamiento más adecuado y evaluar la respuesta terapéutica.

Dra. Veronica Salinas. Dermatóloga Pediatra titular del servicio de Dermatología del Hospital Niños Zona Norte.