Cuidar desde el deseo y la confianza: acompañar el sufrimiento en fin de vida

La psicóloga María Eugenia Gasparý, del Servicio de Cuidados Paliativos de Grupo Gamma, reflexiona sobre el vínculo terapéutico, el deseo como motor y la presencia como herramienta sanadora

08:19 hs - Sábado 10 de Octubre de 2026

Con motivo del Día Mundial de los Cuidados Paliativos, que se celebra el segundo sábado del mes de octubre, la psicóloga María Eugenia Gasparý, del Servicio de Psicología Cuidados Paliativos de Grupo Gamma (matrícula provincial 3425), escribió un artículo titulado Heridos de amor, donde aborda la dimensión subjetiva y espiritual del acompañamiento paliativo. El texto circula en el marco de la conmemoración global centrada este año en el lema "El tratamiento del dolor: una parte esencial de los cuidados paliativos".

El escrito parte de una imagen poética: dos personas que llegan "heridas de amor y sedientas de verdad" al encuentro terapéutico. Desde esa metáfora, Gasparý desarrolla la idea de que la vulnerabilidad compartida entre paciente y profesional no es un obstáculo sino un recurso. La proximidad y la distancia, sostiene, se vuelven herramientas en el arte de estar presente para el otro. El silencio y la palabra operan como trama que soporta el sufrimiento ajeno sin anularlo.

La autora describe la práctica del acompañamiento paliativo como una experiencia de doble aprendizaje. "La cosecha es generosa", escribe, y apela a imágenes concretas: el abrazo, la sonrisa que da permiso, el silencio que invita a una pausa. El equipo de Grupo Gamma tiene como propósito aliviar el sufrimiento y preservar la calidad de vida, contemplando no solo los aspectos físicos, sino también las dimensiones psicológicas, sociales y espirituales de cada persona. El artículo de Gasparý se inscribe precisamente en esa dimensión.

La presencia como herramienta clínica

Uno de los núcleos del texto es lo que la psicóloga llama "corazón suave y espalda fuerte": la capacidad de permanecer permeable al sufrimiento del otro sin perder la ecuanimidad necesaria para acompañarlo. Gasparý sostiene que la manera en que se habita la escena clínica hace la diferencia, y que la presencia genuina del profesional genera apertura a un espacio donde el paciente puede sentir confianza en lugar de miedo, incluso en momentos de amenaza y derrumbe.

El artículo también aborda la bidireccionalidad del proceso terapéutico. La profesional señala que el trabajo sobre la aceptación de la realidad involucra tanto a quien acompaña como a quien es acompañado, y que la responsabilidad ética del profesional pasa por preguntarse desde qué lugar, para qué y cómo hace lo que hace. La honestidad, escribe, es el vínculo que amarra esa relación. Ese marco ético coincide con los estándares que, según la legislación argentina, deben guiar la práctica: la Ley Nacional de Cuidados Paliativos (Ley 27.678) consagra expresamente a esta disciplina como un derecho inalienable fundamentado en los derechos humanos.

El relato incluye un momento clínico concreto: durante una sesión, la paciente (identificada solo como Cristina) enunció desde el diván la frase "arruinados por el amor". Gasparý la tomó como punto de partida para reflexionar sobre las marcas inevitables que la vida imprime desde el nacimiento. El acuerdo entre ambas fue que la psicóloga escribiría algo al respecto y la paciente lo ilustraría con su arte. El artículo es el cumplimiento de esa promesa.

El deseo como anclaje frente a la incertidumbre

La segunda parte del texto gira en torno al concepto de deseo. Gasparý lo define como anclaje cuando sacuden las turbulencias, refugio cuando se necesita solaz y garante del amor en tanto apela a un porvenir capaz de ser aceptado e integrado. En el contexto de enfermedades crónicas o de fin de vida, señala, el sujeto deseante puede quedar devastado, y la tarea del equipo paliativo es relanzar esa conexión como motor y recurso.

Trabajar sobre el deseo implica, según la autora, rescatar la identidad del paciente y facilitar la expresión de sus preferencias y necesidades. Lo describe como "una práctica artesanal, a medida, sobre la singularidad". En ese marco, la confianza aparece como compañera necesaria del deseo: cuando se logra confiar, algo sostiene al sujeto a pesar de todo, y eso permite aceptar la vida sin desistir.

El artículo cierra con una cita que sintetiza la orientación clínica y ética del enfoque: "Se avanza en el camino de la libertad si aceptamos que hay cosas que no podemos cambiar, si tenemos el coraje de cambiar lo que sí se puede cambiar, y la sabiduría de identificar la diferencia."

Los cuidados paliativos como un derecho y una forma de acompañamiento

Todavía existe una idea muy extendida de que los cuidados paliativos aparecen cuando "ya no hay nada más para hacer". Sin embargo, la filosofía de los cuidados paliativos plantea justamente lo contrario: siempre hay algo para hacer. Aliviar el dolor, controlar síntomas, escuchar, acompañar y contener son formas concretas de cuidar. El texto de Gasparý opera exactamente en ese registro: el del cuidado que no cesa.

En Argentina, se estima que solo 1 de cada 10 personas que necesitan cuidados paliativos accede a ellos. La publicación de artículos de reflexión clínica en fechas como esta busca, también, ampliar la conversación pública sobre un derecho que la ley reconoce pero que el sistema todavía no garantiza para todos.

Enlace al artículo completo de Gasparý