Cuidados centrados en el bebé y su familia: cómo cambió el modelo de atención neonatal

La neonatología dejó atrás el esquema de puertas cerradas e incorporó al entorno familiar al cuidado diario del recién nacido internado. El contacto piel a piel, hoy considerado una intervención de cuidado, presenta efectos sobre la estabilidad clínica, el neurodesarrollo y la alimentación.

07:56 hs - Domingo 06 de Septiembre de 2026

La internación de un recién nacido en una Unidad de Neonatología enfrenta a la familia con un escenario desconocido: un bebé de pocos días o pocas semanas, sostenido por equipos de monitoreo y soporte, en un entorno regido por tiempos y protocolos ajenos. Durante décadas, ese contexto ubicó al grupo familiar en un lugar de observación, al margen de los cuidados cotidianos.

La neonatología revisó ese esquema a partir de una constatación clínica: la participación de la familia no responde únicamente a una necesidad afectiva, sino que incide en la evolución del recién nacido. "Una Neo abierta no significa simplemente abrir las puertas de la terapia neonatal. Significa cambiar el modelo de atención: pasar de una atención centrada exclusivamente en el equipo de salud a una atención centrada en el bebé y su familia", explica la Dra. Alicia Suita, Coordinadora Médica de Neonatología de Grupo Oroño.

El modelo de Unidad de Neonatología abierta parte de considerar a la familia como integrante del equipo de cuidado y no como visitante: el recién nacido la requiere aun cuando se encuentra internado y conectado a distintos dispositivos. No implica, sin embargo, una apertura sin encuadre. Se trata de una apertura organizada y segura, que respeta las necesidades clínicas del bebé y suprime las barreras innecesarias entre él y su entorno.

Efectos de la participación familiar

En el recién nacido, la participación familiar favorece el neurodesarrollo, reduce el estrés y facilita el vínculo y el apego. En quienes acompañan, amplía su participación en los cuidados cotidianos, consolida una relación de mayor confianza y comunicación con el equipo de salud y puede disminuir la ansiedad asociada a la internación.

El beneficio se proyecta además sobre el egreso hospitalario: la presencia sostenida prepara progresivamente al grupo familiar para el alta y el cuidado domiciliario, de modo que ese momento lo encuentra con experiencia previa y mayor confianza.

El contacto piel a piel como intervención de cuidado

La práctica consiste en colocar al bebé, habitualmente con el pañal, en contacto directo sobre el pecho descubierto de la mamá o del papá, de manera segura y controlada. No equivale a sostenerlo en brazos: se trata de una intervención de cuidado con beneficios fisiológicos, emocionales y neuroconductuales. Tampoco es exclusiva de la mamá; el papá también puede realizarla y cumple un rol importante, de modo que ambos construyan el vínculo con el bebé.

En el recién nacido favorece la estabilidad térmica, puede mejorar la estabilidad cardiorrespiratoria y de la saturación, disminuye el estrés, favorece la regulación neuroconductual y contribuye al sueño y a la organización de los estados de conciencia. En quien lo sostiene, refuerza el vínculo y aumenta la confianza en la propia capacidad de cuidado.

Prematurez, protocolo y control de infecciones

En los recién nacidos prematuros, el contacto piel a piel integra las estrategias de cuidados del desarrollo. La condición fundamental es que el bebé presente estabilidad clínica suficiente y que el traslado y la posición puedan realizarse de manera segura: el criterio es clínico, no cronológico, y no se aguarda necesariamente la proximidad del alta. El procedimiento se realiza con protocolo y personal capacitado; previamente se evalúa la estabilidad del paciente, se aseguran accesos, sondas y dispositivos, y durante el contacto se sostiene la monitorización necesaria. "No se trata de asumir riesgos, sino de encontrar la manera segura de ofrecer este cuidado", advierte Suita.

La apertura de la unidad tampoco supone flexibilizar la prevención de infecciones: exige, por el contrario, una organización más rigurosa, con higiene de manos, educación de las familias, control de síntomas y normas claras de ingreso. La evidencia disponible no indica que una política de participación familiar, correctamente implementada, deba traducirse en un aumento inevitable de infecciones.

El contacto piel a piel favorece asimismo el inicio y el establecimiento de la lactancia y facilita la producción y la extracción de leche materna. En un prematuro internado, la leche de su propia madre excede el valor nutricional: integra el cuidado y la protección frente a complicaciones.

El acompañamiento del equipo de salud

Buena parte de las familias percibe al bebé como excesivamente frágil y teme provocarle daño al tocarlo. "Nuestro trabajo es acompañarlos. Empezamos por algo tan simple como hablarle, tocarle la mano, participar en un cambio de pañal o en la extracción de leche, y progresivamente van ganando confianza", señala la especialista.

Un modelo que requiere equipo y organización

La implementación de esta modalidad exige equipos formados, protocolos claros y una organización capaz de sostener el acompañamiento durante toda la internación. La Unidad de Neonatología de Maternidad Oroño trabaja bajo este modelo e integra, junto con el Sanatorio de Niños, una misma red asistencial dentro de Grupo Oroño. El recorrido que se inicia en el nacimiento se sostiene en la infancia dentro del mismo sistema, orientado por un norte explícito que atraviesa cada decisión asistencial: calidez, calidad y humanización de los cuidados.

La internación neonatal constituye una experiencia de alta carga emocional para el grupo familiar. Cuando la familia puede estar presente, participar y establecer contacto con el bebé, esa experiencia se modifica: deja de ocupar un lugar de observación para integrarse al cuidado. Ese desplazamiento, subraya la especialista, forma parte del tratamiento.