Martes 18 de Agosto de 2020
Por hablar de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa), el espacio sideral o el planeta Marte podría imaginarse que el ingeniero rosarino Raúl Romero da esta nota a La Capital flotando en el éter. No: lo hace desde su casa en Pasadena, California, donde mantiene múltiples reuniones online mientras toma mate. Ante todo pide disculpas porque por vivir hace tantos años en el exterior le cuesta escribir y pensar en español. Tal vez por eso repite una muletilla al iniciar y pensar cada frase: una especie de "ammm". Este hombre nacido en Fisherton, pero criado en el barrio de Arroyito, es quien tiene a cargo el mando del control del instrumental científico del robot Perseverancia, lanzado el 30 julio desde Cabo Cañaveral por la Nasa.
El aparato persigue como fin llegar a suelo marciano el 28 de febrero del próximo año para explorar el cráter Jezero, donde corrió un río hace 3.500 millones de años, depositando lodo, arena y sedimentos.
La idea, comenta Romero, es que en 20 años lleguen astronautas al planeta Rojo para dar cuenta de si somos o no los únicos habitantes del cosmos. Pero además el rosarino es un científico empecinado a que cualquier chico argentino pueda seguir su camino y para eso está planificando crear una Fundación destinada a organizar campamentos espaciales para que los chicos aprendan ciencia y tecnología en Argentina. "Me rompe el alma ver a chicos con extremas necesidades como falta de comida, en mi país", dice Romero.
En esta nota con La Capital cuenta cómo un nene "común" de familia de clase media argentina llegó a diseñar instrumentos para naves espaciales en Estados Unidos y en un área de la Nasa con 800 personas a su cargo. La única autoridad argentina allí. Odisea del espacio.
"Nací de una familia trabajadora, no de dinero, no tuve padres con títulos de ciencia o ingeniería. Mi papá trabajaba en la administración del puerto y mi mamá era ama de casa, pero ambos trabajaron duro para que tengamos una mejor oportunidad y educación. Me da mucha rabia cuando a los chicos lo ponen en una caja que dice este chico no sabe lo que quiere, nunca llegará a nada. Qué error y qué horror: a los chicos hay que dejarlos explorar y desarrollar sus intereses, dejarlos soñar y alentarlos en todo por eso ", asegura quien de pequeño jugaba en el parque Alem a la pelota, a las bolitas o a los cowboys, pero recién empezó a soñar con conquistar la Luna cuando vio un programa de la Nasa en la tele.
Llegó allí de casualidad. A mediados de los 80 sus padres decidieron mudarse a Estados Unidos por cuestiones trabajo. Romero vio que buscaban un estudiante de ingeniería en la Universidad del Sur de California, donde estudiaba, y se postuló.
Hace 35 años que trabaja en la Nasa y hoy está muy ligado al robot (denominado rover) que se lanzó hace varias semanas y que se llama "Perseverancia" porque así lo votaron chicos de las escuelas primarias de Estados Unidos.
La fecha elegida para enviar el rover a Marte coincidió con el momento en que la Tierra se encontraba más cerca del planeta rojo (ocurre cada dos años). Por lo tanto, el viaje será más corto y requerirá de menos combustible. No obstante, demandará unos siete meses llegar a destino.
"Esta es una misión muy ambiciosa. Hace 20 años que se explora Marte con el objetivo de encontrar agua, se lanzaron satélites que estudiaron la geología y tomaron miles de fotos para crear un mapa del planeta, después la Nasa empezó a mandar rover y encontraron rasgos en la superficie de que en tiempo pasado hubo agua", cuenta y explica. Y continúa con su relato cósmico, para los legos casi una película de ciencia ficción que continuará hasta 2040.
Dice que si de verdad hubo agua había que tratar luego de encontrar rastros de organismos y ver si se podía vivir en Marte . "Este rover que se lanzó, el quinto, es el comienzo de otras misiones muy ambiciosas. Tiene instrumentos científicos que tratarán de confirmar lo investigado, hacer oxígeno y colectar muestras de piedras y polvo que depositará por la superficie alrededor de donde aterrizó. Una especie de Star Wars", ironiza.
El rosarino prevé que en 2026 otro robot llegará y colectará todas las muestras y se las transferirá a un vehículo que despegará y se encontrará con un satélite en órbita por Marte, le transferirá las muestras y ese satélite las traerá a la Tierra, más o menos en 2031. "Y si se pudo hacer oxígeno, entonces en 2035-2040 un equipo de astronautas aterrizará en Marte", dice el hombre mientras utiliza juguetes de su hijo para explicar todo por videollamada.
El hombre que vivió su infancia junto al Paraná ahora va por más y confiesa: "Sería lindo encontrar agua a pocos metros bajo de la superficie" marciana. No sabe si se logrará, pero tiene esperanzas de que al menos se encuentren rastros de microorganismos y se confirme que "no estamos solos en este universo".
Ayer hoy y mañana
Como típico nene nacido y criado en Arroyito, el ingeniero se presenta como "canalla fanático", a quien le gustaba remar como a sus padres (lo hacían en Regatas). También como ex alumno de la escuela provincial Santiago del Estero y como parte de una barra de chicos que caminaban hasta la iglesia Perpetuo Socorro, donde pasaban películas de Disney.
"Pasamos muchos veranos también en Rosario Central. Tengo una hermana que estudió periodismo y fue escritora para varias revistas internacionales y un periódico en Los Angeles. Alguno puede decir que tuvimos suerte de estudiar en una universidad del extranjero y trabajar en lugares nombrados, pero se paga con algo que no se puede volver a tener: nosotros emigramos a Estados Unidos y perdimos nacimientos, comuniones, casamientos. Fue muy difícil estar lejos de la patria y la familia", asegura.
Tan vez por esas ausencias hace cinco años este rosarino se prometió no seguir perdiéndose esos acontecimientos y venir a la Argentina cada tres meses. La pandemia del Covid-19 interrumpió su proyecto, como a tantos.
"Me encanta volver al país e ir a charlar con los chicos en las escuelas y también por horas con mis pocos tíos todavía con vida en Rosario y repasar la historia de la familia que también tengo en Mar del Plata. Cuando vuelvo a mi ciudad corro por la costanera desde el Monumento a la cacha de Central, visito la feria de artesanos por Oroño o el Bajo, si hay partido voy a la cancha y acompaño a mis sobrinos a la escuela o los llevo a comer: es algo muy especial, difícil que la gente que se quiere ir pueda entender, es difícil estar tan lejos de todo lo nuestro", reconoce.
Hoy vive con su hermana y su padre de 94 años. Y tiene un hijo geólogo sobre quien dice: "Nunca lo empujé a ninguna decisión más que explorar de todo un poco y pensar que él descubriría su pasión y yo siempre lo apoyaría".
Dice que donde vive "se trabaja y no se para, pero la gente no es tan familiar ni sociable" como en Argentina. "Me encanta ver en los parques de Rosario a la gente tomando mate, eso es uno de los motivos por los que extraño Argentina".
Ya no juega a la pelota ni a las bolitas sino al golf y al tenis en su "poco" tiempo libre. Pero sigue a Central y las noticias del país. Y habla de política, aunque "tanto en Estados Unidos como en Argentina es un tema controversial".
Cuando se le pregunta por la ciencia nacional, Romero dice estar "maravillado". Sostiene que "la capacidad argentina, de sus técnicos, es maravillosa", y añade: "Estuve en Invap (empresa argentina de alta tecnología) en octubre del 2019 y constaté que esos muchachos están haciendo cosas grandes. Visité universidades en Argentina y también me encanta escuchar a la juventud y hablar de temas técnicos. No me sorprende".
Y expresa su "fe" sobre la investigación en el país que lo vio partir. "Me alegra que estén todos bien capacitados, creo que con más recursos y apoyo se puede llegar a mucho en Argentina. Siempre les hablo a los chicos que con esfuerzo a todo se llega. No hay que ser un genio para trabajar en la Nasa o en Invap, se necesita tener una pasión que te lleva siempre a querer aprender más, seguir avanzando, no tener verg üenza de pedir ayuda y consejos, y siempre listo para ayudar a otros. La humildad y la pasión puede hacer que todos lleguemos a nuestras metas".
Los escolares con quienes habla lo llenan de preguntas. "Los chicos son hermosos, les encanta todo lo que es del espacio y la computación es el futuro. Yo les hablo de todas las misiones, no solo las de Marte. Creo que a los chicos hay que darles esperanzas, motivarlos, empujarlos a la idea de que todos con esfuerzos podemos llegar hacer algo con nuestras vidas. Mi misión en el futuro no es Marte o ningún otro planeta, son los chicos argentinos. Quiero comenzar a hacer campamentos espaciales por todo el país con el objetivo que los chicos aprendan un poco de tecnología y ciencia y aprendan a cooperar para hacer proyectos que los entusiasmen a seguir estudiando y llegar a sus metas o sus sueños".